Melodías Desordenadas

Diesiséis

Prisco.

La noche en los separos se estiró como una liga a punto de romperse. El frío del banco de cemento se me cuela por la ropa y el eco de los gritos de un borracho en la celda de al lado no me dejaba pegar el ojo.

Me quedé mirando el techo, contando las grietas, pensando en la rostro pasivo de Ellen y en cómo Peter se había ido sin mirar atrás.

Estaba solo, a diferencia de la última vez que me arrestaron por vandalismo en la universidad, ni siquiera me había llegado a pasar la noche en el lugar.

​Cerca de las tres de la mañana, el sonido de unos pasos lentos rompió el silencio del pasillo.

No eran los pasos pesados del guardia, ni los tacones de Ellen.

​Me incorporé cuando una sombra se detuvo frente a los barrotes.

Matías está ahí, impecable, como si no estuviéramos en una delegación mugrienta a mitad de la madrugada. No dijo nada al principio, solo se quedó ahí, observándome con esa mirada que en mi tiempo de conocerlo no había visto jamás.

​—La cagaste, y mi jefe esta molesto.

—¿Yo como iba saber que el imbécil del cliente era un policía en cubierto? Esto es culpa tuya, tu me mandaste a entregar ese paquete.

—Baja la voz, no es momento buscar culpables.

​—Peter no dijo nada. Te lo aseguro—dije antes de empezara a reclamar.

​—Lo sé. Si hubiera dicho algo, no estaría yo aquí parado —respondió él, sacando un sobre de su abrigo—. Y tú no estarías vivo para recibirme.

​Hizo una seña hacia el final del pasillo y el guardia de turno apareció de inmediato, pero esta vez no traía la macana en la mano, sino una actitud casi servicial.

Abrió la celda sin rechistar.

​—Camina —ordenó Matías.

​Lo seguí por el pasillo hasta la oficina del comisario, donde vi cómo el sobre cambiaba de manos y los registros de mi detención desaparecía de la mesa con una rapidez asombrosa.

Corruptos de mierda.

Matías no pagó una fianza común, compró el silencio y mi libertad de un solo golpe.

​Salimos a la calle y el aire fresco de la madrugada me golpeó la cara. El coche negro de Matías esperaba con el motor encendido, soltando un leve vapor por el escape.

​—Ellen pagó la de Peter, su padre se lo llevó —le dije, rompiendo el silencio mientras caminábamos hacia el vehículo.

​Matías se detuvo antes de abrir la puerta del conductor y me miró fijamente.

—Nunca debiste involucrar a Peter en esto, Prisco, y sobre Ellen… ¿ya hablaste con ella?

—No.

​—Pues hazlo rápido, antes que mi jefe se entere que sabe sobre esto. Y a partir de hoy Peter está fuera del juego, y tú… tú me debes una muy grande, Prisco.

​Subió al coche y arrancó, dejándome ahí parado en la acera, libre pero con una deuda que pesaba mucho más que cualquier cadena de la policía.

El dinero me lo habían quitado, y estoy sin un centavo.

—Me lleva la… —le di una patada a un bote de basura.

Ahora tendré que caminar hasta el maldito edificio.

Ellen.


—Es hermosa.

—Es muy simple.

—Yo creo que va perfectamente con la trama del libro.

Esta mañana Linda me había enviado la portada oficial del libro, la había mandado hacer con un diseñador que la editorial me pagó sin que yo me diera cuenta.

Los primeros dos libros había tenido que pagar yo el servicio, y esta vez fue por parte de la casa.

Había revisado los post de publicidad, no revelaban la portada, solo daban un indicio de que pronto habría un nuevo libro y pronto se revelaría el nombre también.

Me sorprendió la respuesta positiva que tuvo, a pesar de aún ser una incógnita el nombre, la portada, y la sinopsis.

Solo con mi nombre ya tuvo una muy alta cantidad de likes, comentarios y reposts de personas que esperaban a ver mi nueva obra.

No lanzarían el nombre ni la portada hasta que lo aprobará, y enseguida vine a mostrárselo a Vicky y a Xavier para saber su opinión.

—Yo no le encuentro sentido con la historia—me queje.

—Pues yo si, digo, las nubes pueden representar los sueños que tiene ella durante el libro, y que el cielo del fondo sea rosa que aparte del color favorito de la protagonista la mayoría de las cosas relacionados con su pasado son de ese color.

—¿Ya leíste el libro?—inquirió Vicky

—Ellen me dejo leerlo

—¿Por qué Xavier ya lo dejaste leer el libro y a mi no?

—No lo deje leerlo, el otro día le preste mi portátil y anduvo de metiche entre mis archivos—cerré la tapa del aparato con la imagen.

—Solo quería saber si no habías escrito nuestra historia.

—Te dije que no lo hice.

—Si, ya me di cuenta, solo tienes historias sobre Jack, y Rapunzel.

—¡¿Rapunzel?!

—¡Esa la borre!

Xavier se había quedado en el departamento de Vicky por culpa de Emma, que llegó de la nada ayer a mi departamento. Por suerte me salí, y evite que Xavi llegara ahí.

No por que no quería que supieran que vive conmigo, sino porque Jack estaba ahí, y la verdad no los imaginaba a ambos juntos en una habitación. Y menos después de que le conté a Xavier la historia de Jack y Emma.

—¿Estas segura? Porque yo la miré entre tus archivos.

—¡La borré! Además, solo era un estúpido capítulo del primer día que nos conocimos.

Vicky nos observó con una sonrisa gigante en los labios.

—Entonces, admites qué si habías escrito sobre él.

—¡Solo fue un estúpido capitulo que nunca terminé! ¡Y lo borré hace mucho tiempo!

—No lo dudo, solo me gusta molestarte con tu gran elección de hombres—recargo sus brazos sobre la mesa.

—Y ahora podemos incluir a Peter oficialmente al club de los enamorados de Ellen.

Rodé los ojos ante la mención de Peter.

Sinceramente solo pensaba en i para no estar en mi casa con mi hermana, pero cuando me dijo que Prisco lo había casi obligado a ir me dio coraje.




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