El Reino Escala normalmente brillaba durante la temporada Navira. Las luces mágicas colgaban entre los árboles gigantes, pequeños copos de nieve descendían lentamente sobre los caminos de piedra y las aldeas escondidas entre el bosque permanecían llenas de vida.
Pero aquella mañana, el ambiente era distinto.
Dentro de uno de los salones principales del reino hada, la reina Ogus observaba en silencio por una enorme ventana cubierta por ramas iluminadas. Su expresión reflejaba preocupación.
Frente a ella, Amar sostenía una taza caliente mientras intentaba tranquilizarla.
—Vine porque al no tener respuesta tuya supuse que no estabas bien —comentó con calma—. En Navira todo Medra suele estar alegre.
Ogus soltó un pequeño suspiro.
—Sé que Kaeltyr hizo esto… —dijo finalmente—. Y temo que esté nuevamente en estos mares. No pensé que aparecería tan cerca de Medra.
La reina hada bajó la mirada.
—Entró fácilmente.
Amar permaneció tranquila.
—Todo estará bien. Las guardias ya están preparadas. Zane reforzó vigilancia aérea y Laife movilizó guardianes por varias zonas.
Ogus sonrió apenas.
—Siempre tan segura.
Amar soltó una pequeña risa.
—Alguien tiene que serlo.
El silencio incómodo desapareció poco a poco.
Entonces Ogus recordó algo y levantó la mirada.
—Tus padres llegan hoy, ¿no?
La expresión de Amar cambió inmediatamente.
—Sí, llegarán esta noche.
Y por primera vez en toda la conversación, sonrió de verdad.
—Aunque entre otras noticias… creo que Dakar piensa pedirme matrimonio.
Ogus abrió los ojos con sorpresa antes de comenzar a reír ligeramente.
—¿En serio?
—Ha estado muy extraño estos días —respondió Amar divertida—. Planea cosas, desaparece por horas y el señor Polo actúa demasiado sospechoso.
Ogus no pudo evitar alegrarse.
—Ya era hora.
Amar miró hacia las luces del bosque.
—Dijo que esta tarde me mostraría algo antes de que lleguen mis padres.
Y por unos momentos…
las dos reinas dejaron atrás el miedo, los robos y el nombre de Kaeltyr.
Simplemente disfrutaron el resto del día como amigas, mientras Navira continuaba iluminando el Reino Escala.
Mientras tanto, el señor Polo llegó a la casa de Dakar, la decoración de Navira iluminaba las calles húmedas mientras pequeños copos de nieve caían lentamente sobre los puentes de piedra.
Al entrar, el lugar estaba en completo silencio.
Pero algo llamó rápidamente su atención.
Sobre el comedor descansaba una pequeña caja abierta.
Dentro…
había un anillo de compromiso.
Junto a él, una nota cuidadosamente doblada.
El señor Polo simplemente sonrió.
—Así que era verdad…
Guardó silencio unos segundos antes de dirigirse hacia el sótano.
Apenas abrió la puerta, un fuerte olor a hierbas medicinales y humo llenó el ambiente.
Dakar se encontraba sentado frente a una mesa llena de herramientas, telas quemadas y pequeños frascos. Varias plantas medicinales cubrían heridas recientes en sus brazos y hombros.
El señor Polo observó las vendas improvisadas y soltó una pequeña risa.
—Créame que si sigue así, pronto estará envuelto completamente en plantas.
Dakar acomodó una de las hojas sobre una quemadura y respondió tranquilamente:
—Bueno… al menos no oleré mal.
Sobre la mesa descansaba también parte de su traje completamente quemado.
El señor Polo lo levantó con cuidado.
—¿Acaso fue llevado a la hoguera como las brujas?
Dakar soltó una ligera risa.
—Fue un pájaro.
—¿Un qué?
—Un fénix.
El señor Polo lo miró en silencio.
—Necesito probar nueva tela y algo distinto —continuó Dakar mientras examinaba restos oscuros pegados al traje—. Ese ácido inflamable… no sé de dónde salió. También tengo que analizarlo.
Tomó una pequeña pieza metálica derretida.
—Y siento que puedo ser más rápido al volar.
El señor Polo suspiró mientras dejaba el traje nuevamente sobre la mesa.
—Bueno… tendremos mucho que hacer antes de su compromiso esta tarde.
Dakar levantó la mirada.
—¿Qué te parece?
—Es hermoso el anillo —respondió Polo con una sonrisa sincera—. Muchas felicidades.
Dakar sonrió ligeramente.
—Gracias.
Entonces se puso de pie mientras tomaba algunas herramientas y acomodaba parte de su traje destruido.
—Vámonos. Hay mucho que hacer.
El señor Polo abrió la puerta del sótano.
—Claro, don bufón —dijo entre risas.
Y ambos partieron rumbo a Medraje, la famosa sastrería de Marniel, mientras la ciudad continuaba preparándose para otra tranquila tarde de Navira… sin imaginar lo que se acercaba.
Mientras tanto, varias patrullas vigilaban constantemente las costas de Medra.
Dragones recorrían los cielos entre la nieve ligera de Navira, mientras grupos de elfos armados con arcos observaban desde los acantilados y bosques cercanos al océano.
Desde el robo en el Reino Escala, la seguridad había aumentado considerablemente.
Especialmente en el norte de Medra.
Una enorme zona montañosa donde el mar golpeaba con fuerza las rocas oscuras.
Fue ahí donde uno de los dragones detectó algo extraño.
Un enorme barco permanecía detenido cerca de las orillas.
Pero no era una zona portuaria.
Los dragones descendieron inmediatamente sobre la cubierta mientras los elfos comenzaban a revisar el lugar.
Todo estaba demasiado silencioso.
No había tripulación.
No había mercancía.
Ni siquiera señales recientes de movimiento.
Uno de los elfos desenfundó lentamente su espada mientras avanzaban hacia el interior del barco.
Revisaron habitaciones.
Pasillos.
El cobertizo principal.
Nada.
El ambiente comenzó a sentirse extraño.
Entonces uno de los dragones notó algo en el suelo.
Una escotilla.