En la base principal de los guardianes de Medra, el ambiente era mucho más tenso que la noche anterior.
Mapas cubrían las mesas.
Reportes llegaban constantemente.
Y varios guardianes discutían la desaparición de las patrullas del norte.
Laife permanecía junto al jefe de guardianes y Alquimia observando desde una enorme ventana el acueducto que atravesaba parte de Marniel hasta las cercanías del castillo.
—No hay rastros de los desaparecidos —comentó Laife seriamente—. Ni sangre, ni restos del barco.
Alquimia acomodó varios documentos.
—Las costas fueron revisadas nuevamente esta mañana. Nada.
El jefe de guardianes permaneció tranquilo.
—Mantendremos esto en secreto.
Laife frunció el ceño.
—¿Qué?
El jefe observó las calles decoradas por Navira y las familias caminando bajo la nieve ligera.
—Ninguno de los reyes debe enterarse todavía. Y no vamos a alarmar al pueblo por unas patrullas desaparecidas.
Entonces…
gritos comenzaron a escucharse desde el exterior.
Todos voltearon inmediatamente.
Y el silencio invadió la sala.
Colgando del enorme puente del acueducto estaban los cuerpos desaparecidos.
Guardianes.
Elfos.
Dragones.
Suspendidos por cadenas mientras el viento movía lentamente los cadáveres sobre la ciudad.
Laife abrió los ojos con furia.
—¡¿Qué demonios…?!
En cuestión de minutos el pueblo entero comenzó a exigir respuestas.
Los rumores explotaron.
Las calles entraron en pánico.
Y la noticia llegó rápidamente a los reyes de Medra.
Kaeltyr ya estaba atacando la isla.
Horas después, las hadas realizaban las autopsias mientras los líderes de Medra discutían qué hacer.
Pero pese al miedo…
la celebración del compromiso entre Amar y Dakar continuaría esa noche.
Los padres de Amar insistieron en mantener el evento para evitar que el caos creciera más.
Aunque la seguridad fue aumentada en toda la isla.
Mientras tanto, en la comisaría principal, Alquimia llegó apresuradamente con los resultados de las autopsias.
Laife tomó los reportes rápidamente.
Y su expresión cambió.
En varios cuerpos había símbolos dibujados con sangre.
Círculos rojos.
Marcas que señalaban objetivos.
El jefe de guardianes.
Y varios reyes de Medra.
Laife levantó la mirada inmediatamente.
—Tenemos que moverlos ahora mismo.
El jefe de guardianes ya había sido llevado a la estación para mantenerlo protegido.
Pero lejos de sentirse asustado…
se sentía confiado.
—No tengo miedo de ese monstruo marino —dijo mientras caminaba hacia su oficina privada.
Laife intentó detenerlo.
—No debería quedarse cerca de ventanas.
Pero el jefe simplemente se sentó detrás de su escritorio frente a una enorme ventana que daba hacia la ciudad iluminada por Navira.
A lo lejos podían escucharse los fuegos artificiales del evento real.
—Kaeltyr quiere asustarnos —comentó el jefe—. Si nos escondemos, él gana.
Laife apenas alcanzó a acercarse.
—Aléjese de la ventana—
Una flecha atravesó el cristal.
Y se incrustó directamente en la cabeza del jefe.
La sangre cubrió el escritorio mientras el cuerpo caía al suelo sin vida.
Y afuera…
los fuegos artificiales seguían iluminando Marniel.
En el castillo, la fiesta de compromiso continuaba.
Aunque Amar y Dakar no se sentían tranquilos.
Guardias vigilaban cada entrada mientras nobles y líderes fingían normalidad.
Entonces el señor Polo apareció rápidamente junto a Dakar y le susurró lo ocurrido.
La expresión de Dakar cambió completamente.
Pero antes de que alguien sospechara algo, tomó suavemente la mano de Amar.
—Creo que deberíamos retirarnos un momento quiero disfrutar tu compañía asolas.
Varios invitados soltaron pequeñas risas incómodas creyendo otra cosa.
Eso permitió que ambos abandonaran el salón sin generar sospechas.
Mientras avanzaban por los pasillos del castillo, Dakar habló en voz baja.
—No te separes de mí.
Y mientras Amar quedaba protegida junto al señor Polo…
Ya que a pesar de ser poderosa la reina, Dakar la quería asalvo.
Entonces, mientras el caos comenzaba a extenderse por el castillo, Amar fue llevada rápidamente por el señor Polo hacia su habitación para mantenerla a salvo.
Dakar observó unos segundos el exterior.
Sabía quién había llegado.
—Quédate aquí —dijo seriamente.
Y junto al señor Polo salió rápidamente del castillo.
Ambos volaron hasta la casa de Dakar atravesando los techos nevados de Marniel mientras las alarmas comenzaban a sonar por toda la ciudad.
Mientras tanto, Kaeltyr había invadido el castillo junto a sus soldados marinos.
Las enormes puertas permanecían destruidas mientras criaturas del océano rodeaban el gran salón.
Zane.
Ogus.
Troll Dom.
Los tres reyes observaban seriamente al conquistador marino.
Kaeltyr simplemente abrió los brazos y comenzó a reír.
—Vamos… salgamos afuera. No querrán herir invitados, ¿o sí?
Los reyes observaron alrededor.
Muchos civiles seguían aterrados dentro del castillo.
Y finalmente aceptaron salir al exterior para evitar una masacre.
Una vez fuera…
la pelea comenzó inmediatamente.
Zane congelaba soldados enteros.
Troll Dom lanzaba enemigos por los aires.
Ogus utilizaba explosiones de energía vital para expulsar criaturas hacia los canales.
Pero entonces…
Kaeltyr comenzó a hablar.
Su voz se volvió extraña.
Pesada.
Hipnótica.
Los ojos de los reyes comenzaron a perder fuerza poco a poco.
Y en cuestión de segundos…
varios soldados marinos los sujetaron aprovechando la confusión.
Kaeltyr soltó una sonrisa.
—Así me gusta…
Pero de repente…