Medra: mares y dragones

INTRODUCCION

Tras dos años, la reconstrucción ha quedado atrás y ahora los reinos están en su punto más alto de desarrollo. La infraestructura en la Isla Medra es sólida y la cooperación entre Marniel, Dragón y Escala funciona como una máquina bien aceitada.

Más allá de sus costas, un mar inmenso la rodeaba, y en el horizonte, la paz se veía amenazada. Cientos de barcos pertenecientes a reinos lejanos patrullaban las aguas, rodeando la isla como depredadores. Estos reinos extranjeros, atraídos por la prosperidad y los recursos de Medra, mantenían un asedio constante, esperando cualquier debilidad para desembarcar y conquistar las tierras de Marniel, Dragón y Escala.

El mar alrededor de Medra comenzó a agitarse con violencia. Entre las cientos de embarcaciones enemigas que acechaban la isla, el agua empezó a hervir desde el fondo, anunciando con cada sacudida que algo nuevo y desconocido estaba por emerger.

En el sector de las hadas, dentro del denso Bosque de Escala, la vida bullía entre elfos, duendes y trolls. Sin embargo, ajeno al bullicio terrenal, alguien permanecía oculto en las alturas. Desde su posición privilegiada, observaba cada movimiento con frialdad, analizando el entorno mientras el mar, a lo lejos, continuaba agitándose. Aquella mirada no era de curiosidad, sino de cálculo.

El robo comenzó en la cascada más alta. Varias criaturas marinas se deslizaron bajo el agua hasta alcanzar una enorme pila rodeada de pilares. Allí se custodiaba la energía en forma de estrellas de hada, un recurso valiosísimo en el mercado negro.

Mientras dos recolectores extraían las estrellas, otros dos usaban su canto para hipnotizar a los guardianes que protegían los pilares. Un quinto cómplice vigilaba desde las copas de los árboles, asegurándose de que el camino estuviera despejado.

Al ver que la recolección terminaba, uno de los que cantaba decidió traicionar al grupo: asesinó a su compañero de canto usando un dardo de pez globo con veneno alterado. Sin dejar de moverse, el traidor se posicionó rápidamente para huir, dejando atrás un rastro de muerte mientras los demás se preparaban para salir por el río.

La traición fue total. En la pila de energía, uno de los recolectores asesinó a su compañero para quedarse con todo el botín y corrió hacia el árbol donde aguardaba el vigilante. Justo cuando el sujeto del canto se aproximaba, el vigilante saltó desde las alturas, mató al recolector y tomó las dos bolsas de estrellas.

Al verse amenazado por el vigilante, el del canto dejó de usar su voz con calma. Sin el hechizo, los guardias de Marniel reaccionaron de inmediato y abrieron fuego. El sujeto del canto se agachó con agilidad, permitiendo que las ráfagas impactaran de lleno en el vigilante, quien cayó derribado con el botín en sus manos.

Con la rapidez de una serpiente, el que se había agachado se deslizó hasta el cuerpo, arrebató las bolsas y colocó en el suelo un pez globo que brillaba con una luz roja intensa. Antes de que los guardias pudieran alcanzarlo, se lanzó al río que cruzaba el bosque de Escala en dirección al océano.

Segundos después, el pez globo explotó de forma devastadora, eliminando a los guardias que se habían acercado y provocando un caos que alertó a toda Medra. En medio del humo y la confusión, el autor del robo, Kaeltyr, escapó por la corriente del río sin dejar rastro, llevando consigo la energía de las hadas.




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