Te recuerdo,
como la luna llena en mis días de calma.
Eres la luz que acelera mis latidos.
Tus luceros brillantes apaciguan el fuego;
tu simple palpitar
es refugio para este labriego caminante.
Siento tu mirada, aún distante,
semejante a las tormentas;
y en su vaivén se agitan mis anhelos
y mis silenciosos deseos.
Corazón cálido,
hogar de lealtad vibrante,
donde las grietas encuentran reposo
y el alma vuelve a anidar.
Perduras en el tiempo,
constante y luminosa.
Te anhelo en mis sueños
y te guardo en mi vida
como una fábula entre las estrellas.
Y en cada latido te nombro sin hacer ruido,
con la esperanza serena
de ser algún día
un aliado en tu indecible corazón.