Melodía de Secretos

Capítulo 2: Ese maldito encuentro

23 de agosto del 2019

Son solo las 6:00 de la mañana cuando mi alarma comienza a sonar con mi alarma, la cual indicaba que necesitaba despertar de una buena vez, para poder tener el tiempo suficiente como para prepararme para la preparatoria y poder llegar a tiempo.

Sin perder un solo segundo, me adentro en el baño, para empezar a quitarme el pijama, lanzando estas prendas dentro del cesto de ropa sucia, a la vez que abro un poco la regadera en agua caliente y fría, para que esta salga a una temperatura tibia, porque si es muy fría me terminaría enfermando, en caso contrario si es que fuera demasiado caliente, acabaría provocándome quemaduras en la piel, pero no se notarían demasiado con mi piel morena.

Entro a la ducha, sin antes comenzar a reproducir varias de mis canciones favoritas, después de todo, tengo que dar un concierto en la ducha, si no, simplemente no sería yo, al pasar aproximadamente 15 minutos de estarme bañando, salgo, tomando una toalla blanca, tan blanca como la propia nieve del invierno que invade las bellas calles de parís, e incluso podría admitir que, es tan blanca como mi cabello, el cual seco lo mejor que puedo, para luego terminar cubriéndolo con esa horrible peluca desaliñada de color negro azabache.

Al terminar con la peluca procedo a colocar las lentillas dentro de mis ojos, las cuales deben de ocultar la heterocromia que herede de mi madre, - madre, madre, - pienso con un tono nostálgico, en lo que comienza a sonar una canción de tonos tristes, y ritmo lento, lo que hace más deprimente esto, por eso en un rápido movimiento de manos apago la música, golpeo suavemente mis mejillas para reaccionar, - está bien, tú puedes con esto, no es la peor cosa que te ha pasado, podrás sobrevivir un poco más en esta escuela- pienso para poder consolarme un poco, evitando el comenzar a llorar, ya que esto inflamaría mis ojos, lo que solo estaría haciendo que me vea más extraño para mis compañeros de clase.

- ¿Mis compañeros de clase? - Claro la escuela, con la mayor velocidad que mi pequeño cuerpo me permite dar, termino de colocarme el uniforme, para salir corriendo, lo más rápido posible al colegio, ya que no quiero llegar tarde el segundo día de clases.

Corro hasta quedar sofocado, por lo que termino chocando en la entrada de la escuela, con aquel enorme chico desconocido, esto provoca que caiga de espaldas hasta el suelo, y se mueve un poco la peluca, la que deja mostrar un mechón de mi pelo original, blanco.

- Auch, eso dolió demasiado - digo, en queja, tocándome un poco la espalda y parándome poco a poco, por el dolor de mi nariz al entrar en contacto con tan fuerte espalda, es como si hubiera chocado con una pared de concreto sólido.

- ¿Te encuentras bien? - Escucho una voz un poco ronca

- Si discúlpame por favor, es que no te vi. - Digo algo asustado, me acomodo lo más rápido posible la peluca, para evitar que se vea mi cabellera blanquecina, me levanto a toda velocidad, quedando frente de este chico rubio, con un cuerpo muy bien formado,

- No te preocupes por mí, mejor, podrías preocúpate por ti, tienes algo de sangre aquí - Su mano entra a su pantalón sacando un pequeño pañuelo de color cian, el cual pasa suavemente bajo mi nariz, esto provoca que me quedé inmóvil unos segundos, ya que es un movimiento que no vi venir, estos segundos parecen eternos, pero al volver en mí, intento huir, pero el chico toma fuertemente mi brazo, para dejar el pañuelo en mi mano,

- Úsalo bien, y no te preocupes por regresármelo, tómalo como un regalo por nuestro encuentro. - el nerviosismo solo provoca que salga corriendo rápidamente que puedo nuevamente, ya que la vergüenza que siento es como si deseara que la tierra me comiera. Por mi mente solo logra pasar la sensación de su gran espalda demasiado fuerte, sus manos pálidas, que, aun siendo tan ásperas, lograron tocarme con demasiada delicadeza, y su cabello rubio, ese pelo amarillo tan brillante como si fuera echo de oro, y sin olvidar sus ojos azules, ese azul tan profundo como el mar, que al verlos directamente te da la sensación de que te hundes sin oportunidad de escapar.

Lo único que me saca de mis pensamientos es que, al legar a mi salón, los gritos de mis compañeros provocados por su lucha para cambiarse de asientos, estos ruidos que alcanzan ellos podría sacar de sus sueños a cualquiera, inclusive creo que si se lo proponen podrían despertar a la mismísima bella durmiente. me rio un poco por la tontería que acabo de pensar.

- ¿Ya te estas volviendo loco desde tan temprano loser?, y eso que solo llevas dos días aquí, no me imagino como te pondrías luego de 4 meses - dice una figura femenina de cabellos castaños claros, llena de pies a cabeza de un perfume muy dulce a frutos rojos, acompañado con artículos de diseñador.

- ¿Y tú eres? - Pregunto con incredulidad, escaneando a la chica con una mirada agresiva para saber si puedo reconocerla, aunque sea un poco pero después de todo ni siquiera conozco la mayoría de los nombres de mis compañeros.

- Enserio que tienes el cerebro frito, o es que los libros te quemaron las pocas neuronas que tenías en ti - comenta la chica muy enojada.

- A claro, tú eres Dayana, ¿Cómo pude olvidarte? - digo con un tono serio y con sarcasmo que al parecer ella no sabe lo que significa, o tal vez sea inmune a él.

- Vaya parece que, si funciona ese ornamento que tienes cómo cabeza, bueno ahora aparatarte de mi camino - pasa golpeándome con su mano con repulsión en el hombro, pero al pasar nota que tengo un pañuelo en mi mano.




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