Narra Maite
Sammy me empujó hacia su habitación con una prisa contenida. En cuanto entramos, cerró la puerta con doble pestillo y apoyó la espalda contra la madera, exhalando un aire que parecía haber estado reteniendo durante años.
Miré a mi alrededor. El cuarto de mi hermana era un mausoleo de colores pasteles, pero se sentía extrañamente vacío de tecnología. No había sensores de movimiento en las molduras ni el zumbido constante de los micrófonos de ambiente que infestaban el resto de la mansión.
—Aquí no hay nada, Maite —dijo Sammy, adivinando mi mirada—. Papá dejó de vigilarme hace dos años, cuando me encontró en la bañera con las muñecas abiertas. Para él, una hija que intenta destruirse a sí misma deja de ser una amenaza política. Me considera "defectuosa", una mente rota que ya no puede conspirar.
Me puse de pie, dejando la silla de ruedas a un lado. Ver a Sammy admitir su dolor con esa frialdad me dolió más que cualquier herida física.
—Sammy, yo... lo siento tanto. No sabía que te sentías tan sola mientras yo no estaba.
—No te disculpes. Esa soledad me dio el único rincón libre de esta ciudad —me interrumpió, acercándose a mí—. Escúchame. No te dejes engañar por el teatro del desayuno. Mi prometido, el hijo del Comisionado... no es quien papá cree.
Me quedé helada.
—¿Qué quieres decir?
—Es un reclutador, Maite. Utiliza su posición en el sector energético para identificar a ciudadanos con "niveles de disidencia" altos antes de que el algoritmo los detecte. Está formando una red para colapsar el sistema de control desde adentro. Su plan es dejar a la ciudad a oscuras, literalmente, para que el borrado de conciencia deje de funcionar.
—Entonces... ¿tu matrimonio es una tapadera? —pregunté, asombrada por la audacia de mi hermana pequeña.
—Igual que el tuyo, pero con un propósito distinto —asintió ella. Luego, su expresión se ensombreció—. Pero hay algo que debes saber sobre Emerson. No confíes plenamente en él, Maite. Sé que lo amas, o que amas lo que era, pero he visto sus informes de "Reubicación".
—Sé lo de la reubicación, Sammy. Él me lo contó.
—No lo sabes todo —susurró ella, tomándome de los hombros—. El proceso de Emerson fue diferente. No solo le borraron recuerdos; le implantaron un Protocolo de Contingencia. Si él detecta una amenaza directa contra el Alcalde o el sistema central, su subconsciente está programado para detenerla... cueste lo que cueste. Incluso si esa amenaza eres tú. Él no es tu aliado, Maite; es el arma secreta de papá durmiendo en tu misma cama.
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies. La carpeta que había robado de la biblioteca quemaba bajo mi ropa. Si lo que Sammy decía era cierto, Emerson era una bomba de tiempo.
—Él está recordando, Sammy —le confesé con la voz temblorosa—. Anoche recordó la noche de los planos. Está rompiendo el bloqueo.
—Eso es lo más peligroso —sentenció Sammy—. Si el bloqueo se rompe de forma irregular, el protocolo de defensa podría activarse. Tienes que ser cuidadosa. No le muestres todo lo que sabes hasta que estemos seguras de que el hombre que amas ha ganado la batalla contra el programa que le instalaron.
Me miré en el espejo de Sammy. Éramos dos hermanas, dos "descartes" del sistema, planeando la caída de un imperio en el único cuarto donde el Alcalde no se molestaba en escuchar.