La chica estaba de pie, frente a la tumba de Marius, un montículo de piedras en el cementerio local. Ese imbécil se había dejado matar por Lordiel. Se lo tenía bien merecido.
Ella dejó un ramo de flores silvestres sobre el montículo y se secó las lágrimas con la manga del vestido. Me acerqué a ella despacio, para no asustarla.
Brivelle se giró y me observó con desconfianza.
—¿Quién eres? —preguntó.
—Soy una vieja amiga de Marius —respondí, y acto seguido me agaché para colocar una flor, que había robado de una de las casas cercanas, en la tumba.
Ella me observó cejuda y se secó las lágrimas de nuevo.
Tanta estupidez, pensé.
—¿De qué le conocías? —preguntó.
—Éramos...cercanos.
—Entiendo —exclamó, volviéndose hacia el montículo de piedras.
—¿Sabes quién le mató? —pregunté expectante.
—No —sollozó.
—Si te lo dijera, ¿ me ayudarías a vengarme?.
Ella me observó con el ceño fruncido.
—Quizás.
—Vamos a dar un paseo, Brivelle.
—¿Cómo sabes mi nombre?
Sonreí, era perfecta. Otro peón para conseguir lo que me proponía. La chica me siguió mientras caminaba entre las tumbas, escuchando lo que decía, con los puños apretados.
Paramos en mitad del cementerio. Brivelle se miró los pies, pensando en todo lo que le había contado. Pensando, en su apreciado Michael.
—¿Entonces, me ayudarás?
—Cuenta conmigo.
Me bajé la capa, que hasta entonces cubría mi rostro y sonreí.
—Bienvenida a mi equipo, Brivelle.
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Editado: 31.07.2026