El supuesto héroe jamás llegó a la base después de la captura de Kaeltyr.
La lluvia golpeaba violentamente las ventanas mientras el ambiente dentro de la fortaleza era caótico.
Alquimia se encontraba explicando lo sucedido frente a los reyes.
—Fuimos atacados durante el traslado —comentó—. En medio del caos perdimos contacto con Laife.
Zane permanecía serio frente a la celda donde Kaeltyr estaba encadenado.
El conquistador marino simplemente sonreía sentado en la oscuridad.
—¿Dónde está Laife? —preguntó Zane.
Kaeltyr soltó una pequeña risa.
—No sé de qué hablas.
Entonces Troll Dom entró furioso golpeando la puerta de piedra.
—¡Habla!
Pero Kaeltyr seguía negándolo todo mientras disfrutaba verlos desesperados.
Muy arriba de la torre principal de la base…
Bufón observaba oculto bajo la lluvia.
Empapado y aún herido, escuchaba toda la conversación esperando alguna pista para encontrar a Laife.
El agua escurría lentamente por su máscara mientras vigilaba desde las sombras.
Entonces escuchó nuevamente la voz de Troll Dom.
—¡¿Dónde está?!
Kaeltyr sonrió.
Y finalmente habló.
—Bueno… está bien. Ya me divertí.
Levantó lentamente la mirada.
—Está en el Reino de las Bestias… que escupe fuego.
El ambiente se congeló.
Y en cuestión de minutos todo Medra volvió a movilizarse.
Dragones cruzaban con bufon al portal a la tierra de los dragones
Escuadrones enteros comenzaron la búsqueda.
Pero el reino era gigantesco.
Montañas.
Selvas.
Volcanes.
Cuevas.
No sabían dónde buscar exactamente.
Mientras tanto, Kaeltyr permanecía encerrado bajo máxima vigilancia.
O al menos…
Mientras los dragones seguían buscando desesperadamente a Laife…
el guardián abrió lentamente los ojos.
Estaba encadenado.
Frente a él había roca derretida.
Y el calor era insoportable.
Se encontraba dentro de un volcán activo.
El sudor caía por su rostro mientras parte de las cadenas comenzaban a calentarse peligrosamente.
Entonces entendió.
Kaeltyr no planeaba matarlo rápido.
Quería hacerlo sufrir.
Muy lejos de ahí, Bufón finalmente encontró a Zane durante la búsqueda aérea.
—¿Algo extraño que pueda ocurrir? —preguntó rápidamente.
Pero antes de que Zane respondiera…
el suelo comenzó a temblar.
A lo lejos, una enorme columna de humo emergía desde uno de los volcanes del Reino de las Bestias.
Zane abrió los ojos.
—¡No…!
Ambos salieron volando inmediatamente.
Dentro del volcán, Laife comenzaba a gritar desesperadamente mientras el calor quemaba lentamente parte de su rostro.
La lava empezaba a elevarse.
Y justo cuando el volcán estaba cerca de entrar en erupción…
una gigantesca ola de hielo descendió desde arriba.
Zane había llegado.
El rey dragón congeló gran parte del interior del volcán mientras enormes columnas de vapor explotaban por todas partes.
Y atravesando el humo…
Bufón descendió directamente hacia Laife.
Rompió las cadenas.
Lo tomó rápidamente.
Y salió disparado del volcán segundos antes de la erupción.
La explosión iluminó toda la noche del Reino de las Bestias.
Horas después…
Laife sobrevivió.
Pero parte de su rostro había quedado gravemente quemado y desfigurado.
Y mientras era atendido por las hadas…
solo repetía una cosa.
—Kaeltyr sigue jugando con nosotros.
Mientras tanto, en la base de guardianes, el caos apenas comenzaba.
Después de escapar de su celda, Kaeltyr atravesó los pasillos destruyendo todo a su paso mientras varios guardias intentaban detenerlo.
Las alarmas resonaban por toda la fortaleza.
Soldados corrían entre humo y fuego.
Y antes de desaparecer…
Kaeltyr dejó un último regalo.
Varias cargas explosivas ocultas comenzaron a activarse dentro de la base.
Uno de los guardianes abrió los ojos aterrado.
—¡BOMBAS!
La explosión inicial sacudió toda la estructura.
Ventanas estallaron.
Columnas comenzaron a romperse.
Y parte de la torre principal empezó a colapsar.
Pero entonces…
una enorme energía dorada cubrió la base.
Amar había llegado.
La reina levantó ambas manos mientras utilizaba toda su telequinesis y energía vital para contener la destrucción.
Los escombros quedaron suspendidos en el aire.
Las llamas fueron desviadas.
Y decenas de guardianes lograron escapar antes del derrumbe.
Pero incluso ella no pudo detenerlo todo.
Porque mientras todos intentaban sobrevivir…
Kaeltyr ya escapaba entre la tormenta.
Se lanzó hacia uno de los canales conectados al río y desapareció nuevamente entre las aguas oscuras de Medra.
Antes de sumergirse por completo…
giró apenas la cabeza hacia el castillo iluminado a la distancia.
Y comenzó a reír.
Pasaron varios días sin movimientos de Kaeltyr.
Demasiado silencio.
Y eso solo hacía que Medra estuviera más nerviosa.
Laife permanecía hospitalizado bajo vigilancia constante de las hadas curanderas. Había sobrevivido… pero las heridas del volcán eran demasiado graves.
Parte de su rostro había quedado completamente quemado.
Las heridas alcanzaban zonas tan profundas que incluso parte de su cráneo podía verse entre vendas y magia curativa.
Las hadas mantenían hechizos activos constantemente para evitar infecciones y estabilizarlo.
—Podrá sanar… —comentó una de ellas— pero tomará tiempo.
Días.
Tal vez meses.
Mientras tanto, Dakar permanecía sentado en silencio dentro de una de las habitaciones del castillo observando la lluvia caer sobre Marniel.
No dejaba de pensar en Laife.
Finalmente habló.
—Tal vez debería entregarme.
Amar volteó inmediatamente.