Las emociones son lo que nos hace humanos; estas son universales: oscuridad, rabia, felicidad y amor son tan solo algunas de ellas.
Sin embargo, la mayoría de las personas ven las emociones negativas como un enemigo, en vez de apoyarse en ellas para crecer personalmente.
El problema principal reside en la falta de asertividad y educación mental y emocional que se nos brinda desde niños. Nos enseñan a sumar, a restar y a leer, pero no a sentir de manera positiva y a canalizar lo negativo.
A pesar de que la infancia es la base del adulto que seremos, seguimos teniendo patrones destructivos.
Como sociedad, vivimos minimizando la oscuridad del prójimo; lo hacemos porque incomoda, porque no la entendemos o simplemente porque es “diferente” a la nuestra.
Incluso en el círculo familiar sucede esto. No hay reflexión sobre las necesidades emocionales y mentales de las personas que nos rodean. Muchas veces, esto ocurre por costumbre, porque así fueron criadas las personas, por sus propias heridas que las llevaron a repetir el camino, o quizá porque no hubo alguien que las guiara a manejarlas y sanarlas.
Los patrones tóxicos que van de generación en generación se normalizan, creando un círculo vicioso y destructivo, y si el entorno es hostil, todo empeora.
Nada justifica la falta de asertividad emocional; sin embargo, no puede haber entendimiento de algo que no se ve. Quienes aceptan sanar a veces son vistos como locos; quienes no cuentan con apoyo emocional se hunden más.
En general, se teme a la oscuridad interna, pero la base para reflexionar y mejorar personalmente es el autoconocimiento.
La ayuda profesional aún es criticada; se les llama “locos” a las personas que solo desean bienestar emocional. Aquellas que señalan con el dedo a quienes deciden sanar son personas que están dispuestas a abrir su mente y ver que, más allá de ser solo una persona, cada ser humano es un conjunto de personas dentro de sí mismo.
Por ello, este libro está aquí, para ser testigo de un alma que cargó por años con el dolor, porque es más fácil culparse de su existencia y creer que merecía el dolor antes que pedir ayuda y ser débil.
Este libro recoge historias nacidas de emociones reales, emociones y situaciones que fueron invisibles para el mundo, pero imborrables en mi mente y corazón, al tal grado que en ocasiones creí que solo eran inventos míos, hasta que sané y busqué en mi mente el recuerdo.
Para aquellas personas que son los rotos y los olvidados, quiero decirles que no están solos, que los entiendo y sé lo que es cargar día a día con su existencia y dolor mientras sonríen por fuera.
Este libro no es de autoayuda; si necesitas apoyo emocional, busca un profesional o habla con alguien. El fin de este libro no solo es una catarsis personal, sino dar visión y aliento a aquellas personas que solo desean dejar de sentir, como alguna vez yo lo hice. Este libro está escrito de sangre, cenizas, pero sobre todo de catarsis y memorias que, por fin, después de veinte años, sanaron.