Matt
Aceptar una cita debería ser sencillo. Sonreís, decís “genial” y listo.
Pero nadie te avisa lo complicado que se vuelve cuando estás escondiendo media verdad… y te importa no arruinar nada.
Me miré al espejo por tercera vez.
—¿Muy arreglado? —le pregunté a John.
—No —dijo desde la cocina—. Pero si te cambiás de remera una vez más, vamos a tener que hablar de eso.
Suspiré y me quedé con la misma. La menos “soy millonario incógnito”, la más “empleado normal que toma mate”.
—¿Y si pregunta? —dije.
—Siempre preguntan —respondió—. La clave es no mentir… solo no decir todo.
Gran filosofía de vida. Peligrosa, pero efectiva.
Agarré las llaves y el celular. Tenía un mensaje nuevo.
Dafne: ¿Voy muy arreglada o normal?
Sonreí como un idiota.
Yo: Imposible que vayas mal.
Dafne: Respuesta diplomática.
Yo: Respuesta honesta.
Antes de salir, John levantó la vista del café.
—Te aviso algo —dijo—. Te está gustando de verdad.
—Gracias por el dato innecesario —respondí.
—Solo digo. Cuando te gusta de verdad, se nota.
No contesté. Porque tenía razón.
**********************
Cuando llegué, Dafne salió con una sonrisa tranquila, vestido simple, pelo suelto. Nada exagerado. Todo perfecto.
—Hola —dijo.
—Hola —contesté—. Estás… —me detuve—. Bien.
Se rió.
—Vos también.
Caminamos sin apuro. Hablamos de muchas cosas: música, anécdotas del grupo, planes que nunca se cumplen. Lo fácil siempre es hablar cuando nadie está actuando.
—¿Nunca pensaste quedarte acá más tiempo? —me preguntó de repente.
Ahí estaba.
La pregunta chiquita que escondía algo grande.
—Puede ser —dije—. Me gusta… la vida simple.
No era mentira. Solo no era toda la verdad.
Ella asintió, como si entendiera más de lo que decía.
—Eso se nota —respondió—. No parecés alguien complicado.
Sonreí. Si supiera.
Pero mientras la escuchaba reír, pensé que tal vez el secreto no era lo que nos separaba, sino el tiempo que necesitaba para decirlo sin que doliera.
Y por ahora…
por ahora estaba bien así