Medianoche Roja (completa)

Lucian

Caminé hasta la mansión y un sentimiento de nostalgia me invadió de repente. Era como si toda mi vida, pasase ante mis ojos, retazos, de los momentos más dolorosos y felices.

Me había dado cuenta, de que todo por lo que había luchado alguna vez, todo en lo que había creído, se estaba desmoronando poco a poco, y yo no era más, que un mero espectador de la catástrofe, un iluso, un fantasma invisible que lo observaba todo a cierta distancia, sabiendo que pronto llegaría su fin.

Busqué en el interior de la vieja casa la espada bendita de Michael. Si bien era cierto que nunca podía tocarla sin verme afectado, ahora tenía una fuerte corazonada.

La encontré oculta, tras una estantería en la biblioteca. Me acerqué al arma con cierta reticencia, observando su filo , ese con el que tantas veces me habían hecho sangrar. Acerqué mi mano despacio, conteniendo la respiración, pero se quedó suspendida en el aire, negandose a obedecer.

Puedes hacerlo, me dije.

El arma brilló con su habitual tono morado, reconociendo mi presencia.

Acerqué mi mano, que temblaba ligeramente por la ansiedad del momento. Una cosa, era ser herido por el arma, y otra muy distinta, pensar en sostenerla, aquello, sabía bien que podría matarme.

Me armé de todo el valor que pude y puse la mano sobre su filo. Un ligero calor me recorrió el brazo, aun así aguanté el dolor. Para mi sorpresa, el arma no me mató.

Debe ser por el nuevo pacto con el demonio, pensé.

Sostuve el arma con ambas manos, y la alcé. Era hermosa y su brillo morado se intensificó.

La moví de un lado a otro con soltura, aquello era algo inaudito.

—¿Disfrutando de tus últimos momentos de libertad, Lucian?

Una voz de ultratumba, se hizo eco entre las paredes de la casa. Me giré desconcertado.

—Estoy aquí —siseó.

Una sombra de ojos rojos se materializó ante mi, aterradora e imponente.

—Lo estaba, hasta que has aparecido —respondí.

—Oh vamos , estoy permitiendo que disfrutes de este momento, si quisiera, podría hacer que tú mismo te clavases esa espada en el pecho. Sería un espectáculo, digno de ser observado.

—Entonces ¿donde quedaría tu diversión? ¿ no dices amar el sufrimiento y el dolor ajenos?. Mañana tendrás un buen espectáculo.

—Estoy deseando ver como termina todo esto —rio. —Tienes un dia más , Lucian, antes de que te conviertas en una bestia, para siempre.

Una sombra me envolvió y el demonio desapareció, en cuestión de segundos.

***

Cabalgué por el bosque, con la espada de Michael a mi espalda. A lo lejos divisé un pequeño bulto encorvado, temblando, entre los árboles. El pequeño de los Ashbluff , permanecía semioculto observando el entorno, claramente aterrado.

—¡Lukas! —grité.

El niño corrió hacia mí. Me bajé del caballo y le abracé.

—Tranquilo —le dije. Él no paraba de llorar.

—Nicholas... —sollozó.

—Lo sé. Tranquilo, estoy aquí.

—¡Lukas! —la voz de Abi, resonó por todo el bosque. El niño se giró y corrió hasta su hermana. Michael y Abi bajaron de sus caballos, con premura.

El primero, observó su espada confuso, tras mi espalda. Le sonreí con suficiencia y él frunció el ceño, acercándose hasta donde me encontraba.

—No es posible que puedas sostenerla.

La desenvainé y se la tendí por el filo. Michael miró el arma y después, me observó con desconfianza.

—Cógela, o te juro por los dioses que me la quedaré. Tengo que reconocer, que hiciste un buen trabajo.

Michael la sostuvo sin poder evitar sonreir. La movió con destreza con total felicidad, mientras Abi nos observaba complacida.

—Gracias, la echaba de menos.

—No lo dudo.

—¡Michael! —gritó Lukas, corriendo hacia él. Este se agachó y le estrechó entre sus brazos.

—Me alegra verte sano y salvo pequeño.

—Ha recorrido varios kilómetros él solo —dije —está casi en la ciudad.

—Busqué mi montón de ramas y piedras —exclamó el niño, señalando a un pequeño montículo, en la lejanía. — Nicholas me dijo que era una pista , para regresar a casa.

—Iré a la cabaña a buscar el cadáver. Merece una despedida digna.

—Voy contigo —respondió Michael. —Abi, no os mováis de aquí, regresamos en seguida.

La catalizadora asintió.

Era extraño cabalgar junto a un hombre, con el que había peleado durante años. El silencio nos acompañaba , mientras la suave brisa balanceaba las ramas de los árboles y varios ciervos nos observaban escondidos, entre el follaje.

—Cuando llegue la medianoche roja, ¿qué piensas hacer? —exclamó Michael , rompiendo el silencio.

—¿A qué te refieres?

—Sabes de sobra a qué me refiero.¿Lucharás a nuestro lado o intentarás salvarte a tí mismo y a tu hermano?

—Lo único que me importa , es que Viktor sobreviva. Para mí no hay tal cosa como la redención, Lordiel. Por eso te pido, como un último favor, que intercedáis por su vida.

—Sólo accederé a tu petición, porque es importante para Hannah.

—Entonces tengo tu palabra.

—Sí.

Aquello me aliviaba en parte, ya que al menos, Viktor estaría a salvo.

Michael y yo, habiamos sido enemigos durante muchos años, pero sabía que era un hombre de palabra.

El cadáver del adivino, se encontraba tirado en el suelo. La sangre cubría gran parte de su rostro y sus ropas. Ophelia le había apuñalado en varias ocasiones, debió ser una muerte terrible.

Me agaché y sostuve su cuerpo inerte en brazos.

—Pobre muchacho —exclamó Michael. —Espero que sepas, que no tendré piedad con ella.

—Yo tampoco.

Enterramos a Nicholas en mitad del bosque, en el claro más hermoso que encontramos. Michael cavó un agujero , donde depositamos el cuerpo sin vida del adivino, para después cubrirlo con tierra y piedras.

Lukas trajo pequeñas ramitas y flores silvestres, que colocó sobre su tumba improvisada.

El pequeño comenzó a llorar desconsoladamente , aferrado al vestido de su hermana, quien a su vez, se secaba las lágrimas con el dorso de la mano.




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