Melodías Desordenadas

Catorce

Ellen.

Volver a casa después de la reunión en la editorial fue… extraño. Sobre te todo por esa llamada tan extraña de Prisco.

—Bienvenida a casa, señorita Prescott—dijo mundo cuando me vio entrar con mi pequeña maleta—¿Cómo le fue en su viaje?.

—Genial, la editorial hará una firma de libros pronto.

—Me alegro mucho porque este cumpliendo sus sueños.

—Gracias.

Saque el teléfono y ordene tres almuerzos al restaurante de Enrique, como siempre.

—No la veo muy feliz por la noticia—comentó.

—No lo estoy, a pesar de todo siento que algo me falta.

—El joven Joseph vino a buscarla en los días que estuvo fuera.

Me tense, no le había respondido a ese mensaje que me envió en el aeropuerto. Tampoco había pensado en el después de lo que pasó en el departamento con Prisco.

—¿Qué dijo?

—No mucho, dijo que quería verla una última vez antes de… —se detuvo.

No necesite que lo dijera, sabía exactamente a que se refería.

—Pues que se quede con las ganas, su novia no merece que le mienta de esa forma y tampoco me voy a seguir prestando para eso.

Mundo sonrió.

—Anoche llegó el joven Xavier—informó.

—Si, me llamó para avisarme ¿le dio el manojo de llaves extra?

—Por supuesto.

—Gracias—tome mi maleta de nuevo—. El almuerzo viene en camino, cuando llegue quédese con el suyo y me llama para bajar por el mío.

—Muchas gracias, señorita Prescott.

—Gracias Mundo, que tengas un lindo día.

—Igualmente..

Desde que salí de la editorial he tendió esa sensación de que algo me falta, a pesar de tener lo que siempre quise.

Camine directo al ascensor, últimamente he tenido la inercia de llamar a mis padres, pero recuerdo mis días bajo su techo y me entra la duda de si debería o no.

Justo cuando las puertas se abrieron, una llamada entro a mi teléfono. Es Emma.

—¡Hola, hermanita!—exclamó.

Mi respuesta fue cortada por la presencia de Prisco al salir del ascensor. Me miró de arriba abajo, y yo no supe como reaccionar.

—¡Ellen!

—Ah, ¿Qué pasa Emma?—entre al ascensor ignorando a Prisco—¿Necesitas algo?

—Si, de hecho, para eso te llamé.

—¿Para que más lo harías?—fije la vista en el suelo metálico.

—Ay, Ellen. No seas quejumbrosa—se quejó.

La puerta de ascensor volvió abrirse, dejando ver a Prisco, que había regresado a la caja metálica.

—Entonces ¿Qué necesitas?

Prisco se paró a un lado de mi, podía sentir su intensa mirada sobre mi cuando las puertas se cerraron por completo y el ascensor se movió.

—Escucha, quiero que seas mi madrina en mi boda con Jack.

Sus palabras fueron como un balde de agua fría para mí. Ni la cubeta qué Prisco me había lanzado el primer día que lo conocí se le comparaba a lo que sentí en ese momento.

Qué lo dijera era una cosa, nunca pensé que fuese una realidad.

—¿Y-ya te lo pidió?

—¡Pues claro que si! ¡Si lo hubieras visto, Ellen, fue tan romántico!

Aquel día que me dijo que me amaba volvió a mi mente, ese estúpido mensaje que ni siquiera he sido capaz de borrar.

El nudo en mi garganta se hizo presente, no por Jack. Aunque admito que si hay un leve sentimiento en mi corazón por él.

—Felicidades—dije casi en un susurro—¿Cuándo… es la boda?

—En unos meses, después de la boda de Sonya. ¿No es genial? ¡Jack y yo estamos juntos, formando esa familia que alguna vez soñé! Lyn ha estado muy apegada a él últimamente, pero creo que solo es porque siente celos del embarazo y el rechazo. Su pediatra dice que es normal.

Solté un suspiro, eso fue suficiente para derrumbar mi día por completo.

—Si, tal vez sea por eso.

—Oye, mi fiesta de compromiso será en dos semanas, así que tienes que venir.

—No puedo, en dos semanas tengo algo importante que hacer.

Ni siquiera esperé a que me dijera la fecha, no quiero estar presente en un lugar sabiendo que aquel chico que prometió casarse conmigo a los quince años ahora está nada de hacerlo con mi hermana.

—Ellen, por Dios. Vas a ser mi madrina…

Las puertas del ascensor se abrieron de nuevo en mi piso.

—Ni siquiera me pregustaste si quería serlo—salí con mi maleta.

Prisco me siguió a pocos pasos de distancia.

—¡Tienes que serlo! Ya deja tu estúpido orgullo con mamá y papá, ellos están felices de que Jack y yo nos vamos a casar.

La mención de mis padres fue el colmo.

Colgué la llamada sin decir nada.

No es orgullo, es que cuando me fui de casa ellos me dijeron que no me volviera a parar ahí, me dijeron que no querían saber absolutamente nada de mi, y lo estoy cumpliendo.

Fue entonces cuando Ellen Prescott nació, y Elody Anderson murió. No escogí un nuevo nombre solo como un seudónimo de escritora, escogí un nuevo nombre para si un día lograba cumplir mis sueños, ellos ni siquiera supieran nada al respecto sobre mi. Escogí ese nombre como un nuevo inicio, uno que no arrastra años y años de maltrato en una familia donde el único fallo y error era ella.

Llegué a mi puerta, los ladridos de Magnus se escucharon al otro lado apenas me plante frente a ella.

Ni siquiera esperé a nada, se que Prisco viene detrás de mi por lo de anoche.

—Se que vienes detrás de mi—murmure cuando no dio la vuelta en el pasillo.

—Qué bueno que sepas que soy tu sombra.

Me gire para verlo, su expresión sería, los brazos cruzados sobre su pecho. No parece ser ese chico que bajo la oscuridad de mi departamento y la sola llama de una lámpara vieja de fuego me dijo que merezco ser amada.

—¿Qué quieres?

—Tenemos que hablar de algo.

—No estoy de humor..

Tome el azar de mi maleta y abrí la puerta solo para encontrar a Xavier en la cocina con un delantal ridículo.

—Ellen, llegaste.

No le respondí, y el enseguida lo noto. Fue tan amable de no mencionar nada frente a Prisco, que se había acercado al umbral de la puerta como el chismoso que es..




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.