Un último mensaje para demostrar que Medra jamás estuvo unida realmente.
En una sala protegida del Reino Dragón se encontraban:
Frente a ellos descansaban tres detonadores.
El ambiente era insoportable.
—No voy a usarlo —dijo Troll Dom.
—Ni yo —respondió Amar.
Zane observaba los dispositivos seriamente.
—Si activamos uno… condenamos otro reino.
Pero entonces notaron algo.
No había respuesta de Ogus.
Ninguna.
El silencio comenzó a preocuparlos.
Pese a la amistad entre reinos…
algo se sentía mal.
Entonces Zane y Amar decidieron partir inmediatamente a buscar a la reina hada.
Mientras tanto, Troll Dom permaneció solo custodiando los tres detonadores… esperando que ninguno se activara.
Mientras los reinos comenzaban a fracturarse por dentro…
el dragón bufón salió en busca de Kaeltyr.
En la guarida secreta bajo la casa de Dakar, el señor Polo trabajaba desesperadamente entre mapas, herramientas y pantallas mágicas.
Desde la pelea en el lago habían conservado restos biológicos de Kaeltyr obtenidos de la pierna quemada por la electricidad de Bufón.
Y usando rastreadores alquímicos finalmente lograron localizarlo.
El señor Polo levantó la mirada sorprendido.
—Lo encontré…
Un punto rojo aparecía moviéndose lentamente sobre el océano.
Un barco.
Bufón partió inmediatamente.
Voló atravesando la tormenta nocturna hasta encontrar la enorme embarcación perdida entre la niebla.
Pero apenas aterrizó sobre ella…
notó algo extraño.
Demasiado silencio.
Cadenas colgaban por todas partes.
Y entonces los vio.
Varios supuestos secuaces de Kaeltyr estaban atados y golpeados en la cubierta.
Parecían prisioneros.
Inocentes.
Bufón retrocedió lentamente.
Trampa.
Entonces activó la visión térmica de su máscara.
Sus ojos comenzaron a iluminarse de rojo.
Y de inmediato descubrió la verdad.
Las paredes.
Los barriles.
Incluso parte del suelo.
Todo estaba lleno de criaturas marinas camuflajeadas esperando atacar.
Y apenas notaron que habían sido descubiertas…
la pelea comenzó.
Las criaturas salieron violentamente de su camuflaje lanzándose contra Bufón desde todas direcciones.
Cangrejos humanoides.
Tritones armados.
Seres marinos deformes.
El barco entero explotó en caos.
Pero Bufón no podía pelear libremente.
Porque al mismo tiempo tenía que proteger a los inocentes encadenados en cubierta.
Electricidad iluminó la tormenta.
Fuego atravesó la niebla.
Y el barco se sacudía violentamente sobre el océano mientras Bufón luchaba rodeado de enemigos.
Mientras tanto, Amar y Zane llegaron rápidamente al castillo de Ogus.
Pero apenas atravesaron las puertas…
supieron que algo estaba mal.
Todo estaba destruido.
Muebles destrozados.
Ventanas rotas.
Guardias inconscientes.
Marcas de energía cubriendo paredes y columnas.
Parecía como si alguien hubiera perdido completamente el control… o estuviera huyendo desesperadamente de algo.
Amar observaba alrededor confundida.
—¿Qué ocurrió aquí…?
Entonces un enorme estruendo se escuchó afuera.
Ambos corrieron hacia una ventana.
Y vieron el bosque.
Incendiándose.
Las llamas se extendían rápidamente entre los enormes árboles del Reino Escala iluminando la noche entera.
Zane reaccionó inmediatamente.
—Búscala. Yo apagaré el incendio.
El rey dragón salió volando hacia el bosque mientras Amar continuaba siguiendo rastros dentro del castillo.
Puertas destruidas.
Sangre.
Y extrañas marcas sobre las paredes.
Amar las observaba mientras avanzaba.
No entendía.
Porque Ogus siempre había sido elegante.
Calmada.
Perfecta.
Pero aquellas marcas parecían hechas por alguien desesperado… casi salvaje.
Entonces escuchó algo.
Respiración agitada.
Y comenzó a correr siguiendo el sonido hacia las zonas más profundas del castillo destruido.
Rodeado completamente por agua y enemigos, el dragón bufón comenzaba a agotarse.
Eran demasiados soldados contra uno solo.
Las criaturas marinas aprovechaban cada rincón húmedo del barco para atacar mientras Bufón intentaba proteger a los inocentes encadenados.
Varias veces cayó.
Golpeado.
Mordido.
Arrastrado contra la cubierta.
Y en una de esas caídas…
Kaeltyr apareció frente a él.
Lo pisó contra el suelo mojado mientras alrededor el combate seguía ardiendo.
La tormenta iluminó el rostro quemado del conquistador marino.
Y entonces habló.
—La verdad… ¿quieres detener todo esto?
Bufón intentó levantarse.
Pero Kaeltyr presionó más fuerte.
—Somos complementos.
Sonrió lentamente.
—Tú la luz… y yo la oscuridad.
El agua golpeaba violentamente el barco mientras criaturas seguían rodeándolos.
—Además… tú eres el héroe.
Bufón levantó apenas la mirada.
Y entonces lo vio.
Demasiados peces globo explosivos escondidos por toda la embarcación.
Decenas.
Todos preparados para detonar.
Kaeltyr abrió los brazos.
—¿Qué harás ahora?
Pero Bufón ya había tomado una decisión.
Lanzó fuego hacia distintas zonas del barco encendiendo rápidamente los explosivos.
Las criaturas comenzaron a entrar en pánico.
Incluso varios secuaces de Kaeltyr intentaron escapar aterrados.
Kaeltyr abrió los ojos sorprendido.
—¿En serio vas a matarnos?
Bufón lo observó fijamente.
—El universo sabe lo que quiero.
Y en un movimiento brutal lo derribó.
Kaeltyr cayó contra la cubierta justo cuando Bufón liberó una enorme explosión de hielo.