Aquí termina todo
El sudor en mi frente se hacía cada vez más presente, no podía dejar de sentir las gotas resbalar y llegar a las orillas de mi cabeza y mi almohada. Sabía que estaba inconsciente, dormido quizás, ya que una especie de parálisis se había adueñado de mi cuerpo, pero me estaba permitiendo ver más allá de lo que alguna vez pude estando consiente.
Aquella chica del mercado que sin dudar sabía que se trataba de Isabella, Amanda y la forma tan extraña en como la recuerdo, como si existieran dos versiones de ella. Podía ver imágenes fugaces de mi vida, pero no podía diferenciar los hechos reales de las fantasías que alguna vez creí real.
Ahora parecía tener un poco de sentido lo que mi subconsciente me decía, ya que algunas imágenes lucían borrosas, distorsionadas, como si solo fueran imágenes prediseñadas, eso se presentaba sobre todo en aquellos “recuerdos” de mi vida pasada en donde me la vivía enamorado de Amanda, o donde residía en un pequeño pueblo con amigos antes de mudarme.
Mirar todo esto no me hacía entender más, solo me daba una sensación de seguridad, aquella sensación que tienes cuando sabes que todo este tiempo habías tenido la razón en algo, pero por algún motivo no podías comprobarlo. Ahora mismo, seguía sin poder comprobarle a nadie más mi corazonada, pero me lo estaba comprobando a mí mismo, algo en todo esto, en esta vida con Amanda, estaba mal.
- ¿Lo entiendes? – una voz gruesa y profundo preguntó desde algún sitio.
No me encontraba en una superficie física, todo parecía más bien mental, el lugar donde me encontraba era igual que en anteriores ocasiones, un lugar oscuro, sin nada alrededor, con la única excepción de que las imágenes iban y venían desde diferentes lados iluminando el espacio a su paso, pero impidiendo ver que había “más allá”
- ¿Ahora sabes a qué me refiero cuando digo que esta no es tu realidad?
- ¿Puedo salir de aquí?
- Debes tener voluntad, ella puede quitarte todo lo que quiera, eliminar personas, recuerdos, memorias de tu vida, pero lo único que no puede quitarte por completo... es tu voluntad
- ¿Voluntad?, ¿cómo cuándo me negué a seguir el “protocolo” con Amanda? – Por protocolo me refería a la extraña rutina que teníamos cuando yo llegaba a la oficina.
- Exactamente, ella debe saber que ya hay algo mal con su programa, algo está fallando
¿Programa?
- Debes ser más rápido que ella, debes salir de aquí antes de que ella vuelva a generarte un retroceso
- Pero, ¿qué hago? – mi voz sonaba desesperada. Ver todas aquellas imágenes me hacía sentir incomodo, nostálgico, había estado viviendo una vida que en realidad no era mi vida. La confusión, la sensación de estar perdido, era lo único que podía ver con total claridad y realismo en todos mis “recuerdos” aquí, en lo que sea que sea esto
- Sigue tu instinto, debe haber algo que ella no soporte, que ella odie, debes molestarla tanto que pierda el control, cuando eso pase
La voz dejo de sonar abruptamente, las imágenes dejaron de desplazarse frente a mí, el espacio quedo completamente oscuro, sin ningún sonido, sin ningún eco. De forma repentina un golpe se sintió alrededor mío, el sudor en mi frente volvió a hacerse presente y algunos rayos de luz se colaron frente a mí.
- ¿Kai? – escuché una voz, pero no era una voz de deseará escuchar – Kai ¿estás bien?
Coloque las manos sobre mis ojos, a pesar de aun no abrirlos parecía que la luz me cegaría, sabía que Amanda se encontraba aquí, frente a mí y en mi casa, lo que no entendía era por qué
- Estoy bien, ¿qué hora es? – pregunte sin muchos ánimos aun sin mirarla
- Casi mediodía – eso me hizo sobresaltarme
¿En qué momento había pasado tanto tiempo?, recuerdo mi sueño, recuerdo ver a Isabella frente a mí, recuerdo estar en la calle asi que, por qué ahora me encontraba acostado.
Comencé a mover mi cuerpo, colando mis manos a ambos para poder levantarme, pero Amanda me lo impidió
- Deberías descansar amor – me dijo dulcemente, pero a pesar de saber que tenía buenas intenciones algo en mi rechazaba sus palabras
- No quiero descansar, estoy desorientando Amanda – dije un poco serio - ¿Qué paso?
- ¿No recuerdas nada amor? – pregunto acercando un poco su rostro a mí y ladeándolo en señal de confusión, sin necesidad de responder ella descifro mi expresión y continúo hablando – Anoche después de nuestra cita comenzaste a sentirte mal, no sé si fue algo que comimos, pero te dio fiebre y en cuestión de minutos te desmayaste enfrente de mí
Nada de lo que estaba diciendo tenía sentido, ¿desmayarme?, ¿cenar?, ¿cita?, de qué demonios habla esta mujer
- Pero anoche no salimos – dije sin el más mínimo tacto. Mis memorias eran claras, estaban frescas en mi cabeza – Yo te llevé a tú casa, y de ahí me dirigí a la mía – Ella sonrió con ternura, como si estuviera viéndole la cara a un niño tonto.
- Cariño – comenzó a hablar tomándome de la mano – Anoche salimos a una cita, tú me invitaste y fuimos a cenar a un restaurante lujoso, pasamos una noche más que agradable y decidimos que nos quedaríamos en tu casa para... ya sabes – parecía un poco tímida – pasar la noche juntos – dijo con una pequeña sonrisa – pero antes de que pasará algo tú simplemente te desmayaste, no fue algo grave, pasamos a un doctor cercano y él te receto medicamento y descanso, como ves no había necesidad de un hospital – dijo con una enorme sonrisa en el rostro, como si todo estuviera en orden, normal