Memoria Fragmentada

Cap 4. Desde ahora

Narra Maite

Después de que el investigador se marchara con sus carpetas vacías y sus preguntas estériles, el silencio de la habitación cambió. Ya no era el silencio sepulcral del coma, sino uno cargado de verdades que nadie se atrevía a pronunciar.

Mi madre se había ido a firmar los formularios de "Progreso Ciudadano" que el hospital exige semanalmente. Me quedé a solas con Sammy y Emerson. Mis piernas seguían siendo dos bloques de mármol inútiles, recordándome que, aunque mi mente quería correr hacia la verdad, mi cuerpo seguía siendo un rehén de aquel trauma que no terminaba de recordar.

—Deberías descansar, Maite —susurró Sammy, ajustando la manta con una ternura que me dolía—. El investigador volverá, pero no dejes que sus dudas se vuelvan las tuyas.

—¿Cómo no van a serlo, Sammy? —mi voz sonó rasposa—. Recuerdo haber querido ser investigadora, recuerdo haber querido irme lejos... y luego, solo cenizas. ¿Por qué el alcalde, nuestro propio padre, se reía mientras yo me rompía?

Sammy bajó la mirada, incapaz de sostener el peso de esa pregunta. Fue Emerson quien dio un paso adelante. Se acercó a mi cama y me tomó la mano con una firmeza profesional, pero sus ojos brillaban con algo que parecía devoción... o control.

—Maite, escucha —dijo Emerson, bajando el tono de voz—. Tienes que dejar de hurgar en los escombros. El sistema de esta ciudad no perdona a quienes viven mirando hacia atrás. El pasado es una enfermedad que solo retrasa tu recuperación física.

—¿Me pides que olvide quién era? —lo miré, desconcertada.

—Te pido que aceptes quién eres ahora —respondió él con una sonrisa que me resultó inquietante—. ¿Sabes qué significa tu despertar para nosotros? Debido a tu "incidente" y a los años en coma, el Sistema de Emparejamiento Obligatorio te ha clasificado como Sujeto Descartado.

Un escalofrío me recorrió la espalda. En este mundo, ser una "descartada" era equivalente a ser un fantasma social. No tenías asignado un esposo, ni una función reproductiva, ni un lugar en la élite del Alcalde.

—Eso significa que ya no estás bajo el radar del Consejo —continuó Emerson, apretando mi mano—. Significa que el sistema ya no te elegirá a nadie. Por fin... por fin podemos estar juntos sin ocultarnos en casitas de árboles. Yo puedo cuidarte, Maite. Puedo ser tu tutor legal. Solo tienes que aceptar el presente y dejar de hacer preguntas sobre aquella noche de noviembre.

Lo miré fijamente. Su rostro me resultaba familiar, pero su esencia era la de un extraño que hablaba el lenguaje del sistema que me mantenía presa.

—Me hablas de un "nosotros" que no reconozco, Emerson —le dije, retirando mi mano con lentitud—. Me pides que sea feliz porque el sistema me ha desechado, pero para mí, tú eres solo un doctor que me seda y ella... —miré a Sammy— ella es una mujer que dice ser mi hermana pero tiene los ojos llenos de secretos. No sé quién eres ahora, Emerson. Y me aterra que la versión de ti que yo amaba se haya quedado atrapada en ese pasado que tanto insistes en que olvide.

Emerson se tensó. Su sonrisa no desapareció, pero se volvió rígida, como la de mi padre.

—La memoria es traicionera, Maite —sentenció antes de ponerse en pie—. Pero el presente es lo único que tienes. Mañana vendré con el nuevo tratamiento de estímulo muscular. Intenta no pensar. En esta ciudad, pensar es el primer síntoma de una recaída.

Se marchó, dejándome con Sammy. Ella no dijo nada, pero vi cómo sus dedos temblaban mientras guardaba su diario. El aire se sentía pesado; la máscara de paz de la ciudad estaba empezando a asfixiarme de nuevo.




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