Memory Maker

Capitulo 3

El último timbre del día resonó por los pasillos como una campana de libertad. Henry fue el primero en levantarse, recogiendo sus cosas con una sonrisa que le llenaba el rostro. Sus compañeros salieron en grupos ruidosos, riendo y hablando sobre videojuegos y tareas, pero Henry apenas los escuchó. Su corazón latía con una emoción distinta: pensaba en Misty.Solo quería correr, sentir el aire, ver el mar… verla a ella.

El sol comenzaba a descender cuando cruzó las calles que lo separaban de la playa. Las sombras se alargaban y el cielo se vestía con una mezcla de dorado, naranja y violeta. El viento arrastraba consigo el olor a sal, flores silvestres y pan recién hecho de alguna panadería cercana. Todo el paisaje parecía respirar con él.

Henry bajó la pequeña colina que terminaba en la arena. Se quitó los zapatos, sintiendo el tacto fresco y suave bajo sus pies.—¡Misty! ¡Misty! —gritó, dejando que su voz se mezclara con el murmullo de las olas.

Por un instante, solo escuchó el sonido del mar. Luego, una figura blanca se movió entre las rocas. Una garcita pequeña, con las plumas todavía algo desordenadas, se alzaba sobre una piedra, bañada por la luz del atardecer.

Henry corrió hacia ella, con una alegría pura que parecía llenar todo el aire.—¡Mira qué atardecer tan bonito! ¿No es genial? —dijo, riendo mientras se sentaba en la arena.

El cielo, ante ellos, parecía pintado con acuarelas. El sol besaba la superficie del mar, y el reflejo dorado ondulaba hasta perderse en el horizonte. Misty lo miraba con sus ojos curiosos, inclinando la cabeza como si realmente entendiera sus palabras.

Henry abrió su mochila, buscando un pequeño bocadillo envuelto con cuidado.—Esto es para ti, amiga —dijo, ofreciéndole un trozo.

Misty se acercó y picoteó con entusiasmo, mientras Henry la observaba sonriendo.Las olas, mansas y rítmicas, acompañaban su momento con una melodía que solo ellos dos parecían escuchar.

El niño se recostó en la arena, apoyando los brazos detrás de la cabeza. El aire cálido del atardecer rozaba su piel.Pensó en todo lo que había cambiado desde aquel día, años atrás, cuando encontró a Misty herida. Su casa, su familia, su corazón… todo era distinto, pero ella seguía allí. Silenciosa, constante, como una promesa.

—Eres la mejor amiga que podría tener —murmuró con ternura, acariciando la cabeza de la gaviota.

Misty alzó el vuelo un instante, girando sobre él antes de volver a posarse cerca. Sus alas brillaron con el reflejo del sol poniente, y Henry sintió que el mundo entero se llenaba de magia.

De pronto, un ruido alegre rompió la calma: risas de niños jugando en la orilla. Corrían entre las olas, lanzándose una pelota que brillaba como fuego bajo la luz del crepúsculo. Henry los observó, sintiéndose por un momento fuera de aquel círculo de risas. Pero luego miró a Misty, y su corazón se apaciguó.

—Quizás un día pueda jugar con ellos también —pensó, mientras una sonrisa suave se dibujaba en su rostro.

El sol se escondió completamente, dejando el cielo cubierto de estrellas que parpadeaban como luciérnagas eternas. La brisa se volvió más fresca, y el murmullo del mar adquirió un tono más profundo.

Henry se levantó, sacudiéndose la arena de las manos.—Te veré mañana, amiga —dijo con cariño.

Misty emitió un pequeño chillido en respuesta, como si prometiera esperarlo.

Mientras Henry se alejaba por la playa, el sonido de las olas parecía acompañar cada paso. Una sensación de esperanza lo envolvía por completo. Sabía que, sin importar los días difíciles, siempre tendría ese rincón del mundo —ese pedazo de cielo y mar— donde lo esperaba su amiga.

El horizonte se oscureció detrás de él, pero su corazón brillaba con luz propia.

A la mañana siguiente, el aula estaba llena del olor a tiza y del zumbido de las voces adormiladas de sus compañeros. Henry estaba sentado en su escritorio, con la mirada distraída en la ventana, pensando aún en Misty.

Su profesora lo observaba con gesto severo.—Henry —dijo en tono de advertencia—, necesito que prestes atención.

Henry se irguió de golpe.—Sí, Sra. Thompson… lo siento —respondió.

Pero en su mente, seguía escuchando el canto del mar.

Cuando la profesora terminó de hablar, Lucas —su amigo de cabello despeinado y sonrisa traviesa— se acercó.—Oye, ¿cómo está tu mascota? —preguntó, con curiosidad.

Henry sonrió, agradecido de que no mencionara su tardanza.—Está bien. La llamo Misty ahora. ¡Es una gaviota increíble!

Los ojos de Lucas brillaron.—¿De verdad? ¿Te sigue a todas partes?

Henry asintió con entusiasmo.—Sí, de hecho, hoy me estaba esperando en la playa. Pero llegué tarde a la escuela por eso.

Lucas rió y le dio una palmada en el hombro.—No te preocupes. Siempre puedes contarme sobre ella durante el recreo.

La profesora notó que hablaban y los miró con una mezcla de paciencia y cansancio.—Niños, por favor, atención —pidió.

Ambos asintieron, pero apenas se giró, intercambiaron una sonrisa cómplice. Henry intentó concentrarse en la lección, aunque su mente seguía allá afuera, sobre la arena y bajo las alas de Misty.

El tiempo pareció correr más rápido, hasta que por fin el timbre del recreo sonó. Henry se levantó de un salto.—¡Vamos a la playa! —dijo con entusiasmo.

Lucas lo siguió, divertido por su energía.

El aire del mar los recibió con su brisa salada. Henry llamó a Misty una y otra vez, y Lucas observó, sonriendo.—¿Qué tal si le traes algo de comer? —sugirió.

Henry se rascó la cabeza, recordando.—¡Ah, claro! —abrió su mochila—. ¡Aquí está!

Sacó un trozo de pan y lo lanzó al aire.Y entonces, como si el viento lo hubiera llamado, Misty apareció.

Descendió con gracia, girando en el aire antes de aterrizar frente a ellos. Su plumaje relucía al sol, y su mirada tenía ese brillo amistoso que solo los seres libres conservan.

—¡Mira eso! —exclamó Lucas, sorprendido—. ¡Es como si te conociera!



#1456 en Fantasía
#1965 en Otros
#162 en Aventura

En el texto hay: amistad, fantasía drama

Editado: 23.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.