Viktor y yo encaminábamos la marcha a caballo, mientras que Abigail y Arin, nos seguían en la retaguardia. Podía divisar desde nuestra posición, las primeras casas que daban la bienvenida a Almandine, a lo lejos.
No podía explicar la sensación. Conocía a mi tio lo suficientemente bien, como para saber que jamás aceptaría lo que sea que hubiese entre Viktor y yo. Tal vez, habíamos construído una pequeña burbuja, que terminaría por explotar tarde o temprano.
No le había preguntado, qué les diría a sus hermanos. ¿Estaría dispuesto a ayudarnos y a dar la espalda a su familia?. En mi interior, sabía que aquello no era , ni tan siquiera una posibilidad, pero muy en el fondo de mí misma, esperaba que me elIgiera a mí.
—Veo Almandine —exclamé, girándome hacia Abi y Arin.
—Estaremos en una hora —exclamó Viktor.
Estaría dispuesta a pagar todas mis monedas, por saber qué es lo que estaba pensando. Parecía ajeno a todo, como si la situación no le importara, quizás fuese así.
—Estás muy callado —exclamé.
Viktor me miró y negó con la cabeza.
—¿Quieres que te haga una lista de todo lo que podría salir mal hoy?. Prefiero no darle demasiadas vueltas.
— Sabes que Michael jamás lo aceptará.
Viktor sonrió.
—Lo sé.
Permanecimos en silencio, el resto del camino hasta parar a que los caballos bebieran, en un pequeño lago. Me tumbé en la hierba y observé el cielo. Unas nubes grisáceas, habían comenzado a tapar el sol, que hasta entonces , había brillado en su máximo esplendor.
Viktor se sentó a mi lado, observando a Abi y a la descendiente conversar , junto a los caballos.
—Debes tener mucho cuidado con Ophelia —exclamó.
—¿Tu hermana?
—Es peligrosa. No dudará en hacerte daño, en cuanto se entere de que estás en Almandine, y sobre todo...
—¿Y sobre todo?
Viktor me miró y acarició mi mejilla con suavidad.
—Cuando sepa lo que significas para mí.
Le agarré con fuerza del brazo y le acerqué a mi rostro. Nuestros labios se encontraron con desesperación. Me separé de él y le miré a los ojos.
—Que lo intente —exclamé.
—Sabes que no lo permitiré —exclamó, volviendo a besarme, esta vez, de manera más lenta y profunda.
Una voz tosió a mi espalda.
—Lamento interrumpir, pero deberíamos ponernos en marcha —exclamó Arin, señalando hacia el cielo.
—Ella tiene razón —exclamó Abi.
Ensillamos nuestros caballos y partimos.
***
Cuando llegamos a Almandine, nos encontrábamos empapados de pies a cabeza.
Me bajé del animal al llegar a casa de Michael. Viktor me observó, la duda recorriendo su semblante serio.
—Será mejor dejar la charla paternal , para otro momento —exclamó.
Asentí.
—¿Dónde irás?
—Voy a buscar a Lucian y a vigilar a Ophelia. Regresaré mañana.
Algo dentro de mí se encogió. ¿Por qué aquellas palabras me sonaban a despedida?. No iba a mentir, la situación con Michael se complicaria y suponía que a sus hermanos no les haría ninguna gracia, que Viktor se hubiese involucrado emocionalmente conmigo.
Salvar la vida de mi tío y de las personas inocentes de Almandine, era mi prioridad, ¿ cuál era la suya?, ¿ había cambiado?. Aquellas preguntas flotaban en el aire, entre nosotros, como fuerzas invisibles colisionando.
—No pongas esa cara, Hannah Lordiel —exclamó con una sonrisa arrogante , antes de cabalgar en dirección contraria, alejándose de mí.
—Nadie va a contarle a Michael esto —exclamó Abi a mi espalda.
Me giré para observarla y sonreí en agradecimiento. La verdad era, que después de varios días de viaje, no me apetecía tener que explicárselo a mi tío.
—Seré una tumba —respondió Arin.
La puerta de la casa de Michael se abrió. Este salió caminando cabizbajo y tan distraído, que ni siquiera había reparado en la presencia de tres mujeres que lo observaban, cerca de él.
—Lordiel, levanta esa cabeza y mira por donde caminas —exclamé entre risas.
Michael abrió mucho los ojos por la sorpresa y sonrió. Tenía unas ojeras muy marcadas bajo los ojos, y había perdido peso, desde la última vez que le ví.
—¡Ven aquí, mocosa! —exclamó, abriendo los brazos, de forma exagerada.
—Sólo eres diez años mayor que yo, casi no tienes ni barba —reí, abrazándole. Estar con mi tío siempre me reconfortaba. Me sentía segura, en casa.
Me alejé y le guiñé un ojo. Él miró a Abi, y se acercó a ella despacio.
—Ashbluff —dijo. —¿Me has echado de menos?
— Ni un sólo segundo.
—Mentirosa —exclamó Michael, abrazándola.
Por último Michael observó a Arin, quien habia permanecido alejada de nosotros, observandolo todo, en silencio.
—No tengo el placer de conocerte —exclamó Michael.
—Soy Arin. Michael frunció el ceño y se giró para mirarnos a Abi y a mí, sorprendido.
—Una mujer, esto no me lo esperaba. Por favor pasad, estáis empapadas.
El calor me envolvió, en cuanto entramos en la casa. La chimenea estaba encendida y emitía un calor tenue y muy agradable.
—El baño está arriba —exclamó Michael, parecía cansado. — Estáis en vuestra casa.
—Antes, me gustaría ver a Lukas —exclamó Abi.
Supe en seguida, que algo no iba bien, cuando observé a Michael tensar la mandíbula.
—¿Podemos hablar a solas Ashbluff ? —preguntó. La chica asintió y ambos subieron a la planta superior, para tener un poco de intimidad.
Miré a Arin, quien se había acercado hasta el lugar donde me encontraba, junto a la chimenea.
—Me siento un poco, fuera de lugar —exclamó.
—Es normal, no todos los días alguien aparece en tu puerta, para decirte que depende de tí, salvar a un montón de personas inocentes. Es un grado de responsabilidad bastante alto, y muy altruista, por cierto.
—¿Puedo ser sincera contigo?.
—Por supuesto.
—Estoy muerta de miedo. Invocar a un demonio es peligroso.
—Estaremos contigo, en todo momento. —exclamé, dandole pequeños golpecitos en su hombro.
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Editado: 31.07.2026