La puerta estaba echa un desastre, totalmente descolgada. Era bastante curioso, teniendo en cuenta la estatura y fuerza de Brivelle.
—¿Cómo ha sucedido? —pregunté , mientras revisaba la madera.
—Volví de casa ayer, y me la encontré así —dijo, con total indiferencia.
—Espero, que esto no sea un truco.
—Puedes confiar en mí, pronto estarás de regreso con tu catalizadora.
Hubo algo en la manera en que pronunció la última palabra , que no me gustó. Una especie de ira contenida.
Por supuesto que no confiaba en ella. Había algo siniestro en su forma de hablar, en sus ideas. No obstante, ¿ cómo podía negarme a ayudar a alguien, si realmente lo necesitaba?.
Revisé la puerta con más detenimiento. Me giré al darme cuenta de que Brivelle, habia desaparecido.
Como si la chica me hubiese leído el pensamiento, escuché movimiento en la parte superior de la casa.
—¡Brivelle! —la llamé. No obtuve respuesta, sólo algún que otro leve sonido.
Será mejor que vaya a ver si se encuentra bien, pensé.
A medida que subía las escaleras, los sonidos cesaron. Comencé a tensarme, aquella situación era bastante extraña y no iba armado.
—¡Brivelle! —la llamé de nuevo. —¿Dónde diablos te has metido?.
Un largo pasillo sin iluminación, se abrió paso ante mí. Abrí la puerta de mi derecha, era una habitación, estaba intacta, como si nunca hubiese sido usada, y se encontraba totalmente vacía.
Continué mi recorrido por el largo pasillo, abriendo puerta tras puerta en busca de mi anfitriona. Si era una especie de broma, iba a largarme de allí, y tendría que buscarse a otro, para arreglar su maldita puerta.
Escuche unos pasos correr tras mi espalda, justo a tiempo de girarme, para ver a Brivelle lanzarse sobre mí, con un puñal en la mano.
Caímos al suelo, mientras le sujetaba las muñecas, intentando que no me lo clavara en el cuello. La chica estaba encima de mí, apretando los dientes con ira y bajando cada vez más el puñal.
¿De dónde había sacado esa fuerza sobrehumana?.
—Brivelle, detente... —conseguí decir.
—Ophelia te envía saludos —exclamó apretando los dientes, con tanta fuerza, que pensé que iba a partírselos.
Hija de puta.
La chica tenía una fuerza descomunal, para su peso y tamaño. Algo no me cuadraba, algo no estaba bien. No podía moverme, no podía hacer nada más, que intentar que no me clavase esa cosa, en cualquier parte de mi cara.
¿Iba a morir de esta manera?.
Brivelle bajó de forma peligrosa el puñal hasta uno de mis ojos y rió, como una desquiciada.
Pensé en Abi. Joder, justo cuando había regresado. Mis desgracias eran infinitas.
Algo lanzó hacia atrás a Brivelle con fuerza, haciendo que el puñal saliese disparado, a través del pasillo. Levanté la mirada confuso, Hannah me guiñó un ojo y acto seguido, desenvainó su espada y se lanzó contra Brivelle.
—Ven aquí cariño —la instó.
Brivelle nos observó a ambos analizando la situación, y corrió escaleras abajo. Hannah no perdió tiempo y la siguió.
Justo cuando Brivelle llegó a la puerta, se giró rápidamente, lanzándole algo a Hannah en los ojos. Era una especie de polvos azulados, que la cegaron, de manera temporal. Con fortuna, sólo algunos llegaron a dar en el blanco, el resto, cayeron al suelo.
Hannah cayó, retorciéndose de dolor , mientras Brivelle desaparecía entre las calles de Almandine.
Corrí hacia ella y la ayudé a levantarse.
—Hannah, ¿ estás bien?.
—No veo.
—Tranquila , estoy aquí —dije, guiándola hasta una silla cercana.
—Esa bruja me ha lanzado polvos azúreos. Ciegan temporalmente a sus víctimas.
—¿Estaba usando magia? —pregunté. Hannah asintió.
Eso explicaba su fuerza descomunal.
—Además son ilegales, acabaría presa, si alguien en Almandine se entera.
—Trabaja para los hermanos malditos —suspiré. —Me envió saludos de Ophelia.
Noté cómo Hannah se tensó.
—¿Ocurre algo? —pregunté enarcando una ceja. —Ni se te ocurra mentirme, sé cuando me ocultas algo.
—Hay cosas de las que tenemos que hablar, pero no deseo hacerlo, si ni tan siquiera puedo verte la cara —soltó.
—Suéltalo, Hannah.
—Está bien, pero regresemos a casa. No me siento segura en este lugar.
La ayudé a levantarse y la sostuve, mientras salíamos al exterior despacio. Caminamos en silencio durante varios metros.
—¿Puedes ver algo?
—Voy recuperando la visión, poco a poco. Voy a matar a esa bruja, con mis propias manos.
—¿Y bien? —pregunté.
Hannah carraspeó, tomó aire de manera exagerada y comenzó a hablar.
Mi rostro pasó de la incomprensión a la sorpresa, y más tarde al enfado más absoluto.
Solté su brazo de mala gana y la sujeté por los hombros.
—Dime que esto es una broma.
—Me gustaría decirte que sí.
—¡Por los dioses, Hannah! —exclamé , mientras caminaba de un lado a otro de la calle.
Iba a matarle, ¿cómo se había atrevido a ponerle un solo dedo encima a ella?.
—Si vas a enfadarte con alguien , hazlo conmigo.
Me giré apretando los puños. Viktor se encontraba a unos metros de mí, con los brazos cruzados sobre el pecho, en actitud arrogante. Llevaba una capa que le cubría el rostro, a excepción de su boca, que estaba tensa, en una linea fina.
Despacio, se quitó la capa y la lanzó a un lado, dejándome ver su rostro por primera vez en años. Era más joven de lo que imaginaba.
Me abalancé sobre él y le golpeé con todas mis fuerzas en la cara. Viktor cayó hacia atrás.
—¡Michael, para! —gritó Hannah.
No la escuché. No podía hacerlo, esa familia de monstruos, habían corrompido todo lo hermoso de mi vida. Lo habían reducido a cenizas.
La daga se defendía , esquivando mis golpes desde el suelo, pero en ningún momento me atacó. Finalmente, me empujó , haciéndome caer hacia atrás. Rodé sobre mí mismo y me puse en pie, preparado para golpearle de nuevo.
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Editado: 31.07.2026