Dolor. Angustia. Odio. Desesperación. Avaricia.
Mil emociones corrosivas se infiltraron en su alma como veneno, arrastrándose por su piel, enroscándose en sus pensamientos como serpientes negras. Las sintió reptar en sus huesos en el preciso instante en que quedó frente a frente con aquel espectro.
Una figura translúcida, humanoide, pero desprovista de toda humanidad. Una sombra viva, flotando con solemnidad en medio del claro. Su presencia no era física, y sin embargo se sentía como una tempestad que deformaba la realidad a su paso.
El aire se volvió pesado. El suelo crujió.
Y el frío...
El frío era lo peor.
Un invierno ancestral que le robaba el aliento con cada paso que él daba hacia ella.
Ella sabía que debía tener miedo. Pero no lo tenía. Al menos no del todo.
Sabía que no podía hacerle daño. Mientras la puerta siguiera sellada.
¿Pero cómo sabía eso?
-¿Quién eres tú?
Las brujas oscuras emergieron detrás de él como si fueran parte de su esencia. Preparadas para rendirle culto o morir por su voluntad. El ente avanzó con calma, como si no tuviera prisa alguna. Cada paso mataba todo a su alrededor.
Melanie quiso correr. Pero sus piernas no se movieron.
¿Por qué ese espectro le resultaba tan familiar?
-Soy tu amo -dijo él, con voz grave y metálica.
-¿Qué? -sus cejas se fruncieron, confundida.
-¿No sabes quién eres? Debí suponerlo...
-Soy una bruja -musitó. Pero su voz carecía de convicción.
Siempre había dudado. No se sentía como una humana. Ni como una bruja. Era otra cosa. Algo que aún no tenía nombre.
-¿Por qué dices que eres mi amo?
-Porque en ti fluye magia negra -respondió él sin vacilar-. Tu antecesora, Dolores Jenkins, fue una Oscura. Una de las nuestras. ¿No lo sabías?
¡Mentira! ¡Eso no podía ser!
Cassandra le había contado otra historia diferente. ¿Y si todo era un engaño?
-¡Mientes!
-Puedo ser cruel -dijo con una mueca siniestra- pero jamás mentiroso. Tu sangre es oscura.
-¡Mi antecesora fue una bruja blanca! ¡Una protectora de City Death!
-¡Tu maestra te mintió! -interrumpió de pronto Adriana, furiosa-. ¡Dolores fue una Oscura! ¡Una traidora que abandonó nuestras filas por amor a un humano!
Pero apenas terminó de hablar, el espectro alzó su mano y la arrojó contra un árbol con una fuerza brutal.
-No hables sin mi permiso, estúpida mortal.
-Lo siento, amo... no volverá a pasar -susurró Adriana, conteniendo las lágrimas.
-¿Y por eso siento que te conozco? -preguntó Melanie, con la voz cargada de un temblor invisible.
-Veo que no recuerdas tu vida pasada -murmuró el ente, dando otro paso hacia ella.-El libro que llevas contigo... es la puerta a tu pasado. Ábrelo y lo entenderás todo.
-¿Y si me estás mintiendo?
-¿Prefieres vivir sin saber quién eres?
La duda se convirtió en un abismo en su pecho. Quería respuesta, las necesitaba para entender su vida.
-¿Tengo que leerlo... y ya?
-No. Tendrás que pagar un precio.
-¿Qué tipo de precio?
-Un sacrificio.
(...Mientras tanto...)
-¿Hola...? ¿Hay alguien aquí?
La voz sono suave, infantil, apenas un susurro que atravesó la espesura de la noche. Cassandra salió de la casa con el ceño levemente fruncido. En la entrada, parado sobre el umbral, había un niño de cabellos oscuros, alborotados por el viento, con ojos azules y un pequeño lunar en su pómulo derecho. Tenía la ropa algo sucia, como si hubiese corrido por el bosque.
Apenas lo vio, Misha reaccionó con un grito de guerra.
-¡¿Quién te crees que eres para invadir nuestras tierras?! -gruñó, apareciendo como un relámpago y levantando al niño cabeza abajo, tomándolo por las piernas como si fuera un animal callejero.
-¡Oye, suéltame! ¡Asqueroso chupasangre! ¡Tu aliento apesta a cadáver! -gritó el niño, golpeando el cuerpo del vampiro con furia.
-Misha, por favor -empezó Cassandra, pero el caos no se detuvo.
-¿Nueva mascota? -se burló Kenneth entre carcajadas, saliendo desde la cocina.
Seutonio se aproximó lentamente, con la mirada fija en un detalle: un tatuaje en el brazo derecho del niño, escondido bajo la manga de su camisa. Apenas visible... pero inconfundible.
-¿Eres de la manada Lunaroja?
El niño, aún colgando, asintió con seriedad.
-Bájalo -ordenó Seutonio.
Misha resopló con fastidio, y lo soltó con brusquedad. El niño cayó de espaldas, golpeándose contra el suelo con fuerza.
-¡Podrías tener un poco de delicadeza, bestia prehistórica! -espetó Luka, atrapando a Misha por un brazo antes de que intentara replicar.-. Sal a cazar. Ahora o te arranco los colmillos.
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Editado: 02.10.2026