Memoria Fragmentada

Cap 7. El Banquete

Narra Samantha

La cena en la residencia del Alcalde no era una comida; era una exhibición de poder. El comedor olía a cera de abejas y a un guiso perfecto que nadie se atrevía a desordenar demasiado en el plato. Mi padre presidía la mesa con esa rigidez de mármol que lo hacía parecer más un monumento que un hombre.

—Samantha —dijo, dejando los cubiertos con una precisión quirúrgica—, el Consejo de Emparejamiento ha emitido tu decreto. Se te ha asignado al hijo del Comisionado de Energía. La unión se formalizará en el solsticio. Es un perfil compatible al 98%.

Sentí un frío seco en el estómago. En este mundo, un 98% de compatibilidad significa que han borrado cualquier rastro de tu voluntad para encajarte en un engranaje útil. Asentí en silencio; en esta mesa, las palabras sobraban si no eran de gratitud.

—¿Y Maite? —me atreví a preguntar, rompiendo el protocolo—. Ella está despertando, padre. Podría...

Mi padre soltó una risa breve, hueca, que me erizó los vellos de la nuca.

—Maite es un caso cerrado para el sistema, Sammy. Los informes médicos que he autorizado son definitivos: no volverá a caminar y, lo que es más importante para el Consejo, sus órganos reproductivos sufrieron daños irreparables en aquel... incidente. Es una Descartada. Un residuo social.

Bebió un sorbo de vino tinto, observando el color del líquido contra la luz de las lámparas.

—Sin embargo —continuó, con una sonrisa que me heló la sangre—, he decidido que Emerson se haga cargo de ella. De hecho, permitiré que se casen y vivan aquí, bajo este techo.

Me quedé de piedra. ¿Mi padre, el hombre que odiaba la debilidad, aceptando a un "residuo" y a un médico de clase baja en su mansión?

—¿Por qué? —susurré.

Mi padre se inclinó hacia delante, y por un momento, la máscara de alcalde dejó ver al monstruo que habitaba debajo.

—Porque a los enemigos se les tiene cerca, pero a los traidores se les tiene encadenados. Emerson no es el santo que Maite cree. Hace años, ese muchacho intentó organizar una célula de pensamiento libre en la universidad. Intentó ir contra el sistema. Tuvimos que someterlo a una Reubicación de Conducta.

Mis manos temblaron bajo la mesa. Sabía lo que era eso: una intervención neuronal para "corregir" impulsos rebeldes.

—Le lavaron la mente... —dije, casi sin aire.

—Le dieron una identidad funcional —corrigió mi padre con frialdad—. Pero el núcleo de la rebelión siempre deja cenizas. La mejor manera de mantenerlo bajo control absoluto es darle lo que desea: a Maite. Ella será su ancla y, a la vez, su guardia. Si él intenta huir o recordar quién fue realmente, ella pagará el precio. Y si ella intenta despertar, él la sedará bajo mis órdenes, creyendo que lo hace por su bien.

Miré hacia la ventana, hacia las luces perfectas de la ciudad que mi padre gobernaba. Maite estaba en el hospital, entregándose a Emerson, creyendo que él era su llave hacia la libertad. No sabía que estaba besando a un hombre cuya voluntad le pertenecía a mi padre. No sabía que su "descarte" del sistema era, en realidad, la sentencia para convertirla en el cebo de una trampa perpetua.

Tenía que advertirle. Tenía que decirle que Emerson no era el chico de la casita del árbol, sino un arma configurada por el Alcalde.




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