Temblaba de miedo. Uriel lo notó y puso su mano en mi hombro.
—Tranquilo —me dijo con una sonrisa serena—. Si necesitas ayuda, solo grita nuestros nombres y orbitaremos a tu encuentro. Aunque sé que lo harás muy bien.
Antes de que pudiera responder, orbitamos a la entrada de un bosque denso. No tenía idea de qué hacía ahí. Antes de que pudiera preguntar, Uriel orbitó de regreso al cielo.
De pronto, la información de mi protegida llegó a mí como un torrente: se llamaba Naomi, tenía siete años y corría desesperada entre los árboles. Tras la muerte de su madre, su padre —adicto al alcohol— planeaba venderla a un pederasta adinerado. Ella había aprovechado un momento en que él se detuvo en el arcén para escapar.
Mi misión era clara: sacarla del bosque, protegerla de cualquier peligro y llevarla a manos seguras.
Dudé de mi capacidad como guía. Tenía tantas ganas de empezar a ayudar… pero ahora que tenía una vida real a mi cargo, la responsabilidad me aplastaba.
——Nunca lo sabré si no lo intento —me animé.
Aparecí en lo profundo del bosque, pero Naomi no estaba donde yo había orbitado.
(Sentí que había empezado mal mi misión)
Recordé las palabras de Daniel: “Es difícil encontrarlos la primera vez”. Empecé a correr. Mi velocidad era absurda, casi como un rayo. Por un segundo me sentí invencible. Como Flash… no, mejor. Como Superman.
No tardé en localizarla. Mi oído se agudizó y capté su llanto entre los árboles. Me acerqué con cuidado no quería asustarla, pero recordé que no podía verme. Estaba encogida bajo un tronco caído, temblando como una hoja. Quería abrazarla, pero sabía que después de lo que había vivido con su padre, cualquier adulto la aterrorizaría.
Pensé en una manera lógica para hacer carne a ella sin asustarla.
La idea llegó de inmediato a mi cabeza.
Recordé las enseñanzas de Daniel. Pensé lo que quería con claridad y mi cuerpo empezó a cambiar. El pelo cubrió mi piel, mis manos se convirtieron en patas, mis dientes en colmillos suaves. Mi estatura disminuyó. En segundos me convertí en un Golden Retriever dorado y amistoso.
Terminó la metamorfosis, no pude evitar sorprenderme al verme exactamente a lo que había deseado.
Mi decisión no había sido coincidencia, había leído un artículo en el colegio militar sobre esos perros, decían que eran buenos para tenerlos en casa, que eran buena compañía para los niños. También porque en mi adolescencia había quedado enamorado de esa raza, cuando en secundaria nos habían hecho leer el libro de W. BRUCE CAMELON, donde salía un perro Golden, que buscaba en todas sus vidas a su mejor amigo, (porque el perro reencarnaba).
Ahora me sentía así con mi familia, pero eso tenía que esperar.
Con mi forma perruna corrí hacia Naomi. Era extraño andar en cuatro patas, pero valía la pena
Al verme, se sobresaltó. Probablemente pensó que era un lobo. Pero cuando me acerqué moviendo la cola, sus ojos se iluminaron.
—¡Ven perrito! —me llamó con dulzura.
Cuando llegue a ella, me e abrazó con fuerza. Su voz pequeña me enterneció.
—¿También te has perdido? —preguntó sin soltarme.
Me zafé un poco para lamerle la cara (humillante, pero efectivo). Ella soltó una risita.
Me acurruqué contra su cuerpo helado. Su pequeño cuerpo aún temblaba de frío. Si no hacía algo rápido, la hipotermia la vencería. Me atemorizaba que en medio de la nada ella enfermara, Generé calor con mi forma perruna y me pegué a ella. Poco a poco, su respiración se calmó y cayó dormida en los brazos de Morfeo.
(Nunca me gustó ese término. De niño creía que era estar en brazos de una persona Mortal y Feo, ¿entienden? “Mor-feo” Nunca fui bueno contando chistes, así que olviden ese comentario).
Cuando despertó, el crepúsculo teñía el bosque de naranja. Naomi tenía hambre. Se levantó y empezó a caminar, buscando frutos, la seguí como lo haría un perro.
Buscó por mucho tiempo pero no encontró nada, se dio cuenta de que ahora se encontraba más desorientada, La oscuridad cayó rápido dominando el bosque la visión de lo que nos rodeaba se volvió nula. Sus sollozos regresaron.
Naomi no paraba de llorar. Tenía que llevarla a un lugar seguro. Imaginé una cueva cercana donde pudiera pasar la noche segura, con el hocico, tomé la manga de su chamarra para guiarla. Al principio se asustó, creyendo que quería atacarla, pero su inteligencia ganó.
Entramos juntos a la cueva. Ella con temor. Al ver que yo entraba con confianza y me echaba al lado de la hoguera decidió seguirme.
Para darle confianza, materialicé una mochila de guardabosques abandonada. Dentro había una manta, agua y galletas energéticas, suficientes para varios días, no sabía cuánto tiempo estaríamos internados en el bosque. Naomi la encontró y se sintió más segura. Se envolvió en la manta.
Mientras ella dormía, volví brevemente a mi forma de guía y tracé un camino hacia la ciudad más cercana. También localicé una cabaña de guardabosques. Sería de gran ayuda… pero primero tendría que ayudarla a confiar de nuevo en las personas.
Cualquiera de los dos caminos era largo. Con el paso de Naomi nos llevaría varios días llegar a uno de esos dos destinos.
Regrese rápidamente a donde la había dejado, ella seguía en la cueva, dormida envuelta en la manta. Regresé a su lado, en la forma del Golden y me acurruqué.
Con mi poder mantenía la fogata encendida toda la noche, alerta a cualquier ruido. Con el oído agudizado oía todo lo que pasaba fuera, era increíble como un perro podía descansar y vigilar a la vez.
(Dentro de mi sentía que está misión apenas empezaba, y parecía que no sería tan sencilla como había imaginado.)
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Editado: 28.04.2026