Memorias de Otoño

Poema 4: Dueño del Tiempo

Persecutor, dueño del tiempo.

El reloj se detiene,
clamando por una nueva vida.

El sonido insistente de los monitores,
tan diligente como abrumador,
marca el pulso de la incertidumbre.

Las baldosas se humedecen
con lágrimas silenciosas;
la humanidad reposa
entre el temor y la esperanza.

Abrazos sinceros
ante el duelo inminente.

Besos de despedida
a través del barbijo.

Hasta la piedad divina parece estremecerse
frente a la amenaza de la muerte.

Sonrisas frágiles,
una lucidez inesperada
que contempla la luz
sin saber si podrá alcanzarla.

Rostros deshechos
recorren un sendero inexorable.

Trajes celestes,
guardianes de la vida y del adiós.

Se oyen sollozos,
oraciones entrecortadas,
el valor resiste
aunque el corazón se quiebre.

La somnolencia mitiga,
por instantes,
la crudeza de la realidad.

La arena continúa cayendo.

Los especialistas ofrecen esperanza,
mientras luchan contra un destino
que no siempre cede.

La oscuridad avanza sobre este recinto,
pero incluso en ella
permanece una luz obstinada:
la de quienes siguen aferrándose
a la vida.



#12944 en Otros
#3567 en Relatos cortos
#21927 en Novela romántica

En el texto hay: naturaleza, amor, pasión amor

Editado: 14.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.