—¿Estás segura de que esto funcionará? —pregunté, aún con dudas.
Arin me miró con una sonrisa. Después, sacó el mapa de Hedex de un pequeño baúl polvoriento.
—Un anciano al que sané hace muchos años, me lo regaló. Según él con este mapa, puedes encontrar a cualquier persona, esté donde esté.
—¿Lo has probado en alguna ocasión?.
—No, esta es la primera vez.
En realidad, eso era mejor que nada. Iba a ser muy complicado encontrar a Hannah de otra manera, en Kendrem, sin tan siquiera haberla visto una sola vez, este era nuestro mejor recurso.
—¿Cómo funciona? —pregunté.
El mapa de Hedex, parecía un simple mapa, pero si te acercabas lo suficiente, podías comprobar cómo unos leves destellos blancos se deslizaban por él, giraban y se retorcían en un baile apenas visible.
—Debemos preguntarle sobre esa persona en cuestión y entregarle algo a cambio. Algo, con un valor real para nosotras, no cualquier baratija u objeto. El mapa sabrá si le estamos mintiendo.
—¿Y qué sucedería si intentamos darle cualquier otro objeto?.
—El mapa se cerrará y nadie podrá volver a abrirlo.
Miré la brújula de Jonathan. Había sido muy importante para mí entonces, pero ¿ lo era ahora, después de todo lo que habia descubierto?. No estaba segura de ello.
Arin cogió un anillo plateado, guardado en una cajita de madera y lo besó con ternura.
—Es el anillo de mi madre.
—¿Tu madre, falleció? —pregunté con cuidado.
—No. Mis padres están recorriendo el continente —dijo con una sonrisa —somos nómadas, jamás estamos demasiado tiempo en el mismo lugar. Pero me lo regaló antes de marcharse, con la promesa de regresar pronto.
—¿Llevas mucho tiempo sin ver a tus padres?.
—Unos tres años.
La bruja nómada, acercó el anillo al mapa y lo dejó justo en el centro. Ambas aguardamos en silencio. Una luz cegadora apareció envolviendo el anillo y tragandoselo, completamente, ante nuestra sorpresa.
—Perfecto. Ahora debes entregarle algo.
Observé la brújula de Jonathan, de nuevo. No estaba segura de que, a estas alturas preservara un vínculo con ese objeto y con su recuerdo. Debía ser precavida, ya que de otra manera, el mapa se cerraría y no podría encontrar a Hannah.
De pronto, un destello dorado palpitó con timidez en mi garganta. Nunca había brillado de ese modo, como si fuese un corazón latiendo débilmente y apagándose, segundos más tarde.
—Eso no es buena señal —exclamó Arin con el ceño fruncido.
—¿Qué quieres decir?
—Parece que el portador del receptáculo está teniendo problemas, y con problemas me refiero a estar gravemente herido o muriéndose.
¿Lucian o William?. Me estremecí.
—Creo que sería un buen objeto que entregarle al mapa. Parece, que tienes algún tipo de vínculo con él. Sostuve la amaterisa con cuidado, tal vez, podría intentarlo...
Me desabroché el colgante y contuve la respiración, mirando al mapa.
—¿Y si no funciona?
—Hazlo —me instó Arin. Coloqué el cristal sobre el centro del mapa y aguardé con impaciencia. No parecía que aquello funcionase, y me temí lo peor. Segundos más tarde, este comenzó a brillar fundiéndose con la amaterisa, que desapareció en su interior.
—¡Ha funcionado! —exclamó Arin. Me sentí desnuda sin la piedra, ya me había acostumbrado a ella.
El mapa se iluminó por completo y unas letras negruzcas aparecieron en su centro.
A quién deseas encontrar.
—Adelante Abi, el mapa espera.
—Deseo que me digas, dónde encontrar a Hannah Lordiel de Kendrem —exclamé con firmeza.
Una serie de lineas blanquecinas comenzaron a bailar sobre el papel, buscando. Giraban y se entrechocaban con rapidez, hasta que todas se detuvieron en un punto concreto.
La figura de una mujer, emergió de entre los destellos luminosos.
—La tenemos —sonrió Arin.
—¿Conoces ese lugar?. Ella asintió.
— Paso por ahí, casi a diario.
Suspiré con alivio. Por fin, iba a conocer a Hannah.
-------------------------------------------------------------------------------------------------
Tardamos bastante en llegar a pie, a la ubicación que el mapa nos había mostrado.
Una pequeña casa escondida con un hermoso jardín delantero, nos dio la bienvenida, una vez cruzamos una de las calles principales.
—Debe ser aquí —exclamé.
—¿Nerviosa? —preguntó Arin con una sonrisa.
—Expectante.
Lo cierto era que sí, estaba nerviosa. Hananh era la sobrina de Michael, y quería que tuviese una buena impresión de mí. Estaba claro, que no iba a admitirlo en voz alta.
Cruzamos el jardín delantero hasta la puerta principal. Golpeé la puerta tres veces y esperé.
Nada.
—Puede que haya salido —exclamó Arin.
Me senté en las escaleras que daban acceso a la puerta principal, totalmente agotada.
—No me puedo creer mi mala suerte —me lamenté mirando mis botas desgastadas. Arin se sentó a mi lado y me golpeó con suavidad la mano, en un gesto de apoyo.
—Esperaremos.
No pasó demasiado tiempo, cuando alguien atravesó el jardín principal.
—¿Quienes sois?
Levanté la mirada. Una chica con el cabello largo y trenzado me observaba con el ceño fruncido. Vestía con un corsé oscuro y unos pantalones del mismo tono, e iba armada. A su lado, un hombre alto y de mirada fría, nos observaba con la misma intensidad.
Me levanté y alisé de manera inconsciente mi vestido.
—¿Eres Hannah? —pregunté, quizás con demasiado entusiasmo.
Ella enarcó una ceja y pasó su mirada de Arin a mí , de manera intermitente.
—Depende de quien pregunte y para qué.
—Soy Abigail Ashbluff —dije —me envía Michael, tu tío.
Ella cambió su expresión y miró al hombre , que me analizaba con detenimiento.
—Pasad.
La casa era pequeña, pero acogedora. Aquel hombre de mirada dura y fría, había encendido la chimenea, mientras Hannah nos servía el té.
—¿Cómo me has encontrado? —me preguntó.
#1778 en Fantasía
#5929 en Novela romántica
fantasia accion romance, rivals to lovers, triángulo amoroso”
Editado: 31.07.2026