Un ángel apareció un ángel agitado, buscando a Daniel con urgencia.
Algo en su expresión hizo que el ambiente cambiara de inmediato.
—El arcángel Miguel requiere tu presencia inmediata.
Daniel apenas lo escuchó. Su semblante se tensó.
Me dirigió una mirada de disculpa y desapareció junto con el mensajero en un destello azulado.
Me quedé solo. El espacio a mi alrededor se sintió más amplio, más silencioso. Escalofriantemente silencioso.
Caí en cuenta que mi cuerpo no se sentía físicamente cansado, pero mi mente…Era un caos. Todo había sucedido demasiado rápido: mi muerte, la despedida, este lugar, las reglas…
Un guía apareció de la nada, rompiendo el sentimiento de soledad. Al verme de pie, sin hacer nada, frunció el ceño.
—¿Acaso no tienes deberes?
Su tono me incomodó. Por primera vez pensé que los ángeles no eran solo paz y amor. Intenté explicarle, pero bastó con que me mirara unos segundos para entender.
—Eres nuevo, ¿verdad?
Asentí.
—¿Ya te enseñaron dónde está la puerta de la segunda vida?
Negué con la cabeza. Él suspiró como si no tuviera suficiente trabajo ya.
—Vamos, te enseñaré.
Caminamos por un largo pasillo, después de unos pasos, habló de nuevo.
Esta vez… distinto.
—Lamento lo de antes. Perder a un protegido nunca es fácil. Primero sientes que parte de ti se va con él… pero luego llega la alegría de saber que ya no sufrirá más..
Llegamos a una sala amplia y luminosa. En el centro flotaba un túnel de luz suave. Dentro se reflejaba una escena terrenal:
Era el protegido del guía, su cuerpo yacía en su cama, era de edad avanzada. A su alrededor se veían personas que yo supongo eran sus hijos, sobrinos y nietos. Al lado de el llorando desconsoladamente, su pareja de vida. Sus manos temblaban al sujetar la de él.
Esa escena me hizo sentí un nudo en el pecho. Imaginé que, de no haber muerto, podría haber tenido una vida así: una familia grande, una mujer a la que amar.
Mi madre apareció en mi mente. ¿Cómo estaría? ¿Cuánto tiempo habría pasado en la Tierra mientras yo estaba aquí?
—Es la hora— La voz del guía me devolvió al momento.
Observé la escena.
Del cuerpo del ancianito comenzó a radiar una luz suave, su alma comenzó a desprenderse. Su esposa le susurro al oído
—Nos volveremos a reunir cariño.
Aunque no estaba ahí físicamente, escuché sus palabras con claridad. Me sorprendió que los guías pudieran hacer eso.
El alma del ancianito observo por última vez su cuerpo inerte y después miro a la luz, dónde nos encontrábamos.
—Lo sabia— dije para mí.
El guía descendió por el túnel y le tendió la mano. El anciano dudó un instante, pero luego la tomó. Mientras subían, su última mirada fue para su familia reunida. Lo entendía más de lo que él podía imaginar.
Al otro lado del túnel había un camino dorado, lo recorrimos junto con la persona en silencio. Al término del pasillo se encontraba una reja de color dorado, imponente y de gran tamaño. Cuando se abrió, una luz cálida y pacífica salió de ella, sin quemar, solo llenando de alegría.
El guía se detuvo para mirar al anciano.
—Este es tu nuevo hogar—Su voz era suave—. Hay quienes te esperan del otro lado.
El hombre avanzó, confundido. Nosotros nos quedamos atrás.
Yo estaba estupefacto con lo que veía.
Antes de que el anciano llegara a la reja, un arcángel majestuoso apareció. Alas enormes, suaves como nubes vivas. Era exactamente como los imaginamos. Tomó la mano del anciano. El miedo en el rostro del hombre desapareció por completo, reemplazado por pura alegría. apareció para tenerle la mano.
Al cruzar la reja de la mano del ángel, su cuerpo envejecido desapareció. La juventud volvió a él, muchas personas se acercaban a recibirlo entre abrazos, risas, sollozos.
Fue lo más hermoso que había visto. No pude contener la emoción.
No pude evitar preguntar
—¿Por qué nosotros no podemos entrar a dejar a los protegidos?
El guía me miró con tono frío.
—Porque no nos corresponde.
—¿Cómo que no…?—pregunte confundido.
—Nuestro trabajo es traerlos hasta aquí.
Señaló el lugar donde estábamos.
—De ahí en adelante… es asunto de ellos.
Cada vez que aprendía algo nuevo de este mundo, crecía mi curiosidad. Las ganas de empezar como guía blanco me quemaban, pero todavía necesitaba entender.
—Y si quiero acceder a ese sitio, ¿Tengo que enseñar alguna especie de credencial?
El guía me miró confundido
—Me refiero a este lugar, no me has dicho como llegar, con tantos pasillos es muy fácil de confundirse, no quiero dejar a mi protegido en un sitio equivocado, imagínate la vergüenza que tendré si en vez de dejar a mi protegido en la entrada de la otra vida lo termine dejando en la puerta de Dios.
El guía me miraba cada vez más confundido. Cerró los ojos un segundo.
Luego suspiró.
—Solo tienes que pensar en el lugar… y estarás ahí, para ti debería ser fácil.
( No lo sentía nada fácil)
Parpadeé.
—¿Eso es todo?
—Sí.
Hizo una pausa.
—¿No te lo explicaron?
—Daniel estaba enseñándome… pero lo llamaron.
—¿Daniel?
No respondió.
En ese momento Uriel apareció de pronto. Su presencia llenó el lugar. Caminaba como si buscara algo… o a alguien.
El guía inclinó la cabeza en señal de respeto. Lo imité por instinto, Perro también por qué recordé algo que me había dicho mi abuelo “ a dónde fuertes has lo que viernes”,
Uriel pasó de largo. Pero al verme, se detuvo.
Por un instante… me observó, como si intentara descifrar algo en mí.
Pero después le resto importancia.
—Leo, te estaba buscando— dijo, relajando su expresión.
Agradeció al guía la ayuda y después el guía desapareció del lugar.
Uriel volvió a centrar su atención en mi.
—Dime algo…
Su mirada se volvió más intensa.
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Editado: 28.04.2026