Esclavos del sol; la piel se consume bajo su intensidad.
Alma tras alma,
levantan el sendero soberano,
el dominio del descanso eterno.
En sus manos descansan las llaves del reino,
obedeciendo mandatos sagrados
que jamás les pertenecieron.
Sin escape,
azotados por la ira.
Los látigos desgarran sus cuerpos,
marcando almas que suplican clemencia.
La sangre cae y reposa,
tiñendo las baldosas del Valle de los Reyes.
Tierra del pecado,
erigida por manos inocentes
para glorificar a hombres injustos.
Alzan la mirada hacia el cielo
una y otra vez,
buscando una justicia
que nunca responde.
No pueden huir.
Una voz apenas perceptible
pronuncia la esperanza,
un espíritu que aún sueña con la libertad,
aunque la realidad lo condene al silencio.
Las lágrimas brotan,
presagiando la muerte.
El Valle de los Reyes
perdurará sobre el mundo,
pero las almas de los inocentes
clamarán por clemencia,
y su lamento viajará con el viento.
Las cadenas por fin se rompen.
Los cuerpos emprenden el camino hacia las tumbas,
mientras el rey contempla su obra.
Solo entonces conocen la libertad,
abandonando la tierra de los hombres
para dejar el descanso eterno
a los reyes del mundo.
Contempla el Valle de los Reyes:
un lugar donde la grandeza fue levantada
sobre el sufrimiento de los olvidados