Melodías Prohibidas

Capítulo 11

Cuando las puertas del ascensor se abren, efectivamente, Chris ya está aquí calentando mientras estiraza los músculos de su espalda descubierta. Doble mierda. Una música tecno se cuela por los altavoces, conforme voy andando hasta donde se encuentran las diferentes máquinas de pecho, brazo y piernas.

Camino dejando mis cosas en una banca cercana donde están las suyas, su toalla, su móvil y su camiseta negra, a juego con los pantalones cortos negros y sus zapatillas negras. Sus ojos revisan mi cuerpo entero mientras camino hacia él con los brazos a los lados de mi cuerpo. Sonrío intentando que sea más dócil conmigo cuando quedo a un brazo de distancia de él. Su torso blanco marca perfectamente cada músculo que se encuentra en su anatomía, el pecho donde perfectamente puede servir como almohada y unos abdominales que sirven para rayar el queso más duro del mundo. Triple mierda.

Trago saliva intentando ocultar el escrutinio de mi mirada sobre su cuerpo exhibido ante mí. Soy una mujer débil, lo admito, muy débil.

- ¿De quién es esta vez la camiseta? – dice sonriendo de lado, de esa forma sexy que tiene cuando piensa en una travesura.

-Pues del más fuerte de tu grupo obviamente – digo sin dejar de verlo, de ver su cuerpo, mierda por cuatro -, me tiene que dar fuerzas para aguantar la rutina.

Se ríe de nuevo y cruza sus brazos flexionando más los brazos sobre su pecho. Estoy jodida. Muy jodida.

-Eso suena a que es mía – dice con arrogancia fingida.

-Más quisieras tú que fuera tuya – le hago el gesto de Changbin en el brazo derecho y sonrió -. Es del inigualable Seo Changbin, mi bias wecker.

-No me hace falta quererlo, pelirroja – dice acercándose -. Ya la llevaste ayer con mi nombre, me siento orgulloso ser el primero de tus camisetas de gimnasio pisando Corea – se ríe bajando los brazos -. Bien empecemos a calentar antes de iniciar los ejercicios de brazos que me tocan hoy.

Asiento bajando el brazo para seguirle el ritmo. Comenzamos con los estiramientos de músculos en el suelo, me ayuda cuando lo inicio y yo lo ayudo cuando le tocan a él. Todo unos gymbros nada raro entre nosotros, solo dos personas entrenando. Subimos a la cinta de correr para hacer un poco de piernas con una pequeña carrera a trote ligero de cinco kilómetros, solo calentando las piernas que soportaran todo el ejercicio que viene.

Al cabo de una hora, mi camiseta ha volado al banco cayendo encima de los móviles. Siento los brazos arder cuando levanto las pesas por encima de mi cabeza, mientras que Chris está detrás de soporte por si caen. Todo un profesional. Cuando le toca hacerlo él, el peso ha aumentado en comparación conmigo, puede levantar con ambas manos sobre su cabeza el triple que yo. Es ahí cuando me doy cuenta del desarrollo de los músculos de su espalda, tan de cerca se pueden ver cómo se aprietan, mejor que en los videos.

-Debería grabarte para bubble – afirmo desde atrás -. Esta toma desde aquí va hacer arder las plataformas en todo el mundo.

-No suelo mandar este ejercicio – dice entrecortadamente -. Cuando lo hago suelo estar solo.

-Déjame que tome tu móvil y te grabo para que lo subas – me retiro de su espalda soltando el aire retenido por el espectáculo y me acerco donde está su móvil, cuando vuelvo tiene la pesa en el suelo esperándome -. Activo la cámara, lo revisas y después lo compartes si quieres – asiente con la cabeza y vuelve a la posición -. Comienzo a grabar en tres… dos… uno…- le doy a grabar y hace los ruidos más graves, no sé si por el esfuerzo o a cosa hecha para el video.

Con cada movimiento al levantar la pesa por encima de la cabeza su cuello se hace un poco más ancho, junto sus hombros. La espalda perlada de sudor bajo las luces del gimnasio le dan un toque tan sensual que hará gritar a cualquier channista. Siento como mi pecho empieza a subir y bajar con cada bajada y subida de la pesa. Llevo el mismo ritmo que él. Termino el video cuando tiene treinta segundos.

-Listo – le digo dejando el móvil en un bolsillo de mi maya antes de ponerme delante de él para ayudarlo a bajar la pesa por delante de él -. Eso ha sido muy bueno, la verdad, vas a estar durante semanas por las redes.

-No esperaba grabar hoy – dice dejando la pesa en el suelo entre sus piernas abiertas, donde casi estoy yo -. Bueno siguiente ejercicio – se pone de pie y me mira pensando -. Sabes, voy a compartirlo ahora mismo con algunas palabras. Me siento motivado.

-Me parece bien – digo sacando el móvil y dándoselo -. Voy a beber agua mientras lo haces.

Me giro para ir directa a por mí botella de agua que está al lado de la suya. Primero me seco un poco el sudor de la cara con la toalla de microfibra, cuando la vuelvo a dejar escucho la notificación de bubble en mi teléfono, la notificación de que ha mandado el primer mensaje, seguido del segundo y un tercero. Cierro los ojos maldiciéndome por no poner el móvil en silencio, intento coger móvil en un movimiento rápido, pero otra mano se adelanta para cogerlo. Mis ojos se abren cuando veo su mano venosa levantado mi móvil para ver la notificación que aparece en la pantalla. Intento quitárselo de la mano, pero se aparta rápidamente cuando intento alcanzarlo de nuevo.

-Vaya, vaya pelirroja – dice mirando la pantalla y a mí -. Parece que el lobito no viene de ahora, sino de hace mucho tiempo ¿no? – me enseña la pantalla donde pone en clara cursiva mi lobito y un corazón ardiendo.

Las palabras se quedan en mi garganta cuando el calor empieza a subir por mis mejillas, dejo de luchar por el móvil, es una batalla perdida contra él. Tengo que pensar en cómo contraatacar, como hacerlo para que baje el móvil y deje de joder.

-No eres el único al que sigo – digo dejando las manos en los bolsillos de las mayas -. Sigo a todo el grupo, soy fan de vosotros, ya lo sabes. Os tengo a todos en bubble, cada uno con un nombre.



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En el texto hay: idols, amorprohibo, straykids

Editado: 10.09.2026

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