El impacto me arrancó el aire de los pulmones.
Sentí cómo el veneno recorría cada parte de mi tórax; no era como el de las serpientes… era algo más profundo, más oscuro. Ardía.
Miré hacia abajo. La flecha atravesaba mi abdomen.
Había sido una pésima idea ponerme como escudo justo en el momento del disparo… pero no podía dejar morir a Dylan.
—¿Señor Bonny? —su voz se escuchó lejana—. ¡Señor Bonny!
Intentó sostenerme. Sus manos temblaban.
Yo apenas tenía fuerzas para mantenerme consciente.
——No… no se muera… por favor… —suplicó entre sollozos.
Tomé su mano, intentando tranquilizarlo.
Zorak soltó una risa baja.
Se acercó despacio deteniéndose a una distancia prudente, me observaba como si fuera un experimento interesante.
—Interesante… —murmuró—. Te lanzaste sin pensarlo.
Aplaudió, divertido.
—Debo admitir que me has sorprendido. No cualquier guía blanco haría algo así por su protegido… pero tú no eres un guía cualquiera, ¿verdad?
Fruncí el ceño. Busqué en su mirada alguna señal de burla, de broma de algo que me demostrará que mentía… no encontré nada de eso, parecía hablar en serio.
Zorak avanzó más hacia mí con pasos lentos, estudiándome. Cuando lo sintió conveniente, se agachó frente a mí.
Dylan lo miró con furia. Antes de que pudiera alejarlo de mi, Zorak ya había leído su expresión corporal y en segundos lo paralizó con un humo negro que salió de sus manos.
Lo miré con rabia.
Intenté incorporarme. Por breves instantes, el dolor desaparecía… pero regresaba con más fuerza, desgarrándome desde dentro.
Zorak acercó su rostro al mío… y cerró los ojos.
Me olfateó como un perro, mientras me hablaba.
—No… tú no eres un guía blanco cualquiera… tu esencia es distinta… más fuerte… es igual a la de…—Abrió los ojos de golpe.
Su mirada se clavó en la mía con intensidad asesina.
—No me arriesgaré a darte tiempo para que elimines el veneno de tu cuerpo.
Sin previo aviso, enterró la flecha más adentro.
Grité.
El dolor me cegó.
—¿Eliminar el veneno…? —pensé con desesperación—. ¿Cómo se supone que haga eso?
El humo que retenía a Dylan desapareció. Él reaccionó de inmediato y se lanzó contra Zorak… pero ese demonio astuto, se desvaneció en una nube oscura y reapareció detrás de él.
Antes de que pudiera reaccionar, Zorak, con un simple gesto, lo lanzó contra los estantes.
Dylan salió disparado. Las latas cayeron al suelo con estruendo cuando Dylan impactó en ellas.
—Debo admitir que esto ha sido divertido… —dijo, sonriendo— pero estoy a punto de aburrirme.
Levantó el arco de su mano divertido.
—Hora de terminar el juego… Te daría tiempo para despedirte de tu adorado protegido, pero las despedidas son muy tristes, temo que me hagas llorar… y comprenderás que eso está mal visto entre los demonios. En fin…
Sonrió, guiñándome un ojo.
Disparó.
La flecha avanzó con un silbido agudo.
Ante mis ojos la flecha iba con una lentitud de película de Matrix, sin embargo el veneno en mi cuerpo me impedía actuar. Pensé que ese era mi final.
Entonces… una luz dorada apareció frente a mí, la flecha que venía a mi dirección se desintegró al atravesarla.
La silueta de Daniel emergió cuando la luz se disipó. Portaba una armadura dorada, y en sus manos enarbolaba una espada que, de no ser por el veneno que me desenfocaba la visión, juraría que era de la famosa Excalibur de la mitología del rey Arturo.
La sonrisa de Zorak se tensó. Retrocedió rápidamente, intentando escapar.
La espada brilló con una intensidad cegadora, obligando a Zorak a desviarla a duras penas.
La punta de la espada tocó el hombro del demonio.
Gritó. Incluso la luz parecía quemarlo.
——¡Tiempo! ¡Pido tiempo fuera!——exclamó—. ¿Acaso los ángeles no tienen modales? Aparecen de la nada, atacando de inmediato, ¿Acaso el demonio no merece un trato digno?
Daniel no respondió.
Se preparó para atacar de nuevo, pero la súplica de Zorak lo detuvo.
—Espera, Daniel… espera…
Zorak sonrió apenas al ver que se detenía.
Estás tan ansioso por matarme que ni saludaste a Leo… —me señaló—. ¡Cierto, que tonto soy! Leo no te puede responder por qué tiene una flecha atravesada. Dani, le debes enseñar a Leo a no atravesarse cuando uno dispara.
Zorak sonrió divertido.
Daniel volteó hacia mí, el rostro frío y calculador de un guerrero se desmoronó y pasó a la angustia.
Mi aspecto debía ser mucho peor de lo que había imaginado, pero entre mareos y debilidad pude leer sus movimientos corporales: vendría por mí… y bajaría la guardia.
—¡Estoy bien! —mentí ( no estaba nada bien)—. Salva a Dylan…
Daniel dudó.
En sus ojos se reflejaba confusión, algo dentro de mi me decía que si Daniel tenia que escoger entre Dylan y yo, escogería salvarme a mi. No podía permitirlo.
—Daniel, por favor…—le supliqué
Asintió con pesar.
Sus ojos se centraron nuevamente en Zorak, pero está vez un filo asesino en su mirada.
Verme herido para Daniel fue suficiente. Esto no sería una pelea mas. Era un castigo para Zorak.
—Debiste meterte con alguien de tu tamaño.
Zorak sintió la amenaza en la voz de Daniel, retrocedió instintivamente. Por primera vez su sonrisa burlona se congeló.
—Cierto Dani, tienes razón— dijo, levantando las manos—Te pido disculpas
Zorak seguía retrocediendo, tratando de escapar de la furia de Daniel
—No debí meterme con tu prim..
No terminó la frase.
La poderosa espada se estrelló en el arco de Zorak quien la había interpuesto de inmediato entre su pecho para no ser atravesado por ella. Se zafó como pudo de la poderosa espada.
Zorak intentó desvanecerse en humo… pero Daniel lo sujetó desde dentro de la oscuridad y lo arrojó contra los estantes.
—¿Te vas tan pronto? —dijo con frialdad—. Pensé que querías divertirte. ¿No es lo que querías? Diversión, pues aquí me tienes.
#1478 en Fantasía
#760 en Personajes sobrenaturales
fantasia, drama emocional, ángeles y demonios. batallas internas.
Editado: 28.04.2026