Melodías Desordenadas

Doce

Ellen.

—¿Ya tienes todo listo?

—Ya.

—¿Tu maleta, tu pasaje, todo?

—Si, Vicky. Tengo todo listo.

Le pasé una hoja con los cuidados especiales de Magnus, mañana por la mañana debo viajar fuera de la ciudad, es mi reunión presencial con la editorial y Linda. Cuando le conté a Vicky la noticia se emociono tanto, y ella, al igual que las últimas dos veces va a cuidar de mi amigo canino.

—¿Cómo va tu libro?

También le conté que logre salir del bloqueo.

—Bien, sorpresivamente llevo un poco avanzado, siento que esta quedando muy bien.

—¿Lo vas a presentar mañana?

—No, la editorial quiere hacer un evento, una firma por la nueva novela que envié. Sorpresivamente les gustó.

—¿Tu primera firma?

—Sí.

Terminé de meter todo en mi maleta, sobre la cama.

Es la primera vez que se organiza un evento de este tipo, estoy demasiado emocionada por eso, aunque mi emoción no es evidente, sigo sin poder creerlo.

—¿Esa chaqueta de quien es?—señaló la silla donde la deje.

—De Prisco.

La tome, y fui directo a la cocina seguida de mi amigo perruno y Vicky, mire el calendario, y la hora en el reloj que tengo colgado encima de el.

—¿Dijiste de Prisco?

—Si, es… una larga historia, te la contaré cuando vuelva—alce la chaqueta—. Ayer Peter casi me hace una escena de celos por esto.

—¿Y que vas hacer ahora?

—Llevársela, tengo cita en el salón en una hora para hacerme mi retoque—explique—tengo que llegar antes.

—Claro, claro, ya se te empieza a ver la raíz.

Con Vicky salimos de mi departamento, juntas subimos a por las escaleras, pues el elevó esta en el noveno piso.

—Estaba pensando en cambiar el color— dije de pronto.

—¿Cuál?

—No lo se, algo más natural.

Llegamos hasta el pasillo de su casa. Vendría en la mañana a recoger a Magnus antes de irme.

—Creo que te queda muy bien el azul, Ellen.

—No lo sé, creo que le di mucha importancia a Jordan cuando me lo teñí.

Porque si, me teñí el cabello cuando por fin pude terminar con Jordan.

—A ver linda, no es que le estés dando importancia, tu mismo lo dijiste, ese color es un nuevo comienzo, dejándolo a él atrás.

Me acorde entonces de la escena de la fiesta de compromiso que hizo Arlet.

Llegué hasta la puerta de ella, frente a la de Prisco.

Vicky se despidió de mi, y entró a su departamento.

Di tres toques.

Matías abrió la puerta, ya me estaba acostumbrando a verlo seguido, hoy lleva la misma camiseta de de manga larga y rayas de colores que el día que lo conocí.

Apenase vio, su sonrisa se ensancho.

—Hey, ¿Qué tal, Ellen?

—Hola, ¿esta tu amigo?

—¿Peter o Prisco?

—Prisco ¿Por qué vendría a buscar a Peter aquí?

—No lo sé—recargo su hombro en el marco de la puerta—¿Por qué vendrías a buscar a Prisco?

—Solo quería devolverle esto antes de que irrumpa en mi casa de nuevo—alce la chaqueta.

—Ah, ahora no está.

—Bueno, dile que se la traje.

—Yo le digo, no te preocupes.

—Gracias.

Volví a mi departamento.

Aun me sobran unos minutos antes de ir al salón, así que me enfoque en alistar todo para salir lo más pronto. Deje las llaves de mi casa sobre la barra, juntos a las de mi auto, buscando mi teléfono. Revise casi todo mi departamento, debajo de la cama, del sofá, en la cocina, incluso hasta en la nevera. Antes, me había pasado un par de veces que lo guarde por error ahí.

Pero no estaba. Incluso me llamé desde el interfono de mi departamento, esperando escuchar ese rington tan básico que tengo. Nada. Ni siquiera salió la llamada.

Vi la hora en el reloj, aun tengo media hora antes de mi cita. Si salgo ahora llegaré a tiempo, dependiendo del tráfico.

Por la ventana de mi sala note que el aire estaba un poco fuerte, tomé las llaves de casa, y las del auto, lista para ir a mi cita en el salón. Al salir note que el día estaba un poco gris, lo que me desánimo un poco.

Mi buen humor con el que había despertado el otro día había desaparecido ayer, hoy solo había despertado como si nada, como si mi vida estuviera en automático. Es peor que cambie después del viaje.

Afortunadamente llegue a tiempo y sin problemas.

Estuve varias horas en el salón, no es para nada rápido que mi cabello tome el color azul al que estoy acostumbrada, y entre tintes y tratamientos pase casi el día completo ahí dentro.

Siempre me siento mejor cuando veo mi cabello sedoso y de ese tono azul rey qué me fascina.

Cuando regrese al edificio me encontré la recepción a obscuras, Mundo venía saliendo con una caja del pequeño desván que hay tras el mostrador.

—Hola de nuevo, señorita.

—Hola ¿Por qué esta todo a obscuras?—me acerque hasta el mostrador.

—En las noticias anunciaron que viene una fuerte llovizna, la electricidad se fue en varias partes de la zona debido a los fuertes vientos que hay.

—No lo sabía, espero que el clima esté mejor para mañana, tengo un vuelo a la capital y no lo puedo postergar.

Sacó un par de lámparas de la caja.

—Al parecer será solo esta noche, para que tome sus preocupaciones ¿tiene velas o algo para alumbrar?

—Creo que no, hace mucho que no reviso mi viejo closet.

—Tome una de estas—ofreció.

—Gracias, Mundo.

Tome una vieja lámpara de fuego, que me explico como encender.

Con razón sentía que todo estaba en un silencio demasiado estresante.

Poco a poco la oscuridad tomo el edificio, y al carecer del servicio eléctrico tuve que subir por las escaleras.

Cuando llegue a mi piso, y gire el pasillo de mi departamento me lleve una gran sorpresa. Lo que menos esperaba el día de hoy era ver a Joseph frente a mi puerta.

¿Cómo subió? Si Mundo lo conoce, y sabe que no debe dejarlo subir.

Sonrió a modo de saludo.

—Ellen.

—¿Qué haces aquí?




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