Melodías Desordenadas

Once

The First Time - Damiano David.

Ellen.

Magnus me acompaña a mi rutina diaria de correr, hace unos días que Xavier se fue y he mantenido mi cuerpo y mi mente ocupada para no pensar en Rapunzel.

He salido a correr, he hecho más ejercicio de los normal con Vicky, he continuado mi libro sin problema alguno, y por las tardes salgo a caminar por la playa con mi amigo más íntimo; Magnus.

Me he sentido tan bien, que incluso el mal rato que pasé con Joseph, Prisco y sus padres no pudo derrumbarme.

Un tip qué me dio Mundo al verme bajar el día siguiente, fue escuchar música positiva. Ha funcionado no tenía idea de cuanto puede influir la música en mi estado de ánimo. Lo comprobé cuando al seguir mi escritura, no me sentí lo suficientemente capaz para escribir ese resquiebre en la historia de los protagonistas qué marca un punto de inflexión en su historia. Así que la deje pausada por hoy.

Mi rutina el día de hoy ha tomado un giro, me siento con mucha energía, mientras la melodía que suena por mis audífonos es tan alegre me dan ganas de cantar, correr, bailar.

Lastima que no tengo amigos de mi edad con los cuales salir, lo haría con Vicky; pero ella al igual que yo duerme temprano.

Hoy no me apetece dormir temprano.

Como eso no va a suceder, planeo tener una cita conmigo misma, por sugerencia de Vicky. Así aun no tengo nada planeado solo visitar el local de Enrique, y charlar un poco con él. Siempre me viene bien hablar con él, con Vicky, o Mundo.

A Magnus le agrada mi nuevo humor de estos días, he estado tan depresiva últimamente que había olvidado que a mi hermoso amigo peludo le encanta jugar conmigo. El pobre ha de sentir que no lo quiero más. Por eso el día de hoy, traje una de sus pelotas con nosotros para que también se divierta.

Me quite los audífonos, y empecé a lanzar la pelota que Magnus seguía con una rapidez impresionante. La toma con el hocico, y regresa a mi. Mueve su cola, y saca su lengua contento.

—¿Quién es un buen amigo?—acaricie su pelaje cuando me devolvió la pelota para lanzarla otra vez—Tú eres un buen amigo, el mejor.

Repetí la acción un par de veces más, mi perro está feliz de correr libremente por el parque persiguiendo su pelota favorita.

Peter apareció en mi campo de visión, con ropa deportiva similar a la que usaba para ir al gimnasio.

—Hola, Ellen—llegó hasta mi.

Viene con su estúpido amigo, Prisco. El mantuvo su distancia de mi, lo que agradecí.

—Hola, Peter.

Coloca la correa de Magnus a su collar antes que el chico con cara de querer matarme comience a quejarse de todo.

—Te vez diferente hoy—dijo Peter.

—Supongo que gracias.

—¿Tienes planes esta noche?

—Uhm, pues, no. Xavier estará en Estados Unidos dos semanas completas, así que solo haré lo mismo de siempre, encerrarme en mi departamento apenas el sol se ponga.

Ante la mención de mi amigo, Prisco rueda los ojos.

—Ah, no sabía que tu amigo no estaba.

—Se fue un par de días.

No dijo nada más. De no ser porque me había confesado qué le gusto esto sería más fácil, y no sentiría algo extraño entre nosotros.

—Vale, yo… tengo que ir a recoger mi almuerzo con Enrique.

Caminé hacia dirección contraria, despidiéndome de Peter.

—Hoy en la noche iremos a un bar karaoke, ¿quieres venir? —me alcanzó.

—¿Iremos?

La idea suena tentadora. Más con estas ganas de distraerme qué tengo de salir el día de hoy, nunca he sido fan de estar sola en ese tipo de lugares, y puede ser una gran compañía.

—Matías, Prisco y yo.

Retiro lo dicho.

—Me gustaría ir, pero dudo mucho que a Prisco le agrade la idea.

Seguí mi camino. Peter no tardó nada en alcanzarme de nuevo.

—Oye, por el no habrá problema ¿Vale?

—No me apetece que tu amigo… Mejor otro día.

—Por el no hay problema, Ellen, de hecho fue él quien sugirió que te vinieras con nosotros—se apresuro a decir algo nervioso.

Es la primera vez desde que conozco a Prisco qué me sorprendió algo relacionado con él. ¿El lo había sugerido? ¿Por qué?

Gire a verlo, unos par de segundos. Desde que llego al edificio lo había catalogado como el epítome de todo lo que me irrita: esa sonrisa de superioridad, su actitud egocéntrica. Compartir un solo momentos con él era una prueba de paciencia diaria para mi.

Me quedé ahí, parpadeando. ¿Prisco? ¿Invitándome a mí? La idea era tan surrealista que mi cerebro tardó un momento en procesar la información. Por un lado, una alarma roja parpadeaba en mi cabeza; Seguro quiere venganza por lo del polvo pica pica.

De repente, una pequeña chispa de curiosidad se encendió por saber que fue lo que lo llevó a sugerir que fuera con ellos.

La sorpresa era monumental, y, para mi consternación, se mezclaba con un interés que no esperaba.

—¿Qué… qué Prisco qué?— conseguí balbucear, sintiendo cómo todos mis prejuicios sobre él empezaban a tambalearse.

—Es que le conté que te había invitado a la fiesta del otro día ¿recuerdas?

—Si, lo recuerdo.

—¿Qué dices? ¿Vienes?

La decisión que tome ahora puede ser perjudicial para el rumbo de la historia, bueno, o malo. Así que, por seguir el guion, acepte.

—Vale, esta bien.

—Genial—sonrió—. Pasaré por ti a tu departamento.

En este instante de mi vida sabía que me arrepentiría, si que lo haría. Pero es por el bien de la historia.

°°°

Peter paso a mi departamento como había dicho venía solo, sin su séquito de tarados. Después de unos cinco ladridos de Magnus, y asegurarme que tuviera agua y comida, salí detrás de Peter.

Este va a ser un buen story time para cuando vuelva Xavi.

Nos encontramos con Matías y Prisco en la recepción, y debo admitir que me fue imposible no fijarme en Prisco y si atuendo.

Una camisa blanca, y encima una chaqueta negra de cuero, de esas que te hacen ver malote y guapo a la vez. No admitiría en voz alta lo que acabo de pensar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.