Memorias de Otoño

Poema 3: Liz

Frío en la noche, amor distante,
tu corazón se volvió hielo,
y mis lágrimas, errantes,
se pierden bajo un cielo sin consuelo.

Pensé que eras mi hogar, mi refugio y mi destino,
pero reclamabas mi alma,
como un demonio disfrazado de ángel divino,
que apagó mi luz y me arrebató la calma.

Sueño contigo, aunque intento ser fuerte,
combato los recuerdos que me condenan a perderte.
Las calles se detienen al verme caminar,
un hombre sin rumbo que no sabe dónde llegar.

Soy un lacayo melancólico, prisionero del pasado,
un soldado del exilio, por tu ausencia desterrado.
Aún añoro el regocijo de tus brazos,
y recojo los recuerdos que quedaron en pedazos.

A la deriva, busco una ruta incierta,
una señal, una esperanza, una puerta abierta.
Pero soy un desconocido en tu memoria,
una página olvidada al final de nuestra historia.

Tu danza en la noche todavía me ilumina,
como una estrella que se apaga y lentamente declina.
Eres un acertijo que jamás pude resolver,
un sueño que persigo, aunque sé que no ha de volver.

Seguiré llevando conmigo nuestra travesía,
las promesas, los abrazos, la fugaz alegría.
Porque hay despedidas que se llevan la presencia,
pero dejan en el alma una eterna ausencia.

Y aunque el tiempo borre mis huellas de tu memoria,
aunque otro amor ocupe las páginas de nuestra historia,
seré aquel hombre que te amó hasta el final,
un extraño para ti, con un recuerdo inmortal.



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En el texto hay: naturaleza, amor, pasión amor

Editado: 18.10.2026

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