Matt
Hay dos tipos de personas en el mundo:
las que saben guardar secretos…
y mis hermanos.
—Bueno —dije, aplaudiendo una vez—. Vamos a calmarnos todos un poco.
—¿Por qué? —preguntó Clara, sentándose al lado de Dafne como si se conocieran de toda la vida—. Estamos charlando.
—Exacto —agregó Tom—. Socializando. Integrándonos.
—Investigando —murmuré.
Dafne se rió.
—Tranquilo, Matt. No muerden.
Clara la miró fascinada.
—¿Ves? Es divina. Ya me cae bien.
—Gracias… creo —respondió Dafne
—No, en serio —insistió Clara—. Tiene cara de que te pone los pies en la tierra.
—¡Clara! —protesté.
—¿Qué? —se encogió de hombros—. Es un cumplido.
Tom apoyó los codos en la mesa.
—¿Hace cuánto salen? —preguntó, directo.
—Unas semanas —respondió Dafne antes que yo—. Nada raro.
—Ajá —dijo él, mirándome—. ¿Y ya le contaste?
Le pisé el pie con fuerza.
—¡Ay! —se quejó—. Violencia familiar.
—No hay nada que contar —dije rápido.
—Claro que sí —respondió Clara—. Por ejemplo, que cuando Matt se pone nervioso habla más rápido.
—O que se acomoda la remera —agregó Tom.
Me crucé de brazos.
—Están exagerando.
Dafne me miró, divertida.
—¿Te ponés nervioso conmigo?
—No —respondí—. Bueno… sí. Un poco.
Clara aplaudió bajito.
—Ay, me encanta.
—¿Ven? —dije—. Esto es exactamente lo que no tenían que hacer.
—Relajá —dijo Tom—. Nos caen bien todos. Y vos —miró a Dafne— nos caés muy bien.
—Gracias —respondió ella—. Trataré de no romperlo.
—Eso es imposible —dijo Clara—. Él ya viene roto de fábrica.
Me reí a pesar mío
Me reí a pesar mío.
Y mientras los veía charlar como si fueran amigos de años, entendí algo:
mis hermanos podían molestar, provocar y decir de más…
pero también, sin querer, estaban aprobando lo único que de verdad me importaba.
Que a Dafne le gustaran ellos.
Y que ella…
se quedara.