Medianoche Roja (completa)

Abi

Hannah y Michael, se dedicaron miradas de soslayo, durante todo el desayuno.

—Hay tanta tensión, que podría cortarse con un cuchillo —me susurró Arin.

—Sí, es un tanto incómodo —respondí.

—Saldré hoy a buscar a Brivelle —exclamó Michael , rompiendo el silencio.

—Voy contigo —respondió Hannah.

—No es necesario.

—Voy a hacerlo de todos modos, Michael —exclamó —le debo una a esa bruja.

Hannah se había recuperado totalmente de su ceguera temporal, con ayuda de Arin. Sólo le quedaban unos pequeños surcos rojizos bajo los ojos, como recordatorio de la mala experiencia, del día anterior.

—Deberías dejar que te acompañe —insinué, dando un bocado a un pedazo de pan.

Michael me miró y enarcó una ceja.

—Dame una buena razón.

—Es mejor que tú con la espada, es rápida y lo más importante de todo, no es culpable por amar a alguien.

Hannah me dedicó una sonrisa.

—Tiene razón —exclamó Arin.

—Estáis todas contra mí —rio Michael. —Sabes que te quiero Hannah, eres lo único que me queda, preferiría que salieses con cualquier otro hombre de esta ciudad, porque me importa tu felicidad.

—Soy feliz, pero no a tu manera —respondió Hannah.

Michael sonrió y negó con la cabeza.

—Si eres feliz, supongo que yo también, pongámonos en marcha entonces —dijo, levantándose de la silla.

Hannah se acercó a él y le abrazó con fuerza.

—Te quiero —le dijo.

Michael la revolvió el cabello.

Me hacía feliz, que hubiesen llegado a un entendimiento. Quizás, Michael sería capaz de abrir su corazón y su mente al final , y aceptar a los enemigos ancestrales de su familia.

No todo eran tan blanco o negro.

—Abi, ¿estaréis bien? —me preguntó Michael.

—Somos dos brujas, definitivamente lo estaremos.

Me acarició la mejilla y me besó.

Hannah puso los ojos en blanco y Arin sonrió.

—No gastes mucha energía con tu magia —me susurró.

—Eres un pervertido —reí.

—No tienes ni idea.

—Vámonos, antes de que me de una diabetes —dijo Hannah, haciendo una mueca.

Michael y Hannah desaparecieron calle abajo. Ambos iban armados con sus espadas, esa idea me dejó más tranquila.

—¿Crees que la encontrarán? —me preguntó Arin.

—No lo sé.

—Debería prepararme para la medianoche roja. Según este libro, será en la próxima luna llena. —dijo Arin, sacando un pequeño tomo viejo y amarillento, de entre una pila de libros de magia, que habíamos estado consultando la tarde antes.

—Si eso es cierto, la próxima luna llena sería mañana.

—Así es.

Arin pasó varias páginas escritas a mano hasta detenerse en una, donde alguien había realizado unos bocetos de una luna llena de sangre, que abarcaba todo el firmamento.

—Jonathan encontró este libro en los archivos de Kendrem. Tuvo que sobornar a varias personas encargadas de custodiarlo para que se lo prestasen, lógicamente, nunca lo volvieron a ver.

—¿Quién lo escribió?

—No se sabe a ciencia cierta. Jonathan creía que alguien más, estuvo estudiando cómo romper la maldición antes que él, pero está claro que no llegó demasiado lejos. Observa...

Arin dio la vuelta a la página para que leyera. En ella, se describía cómo invocar al demonio y cerrar el portal que se abriría después, con seguridad, para evitar que este vagara libre por nuestro mundo.

—Será mejor que lo estudies Abi, por si las cosas se volvieran demasiado feas, deberás cerrarlo tú.

Asentí, aunque esperaba no tener que llegar a ese extremo.

—¿Qué es esto? —pregunté, señalando un dibujo de una piedra dorada.

—Es una amaterisa, se dice que también podría ayudar a cerrar el portal y no sólo eso, la amaterisa es una piedra de protección y de absorción de la memoria.

—¿Qué significa eso?

—Significa, que guarda los recuerdos importantes o de valor emocional, para la persona que lo porta.

Toqué con suavidad la piedra, y esta brilló durante unos segundos. Quizás por eso Lucian me había ofrecido la suya, ¿Por qué conservaba los recuerdos?.

El sonido de la puerta al abrirse de golpe, me asustó. Una mujer con el cabello largo y trenzado, entró precipitadamente por la puerta principal. Sus ojos azules, duros y fríos, nos escrutaban a ambas. Era la mujer que acompañaba a Lucian en el festival de la cosecha, eso significaba que ella debía ser Ophelia.

Tras ella, Brivelle entró, mostrando una sonrisa forzada. Arin lanzó el pequeño libro, bajo la mesa con disimulo y me miró.

—Qué placer conocerte por fin, Arin, los rumores eran ciertos. —exclamó Ophelia, mientras recorría la estantería de Michael con el dedo.

—No puedo decir lo mismo.

La magia comenzó a palpitar en mis manos, roja como la ira. Brivelle me observó y resopló.

—Ni siquiera sabes controlar tu magia, catalizadora.

—No me des por sentado.

Ophelia me observó durante unos segundos con curiosidad.

—Intento saber el motivo por el que a Lucian, le parecías tan interesante. —Exclamó dando un paso hacia nosotras. No me moví —y lo cierto es , que no puedo llegar a comprenderlo.

—Imagino que la mente de una asesina, es un poco difusa —respondí.

Ophelia tensó la mandíbula, y me dedicó una mirada aterradora.

Arin no perdió tiempo y conjuró su magia , lanzando una luz blanquecina, contra Ophelia.

Brivelle intervino, desviando con la suya el hechizo de Arin, y la luz se estampó contra la pared, haciéndola añicos.

—Es imposible que una sanadora haga eso —exclamó Arin —a no ser...

—Una bruja de sangre —respondí. Brivelle sonrió de medio lado.

—Digamos, que he ampliado mis horizontes labores —exclamó extendiendo su mano hacia Arin.

Las manos de Arin se movieron contra su voluntad, dirigiéndose hacia su propia garganta, mientras Brivelle apretaba los dientes con fuerza.

Conjuré mi magia, canalizándola a través de la ira y lancé un rayo de color rojizo contra ella, haciendo que se estampara contra la estantería de la entrada.




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