Te recuerdo, como la luna llena en mis días de calma.
Eres la luz que acelera mis latidos.
Tus luceros brillantes despejan el fuego, tu simple palpitar
es un refugio para este labriego caminante.
Ternura natural que crece como una flor, pura y segura dejando huellas
en el suelo inhóspito.
Siento tu mirada, aún distante que se asimila a las tormentas
y en su vaivén se agitan mis anhelos y silenciosos deseos.
Corazón cálido, un hogar de lealtad vibrante, las grietas se juntan en el anida socavado.
Silencio matinal, el recuerdo del tiempo te nombra, no hay pena ni sombras
porque el día gris tardío y cenizo, no aplaca este refugio, donde tu voz es el abrigo entrañable.
Presencia noble, calor afligido, un lazo de unión, de valor honesto.
Perdura en el tiempo, secularmente y siendo previsible.
Te anhelo en mis sueños y te guardo en mi vida, como un apólogo en el universo,
y en cada latido te nombro sin hacer ruido, con la vastedad de ser un aliado en tu indecible corazón.
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Editado: 06.05.2026