Medias Verdades

Capítulo 6

Dafne

Si alguien me hubiera dicho que unas semanas atrás un chico desconocido iba a convertirse en la primera persona con la que hablaba todos los días, no le habría creído.

Y sin embargo, ahí estaba Matt.

Buenos días.

¿Qué estás haciendo?

¿Ya comiste?

Fotos del café que se estaba tomando.

Audios cortitos, como si no quisiera molestar.

Al principio eran charlas del grupo. Después, sin darnos cuenta, empezaron a quedar entre nosotros.

Esa tarde estaba tirada en la cama, el celular apoyado sobre el pecho, mirando el techo.

Matt: ¿Vos también sentís que el día es raro cuando no nos vemos?

Sonreí como una tonta.

Yo: Capaz es costumbre.

Matt: Capaz… o capaz no.

Tardé en responder. No porque no supiera qué decir, sino porque sentí ese cosquilleo incómodo que aparece cuando algo importa más de lo esperado.

Yo: ¿Y eso te molesta?

Los tres puntitos aparecieron, desaparecieron… volvieron.

Matt: No. Me da un poco de miedo.

Me incorporé en la cama.

Yo: ¿Miedo de qué?

Pasaron unos segundos largos.

Matt: De arruinarlo.

Respiré hondo. El corazón me latía más rápido de lo normal, como si supiera algo antes que yo.

Matt: Dafne…

Leí mi nombre en la pantalla y todo se me volvió silencioso.

Matt: ¿Te gustaría salir conmigo? Solo nosotros. No el grupo, no el río, no excusas.

Sonreí. De esas sonrisas que no se ven, pero se sienten en todo el cuerpo.

Yo: ¿Eso es una invitación oficial?

Matt: Con nervios incluidos.

Me reí.

Yo: Entonces sí.

Tardó menos de un segundo en responder.

Matt: Mañana. Te paso a buscar.

Apoyé el celular al costado y me quedé mirando el techo otra vez. Pero ya no era lo mismo.

Porque había cosas que empiezan despacio…

y de repente, ya no tienen vuelta atrás.

Capítulo Siete

Matt

Aceptar una cita debería ser sencillo. Sonreís, decís “genial” y listo.

Pero nadie te avisa lo complicado que se vuelve cuando estás escondiendo media verdad… y te importa no arruinar nada.

Me miré al espejo por tercera vez.

—¿Muy arreglado? —le pregunté a John.

—No —dijo desde la cocina—. Pero si te cambiás de remera una vez más, vamos a tener que hablar de eso.

Suspiré y me quedé con la misma. La menos “soy millonario incógnito”, la más “empleado normal que toma mate”.

—¿Y si pregunta? —dije.

—Siempre preguntan —respondió—. La clave es no mentir… solo no decir todo.

Gran filosofía de vida. Peligrosa, pero efectiva.

Agarré las llaves y el celular. Tenía un mensaje nuevo.

Dafne: ¿Voy muy arreglada o normal?

Sonreí como un idiota.

Yo: Imposible que vayas mal.

Dafne: Respuesta diplomática.

Yo: Respuesta honesta.

Antes de salir, John levantó la vista del café.

—Te aviso algo —dijo—. Te está gustando de verdad.

—Gracias por el dato innecesario —respondí.

—Solo digo. Cuando te gusta de verdad, se nota.

No contesté. Porque tenía razón.



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En el texto hay: humor, romance,

Editado: 02.03.2026

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