Medra: dragones y criaturas

CAPITULO 3

La reina Amar llegó al hospital de los elfos sin detenerse.

Apenas cruzó la entrada, su presencia alteró el ambiente. Los sanadores levantaron la mirada sorprendidos, pero ella no perdió tiempo.

—¿Dónde está? —preguntó con urgencia.

Uno de los elfos señaló al fondo.

—Allá.

Amar avanzó de inmediato.

Lo vio.

Gravemente herido.

Inmóvil.

No dudó.

Se acercó y colocó sus manos sobre él.

La energía comenzó a fluir.

Una luz intensa envolvió el cuerpo del Dragón Bufón, recorriendo cada herida. Las lesiones comenzaron a cerrarse, la piel regenerándose poco a poco, mientras en su interior los huesos se alineaban, sanaban, se reconstruían.

El proceso no era solo externo.

Era profundo.

Completo.

El cuerpo reaccionó.

Un leve movimiento.

Luego otro.

Hasta que finalmente…

abrió los ojos.

—Gracias… reina —murmuró con debilidad.

Amar contuvo el impulso. Quería abrazarlo. Quería asegurarse de que estaba bien. Pero no podía. No ahí. No así.

Su expresión se mantuvo firme.

Controlada.

—Necesitábamos que despertaras —respondió con calma—. Estás relacionado con los casos recientes. Podrías darnos información importante.

Dakar la miró.Entendió.

En ese momento, una brillante bola de energía enviada por Ogu irrumpió en la sala, flotando frente a ella con un zumbido eléctrico. Del interior de la esfera surgió un mensaje urgente: "Vamos a tu castillo en Marniel; tenemos algo importante que contarte". Sin perder un segundo, la Reina partió hacia su hogar, dejando atrás el hospital con la certeza de que Dragón Bufón estaba en buenas manos, mientras su mente ya volaba hacia el misterio que la aguardaba en Marniel.

Mientras tanto, una vez que su situación mejoró y recuperó las fuerzas, Dragón Bufón no se quedó atrás. En cuanto se sintió capaz, batió sus alas y salió volando del hospital de los elfos con un objetivo claro: encontrar a Laife.

Laife se encontraba en la Comisaría de los Guardianes, rodeado de mapas y expedientes, buscando pistas desesperadamente sobre los extraños sucesos ocurridos en la cascada. El silencio del lugar se rompió cuando un estruendo de alas anunció la llegada de Dragón Bufón.

Al verlo entrar, la sorpresa de Laife fue absoluta. Lo recorrió de arriba abajo, incrédulo.

—Pensé que ya no estabas vivo por lo que pasó... —soltó Laife, aún asimilando su presencia.

Bufón, con una sonrisa de suficiencia, respondió con sarcasmo: —Eso quisieran muchos.

Tras el breve reencuentro, Laife comenzó a explicarle los hallazgos de su investigación, mientras Bufón compartía los detalles de lo que había visto durante su enfrentamiento. La reunión fue interrumpida por la llegada de una hada mensajera, quien traía pruebas cruciales del laboratorio:

—Encontramos esto en un jirón de la vestimenta del troll —explicó el hada, mostrando una escama de dragón que no pertenecía a Bufón.

Pero lo más alarmante vino después. El hada extendió una hoja de Halloween perteneciente al festival que se celebraría esa misma noche. La pieza del rompecabezas encajó de inmediato: el ataque final no sería en la cascada, sino en pleno corazón del festival nocturno.

Mientras permanecían en la comisaría, los Guardianes terminaron de analizar la composición química del gas hallado en los escenarios de los ataques. El informe técnico reveló una mezcla aterradora de cuatro componentes diseñados para converti a cualquiera en un arma biológica:

Planta Estabilizadora y Regenerativa: El componente base funciona como un adhesivo biológico. Una vez que se inhala, se impregna en el organismo y tarda varias horas en separarse, permitiendo que los efectos del gas sean duraderos y el cuerpo del afectado se regenere de heridas menores mientras está bajo su influencia.

La Raíz de Azufre: Un troll que trabajaba en el laboratorio identificó esta raíz como algo sumamente extraño. Explicó que requieren un suelo especial cargado de azufre, condiciones que solo se encuentran de forma natural en el Reino de los Dragones. Al consumirse, esta raíz provoca una agitación agresiva extrema, lo que explicaba por qué los atacantes actuaban con una violencia desmedida.

Polvo de Hada (Uso Médico): Este elemento fue el más revelador. Aunque normalmente se usa en terapias médicas para ayudar a los pacientes a controlar prótesis mediante manipulación mental, aquí se estaba usando de forma perversa: para controlar el sistema nervioso de los trolls, convirtiéndolos en marionetas sin voluntad propia.

El ADN de Dragón: Finalmente, la pieza más oscura del análisis. El gas contenía rastros genéticos del Dragón Amus, hijo del fallecido Rey Dragón.

La Conclusión de Laife

Al leer los resultados, Laife palideció. La conexión era innegable: alguien estaba usando magia y herbolaria médica.

Aquí tienes la escena pulida y estructurada, manteniendo la urgencia de los preparativos para el ataque:

En la comisaría, Laife actuó con determinación. Sin perder un segundo, despachó a uno de sus mensajeros más veloces hacia el Castillo de Marniel con el informe del gas, mientras enviaba alertas urgentes a las guarniciones de los Guardianes Elfos, las Hadas y los Dragones. El mensaje era claro: debían entrar en estado de alerta máxima ante la inminencia del festival.

Mientras tanto, en el Castillo de Marniel, el ambiente era tenso. La Reina escuchaba con atención las crecientes sospechas del Rey Hada y el Rey Troll. Ambos monarcas coincidían en que una fuerza oscura estaba moviéndose entre las sombras de sus pueblos, alterando el orden natural.

En medio de la audiencia, un Guardián irrumpió en el salón del trono, sin aliento, para entregar el pergamino con los hallazgos del laboratorio. La Reina leyó rápidamente sobre el ADN de Amus y el gas de control. Al terminar, miró fijamente al mensajero.

—¿Se ha comunicado ya esta información al resto de los pueblos? —preguntó ella con voz firme.




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