Medianoche Roja (completa)

Ophelia

ADVERTENCIAS DE CONTENIDO

En este capítulo, se tratan temas sensibles. Por favor, tenedlo en cuenta antes de leer. Esta historia es ficticia, y nada de lo que sucede en ella, tiene un fundamento real. Gracias por seguir aquí :)

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Balanceé el puñal de una mano a otra distraída, mientras me metía una deliciosa cereza en la boca. Lástima que Lucian no pudiese probarlas, le habrían encantado.

Desde que había asesinado a mi hermano, no me había permitido pensar demasiado en él.

¿Me sentía culpable? Tal vez, pero no demasiado, como para no proseguir con mis planes.

Llevaba demasiados años de mi vida, esperando este momento, como para tirarlo todo por la borda, simplemente por la culpa. No, claro que no.

Me levanté e hice girar el puñal con mi mano derecha.

¿Dónde estarían ese niño y el adivino?.

Piensa, Ophelia...

De pronto, como si los dioses me lo hubiesen susurrado al oído, lo comprendí todo.

Había un lugar apartado, en las profundidades del bosque, en donde mis hermanos y yo, solíamos jugar de niños.

—Muy astuto, Lucian.

***

Cabalgué hasta las inmediaciones de la cabaña del guardabosques . Hacía años que no venía a este lugar, cuyos recuerdos eran agridulces.

Sostuve el puñal con fuerza y me acerqué. El niño jugaba con una rama pequeña , mientras que el adivino, permanecía sentado, charlando con él.

De pronto, Nicholas se calló. Sus ojos brillaron y comenzó a agitarse violentamente. Estaba convencida de que sabía, lo que les esperaba. Bien.

Entré en la cabaña ante la atónita mirada del niño, quien paró de jugar. Nicholas dirigió su mirada sobrenatural e inquisitiva hacia donde me encontraba.

—Hola, Nicholas —siseé.

Lukas se levantó y se acercó temeroso al adivino, quien le sostuvo con fuerza , protegiéndole.

—Sabes a qué he venido —aquello no era una pregunta.

—Acepto mi destino, Ophelia, pero escucha bien mis palabras...aquellos contra los que has levantado la mano, se alzarán y caerás, condenando tu alma en el infierno, para siempre.

—Mi destino, lo decido yo —dije, abalanzándome sobre ellos.

Lukas me esquivó, escondiéndose tras una silla. Nicholas frenó mi puñal con todas sus fuerzas, sujetándome ambas muñecas.

No aguantaría mucho, ambos lo sabíamos. Finalmente, conseguí librarme de su agarre y le apuñalé en el costado. El adivino cayó al suelo, con un ruido sordo. Levantó la cabeza a duras penas y miró al niño, quien había comenzado a llorar.

—Lukas —susurró —corre.

El niño salió de su escondite y se dirigió hacia la puerta. Conseguí atraparle del brazo justo a tiempo, mientras el mocoso se revolvía con violencia , bajo mi agarre.

Un tirón en mi vestido me hizo girarme. El adivino intentaba levantarse sin mucho éxito.

Aprovechando mi distracción, el niño se estiró logrando alcanzar la rama con la que jugaba cuando llegué. Alcé mi puñal pero el me golpeó con la rama, primero, logrando hacerme un corte en la mejilla.

—Maladito mocoso —exclamé, acariciando mi mejilla teñida de carmesí.

El niño volvió a golpearme, esta vez en el brazo, lo que hizo que le soltara por inercia. Abrió la puerta y echó a correr hasta perderse entre los árboles.

Me giré hacia el adivino, con ira.

—Ahora tendré que perseguir al mocoso —gruñí.

Alcé el arma y le apuñalé en numerosas ocasiones. La sangre tiñó el bajo de mi vestido.

Los ojos del adivino brillaron, por última vez.

Sonreí.

—¿Quién es el que está muerto ahora?.




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