Claramente está jugando conmigo, de otra forma no sería capaz de decir esas cosas.
Incorporo mi cuerpo haciendo que se eche atrás. Cruzo mis piernas y con ello me levanto mejor de lo que esperaba. Solamente con el top deportivo y unas mayas negras que están por encima de mi rodilla. Pongo mis manos en las caderas, en la famosa posición de jarra con una mirada dura, seria y que no deja pasar nada.
-Vamos a ver Christopher Bang Chan – el nombre completo siempre da más miedo -. No sé qué esperabas con esas palabras, pero por el buen trabajo profesional, por el que me siento orgullosa, tengo la obligación de decirte que pares.
Apenas el murmullo de la música que sale los cascos, es lo que acompaña mis palabras mientras sigue en el suelo de rodillas con las manos sobre ellas.
No es la mejor posición para echarle una bronca ahora. Mierda. Se ha cambiado de ropa, unos pantalones grises de chándal y su camisa negra de tirantas, las comprará en lotes seguramente.
-No voy con ninguna intensión – dice levantándose al fin del suelo, se sacude el pantalón gris de chándal y sus ojos se quedan fijos en mí -. Solo ha sido de broma, suelo bromear.
-No bromeas con mujeres – cruzo mis brazos y los descruzo cuando siento como mi pecho se levanta por el gesto, estoy acalorada, estoy nerviosa, me siento ansiosa.
-Eso lo has deducido por los videos ¿cierto? – sabe lo que dice, pero no sabe que yo investigo antes de trabajar con alguien -. Si, bromeo con mujeres cuando me siento cómodo con ellas, y contigo me siento cómodo. Aunque parezca que no, soy un líder que tiene que aparentar ciertas posturas, por si no te habías dado cuenta.
Eso ha sido un golpe bajo, ¿porque no puede ser como todos los artistas, profesional y no traspasar la línea profesional? ¿Por qué tiene que ser adorable cuando habla? Le doy la espalda, pasándome la mano por el pelo hasta llegar a la punta de la cola alta. Vale, si quiere que seamos amigos, lo seré, puedo ser amiga de un idols, es fácil. Sencillo.
-De acuerdo – contesto volviéndome de nuevo, pero su vista está en mis piernas -. Te pido disculpas por mi comportamiento, estoy exhausta de todo el día, del gimnasio y la verdad es que no estoy pensando sensatamente – no me dice nada hasta que sigo la dirección de sus ojos, el tatuaje de mi gemelo -. Si ya sé que Hyunjin, ve esta serie, pero en mi defensa diré que me he leído el manga antes y me la he visto entera, antes.
-Joder, sí que sois frikis los dos – cuando levanta la vista me mira sonriendo, una sonrisa que brilla de felicidad, por una travesura que va hacer -. Se lo tengo que enseñar – saca el móvil y le hace una foto en el segundo que me quedo mirándolo como una boba mientras sonríe.
-Sí, claro haz la foto sin problema – comienzo a caminar recogiendo mis cosas del suelo e ignorando que intenta hacerle una foto a mi tatuaje.
-Espera, ha salido movida – dice volviendo a intentarlo -. Emma… por favor, déjame hacerle una foto, espera.
Camino dando pasos largos para llegar lo antes posible a la puerta de salida. Llevo la camisa echada sobre el hombro junto la toalla, el móvil y los cascos en una mano y la botella en la otra. Este odioso hombre, de verdad que no entiendo como puede ser tan sensible con algunas cosas y tan estúpido para otras. Hombres, todo son…
-Emma – solo es mi nombre, pero ha sonado como una orden que no debo desacatar -. Espera, por favor – mi cuerpo inmóvil escucha atentamente cada paso que da hasta llegar a mí -. Perdona, no quería hacerlo sin preguntar – frente a mí, esta frente a mi entre dos sacos de boxeos -. Tendría que haber preguntado.
Lo miro, casi de mi estatuara. Nuestros ojos están conectados y siento como el cuerpo hierve, se vuelve a llenar de esa ira que no se frena por mucho ejercicio que haga. Esto no es bueno, nada bueno. Las manos me hormiguean deseando tocarlo, sentir el calor. Esto no es bueno. Esta mal.
-Coge unos guantes de sparring – es lo único que puedo hacer para eliminar esta sensación -. Así es como te voy a perdonar, no puedo darle patadas fuertes al saco sin quedarme sin tobillos, asique serás mi sparring.
Sus ojos se abren como platos, sorprendido por mi cambio radical. La sensación de temblor me vuelve a llegar a los brazos, las piernas por ahora se salvan, por suerte. Cuando el hoyuelo le sale, sé que está feliz de verdad, creerá que podrá aguantar mis golpes. Los puños pueden, pero el de las piernas, lo dudo.
Como niño pequeño sale corriendo, literalmente, hace un sprint hasta donde están los guantes. Saca los que necesitamos de arriba y golpe de abajo. Deja las zapatillas de deporte a un lado, y se pone en posición al lado del ring, esperándome, mientras vuelvo a dejar las cosas en un banco cercano. Desconecto los cascos del móvil y le doy a reproducir la lista de entrenamiento sonando por el altavoz del móvil
-Espero que no te moleste esta música – comento reajustando las cintas mientras dejo las zapatillas al lado del banco junto las suyas -. Es la que suelo escuchar mientras entreno, por el ritmo seguido de dopamina.
-Me gusta el carácter de la música – comenta poniendo en guardia -. ¿Cómo quieres hacerlo? ¿Cinco y cinco?
-Soy más de cinco cuerpo y tres arriba ¿podrás? – enfrente de él, pongo mi cuerpo en posición lista para golpear directamente arriba.
-Cuando quieras – sonríe esperando golpes suaves como con el saco de boxeo.
El primer golpe en el guante del pecho lo hace poner una mueca, lo sabía, esperaba que fuera más flojo, más suave. Lo que no sabe, es que cuando entrenas con el campeón del boxeo en pesos bajo te enseñan hacer estas cosas. Para protegerte, para cuidarme, para ser más fuerte.
Después de los cinco golpes en el pecho donde tiene el guante, doy tres patadas repetidas arriba sin bajarla. Para colocarme de nuevo en la posición de golpes.
-Espera – dice bajando los guantes -. Eso es más fuerte que cuando has golpeado… - lo piensa mientras sonrío de lado -. No podías hacerlo porque te lesionarías – una afirmación para él, no para mí -. Eso es jugar sucio.