Memorias de Antaño

Carta al alma.

Sí, ya lo sé. Estoy consciente de que estoy mintiendo, que no estoy tan cuerdo como aparento. Me sigo sintiendo un perdedor, como en los viejos tiempos. La verdad es que sí, estoy consciente de que me repito mentiras disfrazadas de verdades.

La realidad no es otra más que esta que estoy viviendo. Siento que te quiero, pero no quiero tenerte. Y al mismo tiempo, tampoco quiero perderte. Tengo ganas de volver a verte, pero los horarios y la distancia lo complican. Sé que esto implicaría estar contigo, sé que el sufrimiento es parte del precio de estar los dos.

Cómo me gusta sentir este dolor... cómo me encanta esta sensación de estar mal. Es tanto mi afán que este desgarro en el alma lo puedo saborear. No sé si odio sobrepensar o si, en serio, amo pensar constantemente en el mañana, en el futuro, en esta hilacha de vida que me queda.

Me miento diciendo que estoy bien, que todo va a mejorar, que podré jugar bien, que todo saldrá bien… pero no. La realidad es que todo va mal. Y aunque quiera reírme de lo malo, es difícil evitar el deseo de llorar. Lloro hasta dormirme, hasta que ya no puedo más.

Oculto la tristeza detrás de un rostro alegre, pretendiendo que no todo está mal. Miles de sonrisas regaladas a quienes me necesitan, sin saber todo lo que tengo que atravesar. Me siento un tonto, confiando en un mundo lleno de mentiras y falsedad.

¿Por qué no suelto mi pasado? ¿Por qué dejo que arruine mi presente y, por consecuencia, mi futuro? Y si no lo arruina externamente, lo hace internamente. Pensándote. Pensando que ya debería soltar todo, dejar de sobrepensar, dejar de recordarte en cada canción, en cada lugar, en cada rostro. Ya te debería haber olvidado. Maldito seas, mi pasado. Y maldito yo, mil veces, por dejar que me destruyas así.

Todavía no me he arrodillado del todo ante ti, mi Dios. No te he rezado con toda la fe del mundo. A veces siento que me falta tanto para ganarme tu mirada. Comprendo que muchos no entiendan cómo te hablo, como si fueras mi hermano, pero es que así lo siento. Y a veces, mis oraciones se sienten en vano por no poner mi corazón en tus manos. Perdón por negarte, por solo buscarte cuando no hay otra salida. Perdón, mi Señor, por no confiar plenamente en que tú eres mi Dios.

No olvido a quienes me dieron la mano. Y pido disculpas por no mencionarlos siempre, pero a veces me da miedo que pase lo mismo, que me abandonen como otros lo han hecho. Hoy sé que tengo amigos que ya no son mis amigos. Se apartaron porque sí… o quizás por mí. Lo acepto. Cometí errores. Pero agradezco a los que se quedaron, a los que me escucharon, a los que me ayudaron a cumplir sueños antes de que todo se viniera abajo.

No hay peor día que aquel en que te recuerdo. Pensar que contigo pude ser feliz… pero duele saber que no fui el único que mintió. Así como justifiqué mis acciones, tú justificaste las tuyas. Sé que ahora eres feliz y espero que nada te saque de ahí. Solo quiero que sepas que a veces no mentí, y que siempre quise estar ahí. Pero no pude salir de ese maldito laberinto.

Ahora trato de ser feliz. De darle sentido a lo poco que queda de mí. A veces escribo cómo me siento, como ahora, para soltar un poco del peso que llevo en la espalda. A veces me encierro en mi cuarto y rapeo, desahogándome con freestyle, sintiéndome amado por voces que solo mi mente puede imaginar.

Tengo tantas historias que contar… pero a veces no sé ni qué palabras usar. Por eso repito tanto, tanto, en mis letras, ya sea escribiendo o improvisando. Mi alma rota a veces se siente llena de poesía, lista para ser escrita, improvisada o lanzada al aire sin beat, solo con voz y emoción.

Mi alma rota se cura escribiendo. Con el rap que tiro por la ventana, con canciones que me hacen saltar, o viendo documentales del reino animal que me enseñan más que el intento de entender a esta humanidad absurda.

Tengo el alma y el corazón rotos… pero poco a poco los voy cosiendo. Con momentos tiernos, con amistades sinceras, con mi soledad, con los paisajes de mi pueblito, con mi familia a la que ahora aprendo a amar… y con mi novia, que aunque no la vea a diario, la respeto como un soldado que respeta a la patria que prometió proteger con su corazón.

Pero bueno… ya basta de patrañas. De esas mentiras que me engañan y no me dejan pensar con claridad. Solo quiero decirte que te quiero. Y que te olvido. Como ya olvidé quién fui. Te olvido, pasado. Te suplico que me dejes en paz. Lo único que quiero… es poder estar tranquilo al fin y así darle un final el cual se encuentre repleto de paz




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