Médium. Espada de hueso (libro 1)

Reunión Familiar

Capítulo 5: Reunión familiar

 

La casa de mi  madre está ubicada en las Giles, en la vía San Juan Bautista Arismendi. A una cuadra de la parada. Apago el auto. Ya mi hermana debe estar dentro con mi sobrino. Solo somos nosotras dos, y nuestra relación es distante. No siempre fuimos así pero después de mi accidente las cosas cambiaron, en  vez de unirnos más ocurrió todo lo contrario nos distanciamos. La magia siempre ha existido solo que se mantenía de alguna manera oculta, o de bajo perfil ante la humanidad pero hace más de 30 años algunas zonas en el mundo se convirtieron en epicentros mágicos. Son lugares donde la magia se reboza en la tierra hasta en el aire que respiramos. Algunas familias desarrollaron la magia a un nivel tan alto que se convirtieron en linajes, en cambio otros no la desarrollaron tanto como Román- por sus venas corre un extenso linaje de magia que se ha ido perdiendo a lo largo de los años. Mientras que otros apenas y pueden percibir la magia. Y están los que ni siquiera pueden aceptarla. En esa última se encuentra mi familia, tanto mi madre como mi hermana denigran a todo ser portador de magia, aun cuando la mayor población del mundo lo es.

 Hace ocho años yo también era igual que ellas, soy la menor y desde que éramos pequeñas mi madre siempre recalco que la magia era dañina, que quienes la usan están en contra de los mandatos de Dios- mi familia es muy religiosa. Pero para mí las cosas cambiaron en ese accidente, estuve en coma por tres meses. Recorriendo los pasillos del hospital, las calles, regresando a mi habitación una y otra vez, intentando despertar lo que en primera instancia para mí era una pesadilla. Es horrible caminar al lado de quienes amas y que ellos no te puedan ver, es algo desesperante. Luego, ellos llegaron a mí. Tres meses estuve luchando para quedarme, y ellos me eligieron para que fuera su enlace entre los dos mundos.

Me hicieron volver, solo que cuando desperté no era la misma, algo dentro de mí había cambiado y mi familia lo percibió desde el primer instante. Desde ese momento entre mi  hermana y yo se abrió una brecha que aún no hemos podido cerrar, cada vez que nos vemos terminamos discutiendo a causa de mi don.

 Salgo del auto y toco la puerta. La casa de mi madre está completamente cerrada, una pared unida a un portón negro impiden que desde la calle se pueda ver al interior. Escucho la voz de mi  madre mientras dice: —Un momento.

Espero mientras observo la desolada calle. Es domingo, y desde mi accidente mi madre ha hecho ley que nos reunamos cada domingo. Aun cuando ni ella acepta mi don, hace un gran esfuerzo por no tocar el tema.

 La puerta se abre, y una mujer de cabello castaño, ojos marrones y de mediana estatura me recibe. Mi madre es joven: tiene cuarenta y cinco años. Esta vestida con un vestido azul marino con rayas blancas que cae suelto hasta por debajo de sus rodillas.

—Bienvenida a casa mi niña —dice con su característico entusiasmo.

—Hola mamá —le doy un beso en la mejilla y un abrazo. Entro. Un juego de muebles de madera se encuentran e n el pequeño jardín, y allí esta ella. Mi hermana Alida esta con su pequeño de cinco años jugando sobre la verde grama.

Me extraña no ver a su esposo. Y es un alivio. Soportar el desagrado de mi hermana hacia quien soy y a lo que me dedico es tolerable, ella es  mi hermana pero con esposo las cosas son muy diferente. El domingo pasado tuvimos un enfrentamiento, las palabras casi llegaron a un convertirse en golpes. Su puño estuvo muy cerca de mi rostro. Que no esté aquí significa que mi madre le ha prohibido venir, Alida debe estarme odiando por eso.

—Tía —grita mi sobrino mientras se abalanza hacia mí. Me cuesta un poco levantarlo del suelo, pero consigo cargarlo. Dejo un beso en su frente, y le doy la bendición—. Te extrañe tía.

Sonrió ate sus palabras, la sinceridad de un niño es admirable.

—También te extrañe mucho, mi príncipe —le susurro. Sus ojos mucho más claros que los de mi madre y hermana, y su cabello es igual, castaño. En la familia soy la única que tiene el cabello oscuro y los ojos azul verdoso, todos mis genes son de mi padre—. ¿Te estas portando bien?

—Si —responde bajando la mirada.

—Eres un travieso —lo dejo en el suelo de nuevo—. Hola Alida.

—Hola —dice con desdén.

Si entre nosotras antes había una brecha, desde el pasado domingo se ha convertido en un abismo. Con cada fin de semana que pasa me convenzo más de que recuperar nuestra antigua relación entre hermana está perdida. Mientras ella no acepte quien soy, jamás las cosas serán como antes.

—Siéntate cariño. Alonzo acompáñame a la cocina que mamá está haciendo unas galletas —dice mi madre.




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