Ellen.
Mi mal humor ha empeorado. Y todo es por culpa del imbécil, insoportable, insufrible, y agresivo de Prisco.
Si. Todo es culpa suya.
No vómito mi Jeep, pero el desastre que hizo al escupir el café en mi piso terminó por derramar la gota del vaso.
Tenía que salir de ahí antes de arrancarle la cabeza en frente de su hermana.
Solo di vueltas por el parque con Magnus, y de alguna manera eso logro enfriarme la cabeza.
Sabrina es una gran chica es linda, amable, y tiene una esencia pura que para nada se parece a la de Prisco.
Le había dejado mi número telefónico en el ejemplar que le regale, de inmediato me mando un mensaje y desde entonces hemos estado charlado. Fue como me invitó a ir al karaoke con el odioso de su hermano.
Ayer, antes de la invitación la invite a desayunar al local de Enrique, y se la presente. Magnus la adora.
—¿En serio hizo eso?—preguntó Xavi, a m lado.
—Sí.
—Pero, ¿Por qué?—cuestionó Vicky.
—Porque no es más que un imbécil, borracho y agresivo.
—No debí dejarte sola con ellos, Ellen. Debí quedarme contigo.
—No importa, ya pasó—mire hacia la puerta de embarque del aeropuerto—. Solo espero que el pobre de Mateo esté bien, ni siquiera pudimos hablar más de cinco minutos.
Vicky, Xavi y yo estamos en el aeropuerto esperando a Peter, y a su mamá. Finalmente pudo solucionar sus problemas con los papeles de traslado y acaban de aterrizar.
—Bueno, al menos intentaste ligar con alguien—murmura Vicky.
—No lo intenté, solo me tope con ese chico y cuando me di cuenta que estaba flirteando conmigo el imbécil de Prisco lo golpeó. Estoy segura de que el tipo jamás en su vida se le va olvidar quien era yo, y no por buenas razones.
—Bueno, al menos no se va olvidar de ti nunca.
—Ahí viene Peter—señala.
Y si.
Camina un poco lento por venir sosteniendo el brazo de una mujer. Su mamá.
Vaya, Peter y ella se parecen demasiado, a excepción de que Peter tiene el color de los ojos del señor Thomas.
Los tres nos acercamos hasta ellos, a Pet se le ilumina la mirada en cuanto nos ve ahí.
—Hola, de verdad, gracias por hacer esto por mi—murmura.
—No tienes que agradecer, Peter, para eso estamos los amigos ¿No?—Xavier le da una palmada en el hombro.
—Exacto, y los vecinos también—dice Vicky—¿De que nos sirve vivir en el mismo lugar si vamos a tratarnos como desconocidos? Como si no nos viéramos las caras todos los días.
Peter sonrió.
—Ella es mi mamá, Eugenia. Mamá ellos son Ellen, Xavier, el chico que te conté que nos ayudara con el hospital, y Vicky.
—Encantada, Eugenia—Vicky le abrazó de inmediato
—Gracias de verdad por hacer eso por nosotros—le devolvió el abrazo con una sonrisa.
—No hay de que, Eugenia, mi departamento es grande y me vendrá bien una compañera.
La señora Eugenia comenzó a llorar en silencio, cuando se apartó de ella. Fui la siguiente. Le di un abrazo y pude sentir como hacia todo por no llorar.
—Gracias por ayudar a mi hijo con el dinero, Ellen, eres un ángel—murmuro al separarse—. Todos ustedes son unos ángeles.
—Peter es un gran chico—aseguró Vicky—. Lo hacemos de todo corazón.
Los guíe al auto, mientras Xavier les ayudo con las maletas. Las puso en el maletero y después paso a sentarse en el asiento de piloto, no me apetece conducir, y le he pedido el favor.
—Bueno, en marcha—murmuró encendiendo el motor.
Durante el camino, Xavier les explicó a Peter y su madre los documentos que necesitan para ingresarla al hospital y que reciba al tratamiento, Vicky le contó que se quedaría con ella, en su departamento. Se ofreció a pagar un alquiler pero Vicky se negó.
Al llegar, le presentamos a Mundo. Vicky le informo que se estaría quedando con ella por tiempo indefinido, y le dio la bienvenida a Eugenio.
Le prometí invitarla a comer esta tarde y llevarla a conocer a Enrique, y mientras Peter y Vicky suben con ella para que se instale.
Xavier me acompaña a mi casa.
—¿Te puedo hacer una pregunta?—habla cuando llegamos a mi puerta.
—¿Cual?
—¿Por qué cantaste con el?
—¿A que viene eso?—entramos.
—A que me habías dicho que no te agrada.
No voy a negar que al estar ahí, en el escenario, sentí una adrenalina en mi cuerpo que me gustó, y cuando el imbécil me puso el micrófono de nuevo, solo quería volver a sentir la adrenalina.
—No lo sé, solo quería distraerme un poco—murmure cerrando la puerta de mi departamento.
—¿Distraerte?
Recordé el porqué acepté la propuesta de Sabrina. Todo ese rollo de la amenaza hacia Prisco qué aun sigo sin comprender que tengo que ver yo en eso.
—Sí—dije en voz baja—. He estado muy estresado, aún no he decidido si firmar el contrato de renovación con la editorial, y faltan unos días para el lanzamiento—omití la parte de Prisco—. Encima estaba teniendo unos días muy extraños.
Se mantuvo en silencio un minuto que me pareció raro.
—¿Qué?
—¿Qué de que?—me miró apenas se sentó en mi sofá.
—Te quedaste en silencio—me cruce de brazos—¿Me quieres decir algo respecto a lo de anoche?
—No... no es sobre lo de anoche—paso una mano por su cara—. Es sobre Cassie.
—¿Sobre Cassie? ¿Tu novia gringa?
—Sí... ella quiere conocerte..
—¿Quiere que?
—Le conté sobre lo que hablamos la noche antes de tu presentación—explicó, apoyando sus codos en sus rodillas—. Ya sabe que estuve viviendo contigo por un tiempo en lo que me encontraba un lugar propio. Se molesto al principio, pero, lo entendió cuando le dije que no tenía un lugar donde quedarme, y la casa de mis padres no era una opción para mis turnos de guardia en el hospital.
—Vale... así que quiere conocer a la chica con la que viviste unos meses.
—Si no estas de acuerdo puedo decirle que...
—No, esta bien—lo interrumpí—. Me encantaría conocer a Cassie.
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Editado: 28.08.2026