Memento: Relatos de una tierra olvidada

Relato 1: La entrega.

- Mierda - Era lo único que pasaba por mi cabeza, él había llegado, y no estaba de humor.

35 contenedores tuve que supervisar hoy, 35 malditos contenedores, todo porque el estúpido del mercader estaba ocupado convenciendo que nos bajarán el precio, viejo tacaño, siempre se sale con la suya y yo tengo que hacer todo lo demás. Igual no puedo quejarme, un lugar para dormir y dónde comer no es un mal trato para alguien como yo. 35 contenedores, como siempre, de todos los inventos que se le ocurrió pedir a ese anciano, en ocasiones quisiera cortarle la cabeza, pero aprecio mucho la mía. Supervisar los cargamentos que este señor pide no es tarea fácil, siempre vienen llenos de ratas, o bueno, ojalá fueran ratas. Polizones que buscan un viaje fácil, se suben en todo tipo de vehículos sin saber que terminaran en el peor matadero de todos, un matadero que te mata, y vende lo que queda de ti.

Este cargamento llegó a su almacén en aguas bravas, del imperio mutante (mi país, por desgracia). No me gusta particularmente este almacén porque es uno de los que este gobierno sabe y negocia estrictamente, acá no tenemos tanta libertad, hay muchas tarifas, y siempre están esos verdecitos por ahí con sus trajes y su actitud repugnante. La parte que más me gusta es que a estos si les puedo volar la cabeza si hacen un comentario fuera de lugar, ya ha pasado, es asombroso. Acá toca hacer demasiado chantaje, perdemos millones en solo mantenerles las bocas cerradas a estos estúpidos, todo para que solo aparten la mirada.

Quisiera decir que todo fue color de rosa, pero no, obviamente no lo fue, no tengo tanta suerte. En los cargamentos, llegaron 500 toneladas de cristal neutro para procesado, llegaron animales exóticos (por alguna razón algún imbécil pidió un moribundo estable, ojalá le saque las entrañas) llegó mano de obra y lo más importante, nuestra condena de hoy. El cargamento 8b llegó con un solo elemento, uno solo en un contenedor especializado del tamaño de uno de 40 pies es preocupante, sobre todo para mi, porque eso solo puede significar una cosa: lo que está adentro, debe quedarse adentro. En este caso, era nada más y nada menos que un corazón de mago cósmico, fresco, latiendo. El comprador solicitó que tuviéramos el cuidado máximo, quería una decoración extremadamente excéntrica para su hogar, que además sirviera para la energía de emergencia en caso de un problemita. Claro que no podía pedir una batería con un diseño espectacular, eso sería muy simple y no retorcido. El producto llegó ileso, casi como si siguiera en el cuerpo de la pobre víctima, conseguirlo nos costó la vida de varios buenos servidores, pero el pago lo cubre. El problema en sí, no es el producto, sino de dónde se consiguió.

El mago al que pertenecía está cosa, era un ex-soldado del país al que albergó más odio en este miserable planeta: era de Memento.

Mientras movíamos la paquetería, un estruendo sonó en el cielo, un estruendo que he escuchado antes, de algo que se mueve a muy altas velocidades, y viene con mucha fuerza de impacto. Los demás voltearon al cielo a buscar la explosión, los verdecitos todos asustados se pusieron en posición defensiva (como si fueran rivales para semejante bestia). Yo, instintivamente corrí a cubrir al mercader, haciendo un caparazón con la piel de mi espalda me puse como una trinchera sobre él. Casi que al unísono, el mercader me cubrió con una manta de ilusión suya, para ocultarnos como siempre hacemos cuando las cosas se ponen mal. Entonces, el impacto.

Cuando levanté la vista de tanto polvo, vi al monstruo sobre lo que quedaba de un verdecito valiente que salió a detenerlo. Creyó que por ser de piel dura le iba a bastar, pobre estúpido. La sangre caía de su puño, miraba como un depredador ve a un rival, fijamente en nuestra dirección, aunque directamente nosotros no nos veíamos. Volteé a buscar su próximo objetivo, miraba a otros verdecitos que se dirigían a su dirección, vociferando insultos como si eso les diera la fuerza a sus piernas para poder moverse. Y obviamente, nosotros estábamos en la puta mitad. El poder de ilusión del mercader permite cambiar la apariencia de la realidad en un área de 30 metros, pero no permite hacerlo en movimiento, movernos borraría nuestro escondite, sólo tenemos una opción: que los verdecitos nos salten primero que él.

El tiempo corre, esa bestia empieza a caminar hacia nosotros, tan lento que parece que le aburre, los guerreros verdes no dejan de avanzar, sacan armas y activan sus mutaciones; él no se inmuta. Uno salta primero, su mutación le daba brazos más grandes y fuertes a alguien normal, mucho más grandes, mucho más fuertes. Tira el primer golpe al rostro del enemigo, conectándolo. Sin embargo, nuestro verdugo no se mueve, el golpe no ha sido más que un empujón. El soldado se desespera, empieza a propinar muchos golpes con mucho impacto, retumba en el plano abierto, pero el otro no se mueve. Después de lo que parece una eternidad de puños en el aire, nuestro defensor deja caer sus brazos. Mira atónito al enemigo, a lo que este dice:

- ¿Terminaste? Este país ya no sabe a qué llamarle soldados de élite -

Nuestro vergudo levanta el brazo derecho hacia el lado izquierdo, y le propina una cachetada inversa al soldado que lo hace volar y estrellarse contra un contenedor. Instantáneamente, el otro verde empieza a disparar desde su traje (descubrió que existe la distancia). El monstruo se cubre, clava las manos en el suelo levantando un pedazo más grande que su tamaño, y lo lanza en contra del verde esmeralda. El soldado esquiva el proyectil por muy poco, sigue disparando sin cesar y grita indicaciones a los cercanos a retirarse, parece que era un soldado más experimentado. Nosotros seguíamos en nuestro escondite. El mercader me dice en voz baja:

- yo sostengo está lona, tú empieza a cavar -

Sus palabras, mis órdenes. Moldeo mis manos a dos picas de hueso y empiezo a romper el suelo lo más rápido que puedo, el mercader sigue contándome lo que sucede.



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En el texto hay: heroes, sistema, politica y guerra

Editado: 02.10.2026

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