Ellen.
Qué vergüenza.
No se como demonios me deje llevar por el «Te reto» del imbécil de Prisco.
Xavier se ha marchado después de eso, y por alguna otra maldita razón, deje que Prisco bailará conmigo en la pista.
Muy, pero muyyyy pegado a mi.
Literalmente le sentí hasta lo que no debía. Encima sus manos se aferraron a mi como si fuera de su propiedad.
¡¿Qué se cree el maldito imbecil insoportable de Prisco?!
¡¿Qué mierda me paso por la cabeza para dejarme tocar por estúpidas y horrorosa y grande manos?!
Pues eso, mierda tenía en la cabeza. Unos míseros cuántos tragos con alcohol y ya ando perdiendo el sentido y la sensatez.
Mojo mis manos, y me hecho agua en la cara tratando de que el subidón de alcohol que me dio se me baje.
Prisco y su hermana siguen allá afuera, bailado con una canción más alegre, saltando y brincando.
Me alegra que al menos Sabrina se la esté pasando bien.
Me miro por el espejo del baño, tengo las mejillas sonrosadas, y el cabello alborotado. Los ojos me arden y anhelo llegar a casa y poder quitarme las lentillas ya, no estoy acostumbrada llevarlas mucho tiempo, usualmente uso las gafas y cuando no prefiero batallar con la vista en vez de ponerme estos plásticos. El corsé ya me es incómodo y me choca que los listones se caigan de mis hombros a cada momento.
Solo quiero ir a casa.
Tomo mi bolso y salgo del baño, el pasillo afortunadamente es angosto por lo que las personas que están ahí no se amontonan.
Salgo en busca de Sabrina, vinimos por separado pero le he ofrecido que se vaya conmigo en mi jeep. Lo que significa que el odioso también va.
No me importa, solo necesito tocar mi cama ya.
Alzó la vista cuando veo la mesa vacía, no logro distinguirlos entre toda la gente que baila.
O es que el lugar tiene mala iluminación, o es que me he quedado más ciega.
Intento moverme hacia el otro lado, sin quitar la vista del centro para ver si tengo éxito, mi cuerpo impacta con un cuerpo que me rodea con sus brazos de inmediato para no caer de bruces contra el suelo.
—Lo siento, no te vi—le digo.
—Tranquila, no es como que haya mucho espacio tampoco.
Alzó la vista y me encuentro con unos ojos azules muy bonitos mirándome. A pesar de la poca luz el color de sus ojos es muy notable, quizá porque las luces azules y blancas lo resaltan.
Siento el calor en mi cara al hacer contacto visual con el chico.
—Ah, sí, es muy pequeño el lugar.
En serio, unos empleados han tenido que mover sillas y mesas para que las gente quepa en el minúsculo espacio.
—Eso y que hoy hay más gente de lo usual—sonríe—Me llamó Mateo.
—Ellen—también le sonrió.
—Lindo color de cabello, Ellen.
—Ah... gracias—reí—. Igual, esta muy maltratado, necesita un descanso de tanto tinte y secadores y planchas y...
Mierda, ¿porque me pongo como niña de secundaria? Literalmente estoy actuando como cuando Jack me habló la primera vez que nos vimos.
—Lo siento, estoy hablando demasiado.
—No te preocupes, es muy original el color.
—No creo que lo sea.
—De verdad, he visto chicas cambiar de look seguido, negro, castaño, rubio, cobrizo, ¿pero azul? Es muy peculiar, te queda lindo.
Dios, ¿acaso esta coqueteando conmigo?
No.
Estoy alucinado.
Definitivamente estoy alucinado, hace más de un año y medio que no salgo con nadie, mi vida ha sido puro drama del pasado estos últimos meses.
No está coqueteando conmigo.
—Si, bueno, no es muy lindo que se me caiga cada vez que me paso el cepillo, o que cada que me baño el agua sale azul, o que no puedo entrar a las albercas con el cabello suelto... otra vez estoy hablando demasiado—solté una risa boba.
Mateo suelta una carcajada suave que puedo escuchar a pesar del volumen de la música.
—Eres muy divertida, Ellen. Y bonita.
Mierda, si esta coqueteando conmigo. Rayos, estoy oxidada en esto.
—¿Lo crees?
—Por supuesto.
No olvido el hecho de que aun mantiene su brazo alrededor de mi cuerpo. No me molesta tampoco.
—Bueno, gracias. No me lo dicen muy a menudo.
Y otra vez estoy roja de la cara.
Creo que ya olvide que estaba haciendo.
Afortunadamente no es visible por las luces bajas de colores que cambian cada minuto.
—Oye, se que no es el mejor lugar para ligar, pero...
Mierda.
—¿Te gustaría que saliéramos de aquí?—suelta y mi corazón late un poco más fuerte—La verdad es que este tipo de ambiente casi no me gusta, vine por una amiga y su novio pero solo soy el mal tercio. Ya sabes, para alejarnos de todo este ruido
—Claro, solo... —ya recordé que estaba haciendo—, es que he venido con una amiga, y su hermano. Son mis vecinos y habíamos quedado de irnos juntos.
Y una mierda, vámonos con el chico guapo.
Quisiera.
—Oh, bueno yo podría...
Ni siquiera termina la frase cuando de golpe alguien lo aleja de mi, su brazo abandona mi cintura, y lo siguiente que veo es que alguien arremete un puñetazo en la car de Mateo.
—Aléjate, imbécil.
Mierda.
Ese maldito tatuaje de rosas en el brazo, ese maldito tatuaje de mariposa lo reconozco.
Es Prisco.
Mierda.
—¡¿Qué mierda haces?! ¡¿Por qué lo golpeas?!—intento quitárselo de encima—¡Suéltalo!
No me escucha. En cambio vuelve a golpear su rostro una y otra vez más.
—¡Prisco, déjalo!—intento de nuevo detenerlo—¡Lo vas a matar!
Quiero detener su brazo qué sube y vuelve a impactar en la cara del pobre Mateo que yace en el suelo sin defenderse.
¿Cuál fue mi error? Tomarlo por el brazo.
Prisco esta tan fiera de sus cabales qué no me escucha, cuando le grito que lo suelte.
Sabrina aparece, y entonces noto que todo el mundo ha dejado de bailar, la música ha bajado, pero no me importa que seamos el centro de atención.
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Editado: 23.07.2026