Memoria Fragmentada

Cap 13. Validación del Caos

Narra Maite

La habitación nupcial no era un refugio, era un laboratorio de cristal. En las esquinas, las luces rojas de los sensores biométricos parpadeaban rítmicamente, esperando que nuestros cuerpos confirmaran lo que el papel ya había sellado.

Emerson se acercó a la cama con una frialdad que me cortaba la respiración. Ya no quedaba rastro del médico gentil del hospital. Sus movimientos eran bruscos, cargados de una rabia contenida que parecía su única forma de rebelarse contra las cadenas de mi padre.

Cuando me tomó, no hubo delicadeza. Fue rudo, casi agresivo, como si quisiera castigarme por haberlo arrastrado a esta farsa, o quizás castigarse a sí mismo por no poder dejar de desearme. Me sujetó las muñecas contra las sábanas de seda con una fuerza que me hizo jadear.

Pero, para mi propia sorpresa, no sentí miedo. Sentí una chispa eléctrica recorriéndome la columna. Esa faceta suya, despojada de la cortesía impuesta por la "Reubicación de Conducta", era lo más real que había visto en él.

—¿Esto es lo que querías, Maite? —gruñó contra mi oído, su respiración agitada quemándome la piel—. ¿Querías un esposo que te odie mientras te posee?

—No te detengas... —supliqué, arqueando el cuerpo hacia él—. Continúa, Emerson. Por favor.

Mis manos, libres de la farsa de la parálisis en la intimidad de las sombras, se clavaron en su espalda. Lo busqué con una desesperación que me asustaba. Entre las embestidas y el sudor, él comenzó a besarme; eran besos violentos, hambrientos, una mezcla de castigo y necesidad que el algoritmo de la habitación registraba como "compatibilidad extrema".

De repente, una voz sintética y neutra brotó de las paredes: «Protocolo de validación completado. Unión legalmente establecida ante el Consejo Superior. Felicidades a los ciudadanos».

En el segundo exacto en que la voz calló, Emerson se detuvo en seco. Se alejó de mí con una rapidez que me dejó temblando y con el corazón martilleando contra las costillas. Se sentó en el borde de la cama, dándome la espalda, su pecho subiendo y bajando con violencia. El acto técnico había terminado. La ley estaba satisfecha.

Pero yo no.

Me arrastré por la cama, ignorando el cansancio de mis músculos, y me trepé sobre él por la espalda, rodeando su torso con mis brazos. Apoyé mi rostro en su nuca, inhalando su aroma a pesar del muro de hielo que acababa de levantar.

—Emerson... —susurré, buscando sus labios de nuevo.

Lo besé con una ternura que contrastaba con la tormenta de hace un momento. Él intentó apartarse, pero yo me aferré más fuerte, subiéndome a su regazo, obligándolo a sentir que mi cuerpo seguía ahí, vivo y vibrante.

—Te necesito —le dije, mirándolo a los ojos, buscando al chico que una vez me prometió el mundo fuera de estos muros—. Sé que crees que todo es una estrategia, y tal vez una parte de mí sea eso ahora... pero la otra parte, la que todavía respira, te ama más de lo que el sistema podrá borrar jamás. No me dejes sola en esta casa, Emerson. No ahora que finalmente estamos en el corazón del enemigo.

Él no respondió con palabras, pero sus manos, temblorosas, se posaron en mi cintura. El silencio de la mansión nos rodeaba, pero por primera vez, el vacío de mi padre no parecía tan absoluto.




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