Ellen.
Mi felicidad fue efímera.
Había terminado el viernes con una nueva sensación, esa nueva sensación de que algo iba a cambiar en mi vida para mejor.
Hoy al despertar, me sentí diferente, en incluso después de correr por el parque como siempre había llegado a casa y había podido avanzar en la nueva historia que estaba escribiendo.
Todo iba perfecto, Xavier había ordenado el desayuno antes de irse a casa de sus padres, Magnus estaba contento sobre mi cama jugando con uno de sus juguetes favoritos, Vicky me dijo que ya había comenzado a leer el libro y Mundo también.
Todo se fue al carajo cuando, por curiosidad me metí al perfil de Joseph en Facebook. Alguien le etiqueto una publicación sobre que “El gran Día” era hoy.
No voy a mentir, la curiosidad pudo más, y me metí a los comentarios. Resulta que el día de su boda es justamente hoy, alguien había publicado el lugar, la fecha y la hora.
Como si me hicieran una invitación pública a asistir al evento.
Y bueno, aquí estoy, afuera de un salón de eventos al cual llegan personas que no conozco, del otro lado de la cera, en mi auto viendo como llegan y llegan los invitados.
Ni siquiera sé a que vine, ni porque me arregle como si fuera una invitada más. Supongo que mi inconsciente me traicionó, me había puesto un vestido negro, los tirantes son pequeñas piedras qué sostienen la tela sobre mis hombros, y el escote… bueno, parezco como si estuviera decidida a interrumpir su unión como una ex despechada.
Estuve casi todo el día dándole vueltas a la idea, incluso ya vestida pensé que no era buena idea, y al final por un impulso tomé mis llaves y salí de mi casa.
Un auto con arreglos de flores en el capo de estacionó fuera de la entrada, y mi corazón dio un vuelco al saber que se trata de ellos.
¿Por qué siempre que avanzo, parezco retroceder mil pasos?
Me había sentido tan bien al decirle a Jack que no lo amo, me había sentido bien al bloquear a Joseph, y ahora estoy aquí, viendo desde lejos como el baja del auto, con su esmoquin impecable, y ella con ese vestido blanco que solo me recuerda que es ella quien está ahí.
No lo voy a negar, aunque Joseph y yo no tuvimos nada “formal” me llegó a hablar de planes a futuro conmigo, llegó a hablar de una vida conmigo, e incluso un negocio que el iniciaba.
Llegué a imaginarlo.
Y bueno, todas esas mentiras se fueron por un caño.
¿Por qué nadie nos prepara para estas situaciones? ¿Por qué nadie habla de este tipo de situaciones?
Siempre se habla del ex, lo que te hizo, que te rompe el corazón. Pero nadie te habla de esa persona que nunca llega a ser nada.
Y eso es lo que duele, que te quedas con la idea de que pudo ser algo, te quedas con la duda de si habrían funcionado. Eso te tortura por días, meses e incluso años.
Esto es diferente a terminar con un novio, porque al menos tuviste la certeza de que estas terminando con él por una razón especifica, y Joseph me dejó con la duda, me dejó con mil preguntas de si yo había sido la culpable, me dejó con la duda de cómo hubiéramos sido juntos.
Pero en fin.
Oficialmente esta casado.
Tres toques en el cristal de mi ventana me sobresalta en el asiento. Al voltear, Prisco esta ahí, observándome con una ceja alzada desde fuera de mi jeep.
Baje el vidrio, a lo que el se recargo en la puerta del auto.
—¿Qué quieres?
—Venía caminando y reconocí tu auto.
—Y justamente tenías que caminar por aquí.
—Mi estudio esta por esta calle—alzó los hombros o o si nada—Dime ¿Qué haces por aquí? Nunca te había visto en esta zona de la ciudad y mira que siempre te veo en los lugares donde voy.
—No te interesa.
—¿De quien te escondes?
—No me estoy escondiendo de nadie—espete—. Solo estaba revisando una ruta en el GPS. Ya me iba.
Prisco no se movió. Ni siquiera parpadeó.
Se limitó a observar el tablero del coche, donde la pantalla del GPS estaba completamente apagada.
—¿Con el GPS apagado? Por supuesto, así vas a llegar más rápido, Ellen.
—Lárgate, no tienes nada que hacer aquí.
Alzó las manos en señal de inocencia.
—No soy yo quien está espiando una boda, eh. Y curiosamente, es la boda de ese cara de Muppet qué acaba de entrar.
—Si viniste a darme un sermón sobre que debo superarlo, ahórratelo. No necesito que nadie me rescate, y mucho menos tú.
—Ni quien quiera rescatarte, Ellen. Allá tu si quieres seguir siendo siempre el plato de segunda mesa.
Se alejó lo suficiente para dejar de verlo incluso por el espejo retrovisor, y justo cuando creí que se marcharía y me dejaría en paz, la puerta del copiloto se abrió y entró a mi auto sin permiso.
Me maldije mentalmente por no colocar el seguro.
No me miró. Simplemente se hundió en el respaldo y clavó la vista en el mismo punto que yo, la entrada del salón, donde las siluetas de los invitados entraban y salían entre risas y había destellos de flashes.
—Nadie te dijo que subieras
—El asiento estaba vacío y la vista es… interesante—murmuró—. ¿Sabes algo?
—¿Qué?
—Ni siquiera esta tan bonita.
—¿Quién?
—Ella. Cuando venía del otro lado pude verla cuando bajo del auto y uff, ni siquiera las tortas de maquillaje qué lleva en el rostro le ayudan a verse mejor, y ese cabello de choco flan—soltó una risa burlona—. Al menos tu color es más original, delata lo mal que estas de la cabeza, pero es original.
No dije nada.
A ella no la conozco de frente, solo llegué a verla en fotos que el subía de vez en cuando con ella.
Siempre creí que no era tan bonita, pero era un pensamiento que mío que justificaba al sentirme desplazada. Hubo ocasiones en las que me pregunté lo que toda mujer se pregunta, ¿qué tiene ella que no tenga yo? Llegue a compárame incluso, su físico, su cabello, su rostro. Todo.
Quería encontrar la razón de no ser suficiente para él.
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Editado: 01.04.2026