Memento: Relatos de una tierra olvidada

Relato 2: El hijo y el trabajo

No se donde está mi hijo, no lo sé, no sé dónde se metió ahora ¿Que hago?.

Pertenezco a una familia que toda su vida se ha dedicado al mercado, estamos desde los tiempos de los mil años oscuros haciendo este trabajo al que muchos le huyen. Mi padre fue mercader, mi abuela fue mercader, y ahora es mi turno de serlo también. He estado en este negocio desde los últimos 45 años de mi existencia, inicie cuando apenas tenía 16 y no he parado. Me he ganado mi título con sudor y sangre, soy el mercader, y eso todos lo saben.

He tenido una cantidad tan grande de enemigos que podría decirse que soy muy popular (no de la forma en la que me gustaría), sin embargo, la gente normal no me conoce, una madre que lleve a sus hijos a la escuela no sabrá que existe un señor apuesto que vende manos al mayor y al detal. Este trabajo es todo lo que conozco, no se cocinar, ni reparar un carro, ni siquiera se dividir si no se trata de un cargamento o de dinero. Lo que si se, es como conseguir a las personas que saben hacer esas cosas por un precio justo.

Está mañana me he despertado con una noticia de las que no me gustan: mi hijo ha desaparecido. Hablé con 'belle, ya mando un escuadrón a buscarlo. Yo se muy bien que no está perdido, se que se fue, yo se lo enseñé.

Ese niño, mi hijo, es todo para mí, lo que más aprecio, todo aquello que me mantiene cuerdo, y se ha ido a saber los dioses donde.

Gabrielle entra a la habitación en la que el mercader esta absorto en sus pensamientos, ve su cara preocupada, y golpea el escritorio para llamar su atención. El mercader se exalta y dice:

- ¡Hace cuanto estás ahí! Te tendré que poner una campana o algo, no te escuché llegar, ¿A qué clase de insecto estas imitando para llegar con tanto silencio?.

- No estoy imitando a ninguno, anciano, deja de exagerar. Traigo noticias de tu polluelo, vieron como se fue esta mañana temprano al hangar y tomó un vehículo que iba para venta, ya pedí que mandaran otro para reponerlo.

El mercader se le iluminan los ojos al escuchar estas palabras, sus pensamientos se nublan y no escucha ninguna palabra después de vehículo, piensa un poco e interrumpe.

- Si lo vieron está mañana ¿Por qué carajos no lo detuvieron? O ¿Por qué no me avisaron? ¿Es que tengo que decirles todo lo que tienen que hacer?

- Calmate mercader, no estoy para tus arranques de histeria. El chico dijo que no lo siguieran, dejo explícitamente dicho a los guardias que mataría a quien quisiera detenerlo. Los guardias lo dejaron ir porque no querían problemas ni tener que pelear con tu escuincle.

Gabrielle se rasca la cabeza y continua.

- Mira, se que es tu "más grande tesoro" y toda esa mierda, ¿Pero no crees que estás mejor así? Digo, así tienes menos debilidades, y el muchacho estará bien, te lo aseguro.

- ¿Que ha dicho el grupo que mandaste?

- No lo consiguen, no está en sus habituales escondites, de hecho perdimos a uno del escuadrón porque dejó trampas

- Clásico de él, le enseñé bien

- ¿Le enseñaste bien? Primero, eso se lo enseñe yo. Segundo, perdimos a alguien por eso, quién enviará la noticia a su familia sere yo imbecil.

- En mi defensa, para eso te pago

- Un día de estos te voy a sacar las tripas

- Yo también te aprecio 'belle

El día continuo con normalidad. Me encargué de los negocios habituales. Arregle cuentas, envié pedidos, recibí cargamentos, discutí con clientes enojados, lo usual. Moverse entre sedes me facilita evitar un atentado, siempre de nuestros traslados de encarga 'belle, siempre tan diligente. Igual ella entiende que si yo muero, ella también, supongo que por eso nos mantiene con vida a los dos.

El día transcurre y se hace de tarde, acá en la zona mágica siempre es más fácil estar, simplemente tengo que llegar a la isla correcta y pagar unos cuantos chantajes, hoy estamos en sufraco, la isla de las cascadas flotantes. Siempre es muy bonita la vista por acá, y me sirven cócteles extraños que 'belle revisa para que no me maten. Cuando estoy tomando mi cuarto trago del día, llega un visitante particular.

- ¡Hey! Merca ¿Como andas? ¿Aún no te mueres?

- Para la desgracia de tu gente y de medio bajo mundo, no, sigo respirando.

- Pues menos mal, tenemos cosas que hablar. Necesito lo que acordamos, lo necesito ahora.

- Mira, Joseph, hoy no es un día para andar reclamando cosas, mi hijo se fue y el día a estado pesado, no vengas con tu energía agresiva que das arrugas.

- Quisiera venir más tranquilo pero sabes que lo necesito, te di tiempo y hoy es la fecha, no hagamos esto más largo.

El mercader busca en sus cajones y saca una bolsa, la arroja al escritorio.

- Sírvete, hoy traje de varios tipos.

- Gracias amigo, el dolor ya estaba empezando a hacer efecto.

Joseph abre la bolsa y saca unas cápsulas con varios líquidos, da vuelta a la tapa de una y sale una aguja, sin pestañear, se inyecta en una muñeca.

- Malditos zhakturnitas, y sus malditos ingertos.

- ¿Tú no eras un zhakturnita también?

- Si, pero soy uno de los buenos, un héroe.

- Bueno héroe, ¿Como está tu gente en su casita heroica?

- Enojados por tener que dejarte con vida, nada nuevo.

La cápsula se queda sin líquido, Joseph la saca, se envuelve la muñeca con una venda y repite el proceso con la otra muñeca.

- Quién diría que tendría a un héroe clase olimpo en mi oficina, inyectándose drogas raras en la muñeca.

- Quisiera verte a ti tener que aguantar este dolor todos los días mientras evitas que la gente de una nación se muera.

- Mira Joseph, ¿O debería decirte fantasma?, se lo que es aguantar cosas para seguir trabajando, no te hagas el especial.

- Fantasma es mi nombre clave, y tú no puedes aguantar ni cortarte con papel sin hacer un show inmenso.

La cápsula se vacía. Quita la jeringa, se envuelve con una venda y se levanta. Saca las garras alargadas de sus manos, y las vuelve a contraer. Deja un chip de créditos en la mesa y se dispone a salir.



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En el texto hay: heroes, sistema, politica y guerra

Editado: 02.10.2026

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