Mensajero Nocturno®

Capítulo 8. La foto.

Un ruido demasiado fuerte para mi gusto, aturdió mis oídos, abrí los ojos de manera lenta y lo primero que vi fue la suave luz que entraba por el gran ventanal. Parpadeando unas cuantas veces me fui levantando de donde estaba tirado con apoyo de mis manos hasta quedar sentado, confundido busqué la dirección del ruido, y no era nada mas que la pantalla encendida en la sala, donde un extraño personaje de caricatura se movía como una jodida lombriz.

Me llevé las manos a la cabeza para intentar calmar el dolor que estaba sintiendo. Con mas calma me puse de pié y miré a mi alrededor, todo estaba oscuro, a excepción de la luz que se filtraba  por la ventana que apenas alumbraba una parte del lugar y por la luz que emitía la pantalla que alumbraba la sala.

Al parecer me había desmayado, pero, ¿Cuanto tiempo estuve inconsciente?, si bien recuerdo que cuando llegué todavía era de día.

Dejé de pensar en eso y caminé hacia la sala para apagar la pantalla, tomé el control que estaba en la mesita y justo cuando estaba por apagarlo la voz de la señora me asustó.

- ¡Por fin despiertas! - di un salto para atrás chocando con el sofá detrás de mi.

- Joder... ¡Que me has asustado! - me llevé una mano al pecho donde mi corazón parecía a punto de estallar.

La extraña figura soltó una carcajada. Todo esto era obra de la señora.

- Creí que te habías muerto, lo bueno es que tu pulso y tu ritmo cardíaco se normalizó hace unas horas. Así que no hubo razón de llamar al 911.

- ¿Y tú como sabes eso? - miré la pantalla aturdido.

- Mensajero, deberías saber que el reloj que llevas no solo sirve para comunicarme contigo, ese reloj también me envía datos sobre las funciones de tu cuerpo, así que desde aquí puedo saber cada vez que te exaltas o te sientes mal. Así de simple. - manifestó.

Miré el reloj y mi cuerpo se erizó.

- Esto ya da miedo - solté - solo falta que me digas que también tiene una cámara oculta en el.

- De hecho si la tiene - sentenció la mujer.

- ¿¡Que!? - miré mas exaltado el reloj y acerqué mi mano para verlo mas de cerca - ¿Estas bromeando verdad?.

- Oye, aleja tu cara de ahí.

- No inventes, es verdad - hice caso omiso al pedido de la señora y seguí mirando el reloj de cerca.

- ¡Que alejes tu cara! - gritó ella desde las bocinas de la pantalla.

- Ya... - dejé caer mi brazo - señora, usted no habrá instalado cámaras ocultas por toda mi casa ¿Verdad?.

Espero que no, de verdad...

- Quizá.

- ¿¡Que demonios!? - me abracé a mi mismo mirando por todos lados - debes estar bromeando esta vez - aseguré, aunque no podría esperar mas de esa mujer.

Solo para estar seguro, cambié de color mis ojos, algo que no hago mucho, esta vez pude ver y apreciar todo con mas claridad, pero aún así, a pesar de todo el esfuerzo por mirar a mi alrededor, en el techo y las paredes, buscando alguna cámara oculta no encontré nada.

- ¿Crees que correría el riesgo de que las encontrases?, eso nunca, ni tus ojos humanos ni felinos las podrán encontrar - aseguró la mujer.

- Estas demente, ¿uno ya no puede sentirse seguro en su propia casa? - miré la pantalla, donde la figura se ría escandalosamente.

- Tranquilo, Tony, no es como si te hubiese visto desnudo, al menos agradece que no hay cámaras ocultas en tu habitación y baño - se río la señora.

- Eres una maldita, de verdad - comenté entre dientes.

- Pero así me amas.

- Sueña con eso - me dejé caer de trasero al sofá.

- Lo haré no te preocupes... Pero eso lo haré después, ahora tengo algo para ti - dijo - investigué al hombre que recibió la cajita de madera. Creo que ese hombre no tiene buenos antecedentes.

- ¿Que estás diciendo? - puse toda mi atención en lo que la señora decía, ignorando el dolor de cabeza.

- Hace unos años fue encarcelado por matar a un hombre, pero fue soltado al mes cuando no tuvieron mas evidencias para seguir con el proceso - comenzó a explicar - Y eso no es todo, desde joven al parecer a tenido problemas de conducta, muchas veces estuvo en prisión por días.

- Wow... Esto es increíble - Sonreí de manera torcida - Como se llama.

- Edgar Wright.

- Quiero la dirección de su casa.

- No Tony, creo que eso no puede ser - se negó la señora.

- He dicho que me mandes la dirección - exigí.

- Tony...

- Señora, si no lo haces, yo mismo voy a averiguarlo - declaré.

- Esta bien, dios, me voy a arrepentir de esto - dijo ella pero aun así acotó mi pedido.

En la pantalla apareció el archivo que ella envió y sin perder tiempo la abrí con ayuda del control remoto, la dirección y los detalles de la casa del hombre aparecieron.

- Gracias - me levanté.

- ¿Que harás? - preguntó.

- Mi trabajo - solté.

- Men...

Apagué la pantalla y aventé el control al sofá. Me dirigí a la habitación para cambiarme de ropa y tomar mi mochila de trabajo, verificando que tuviera todo en la mochila, listo y con los lentes puestos, salí de la habitación nuevamente, esta vez con dirección a la puerta, me puse unos tenis cómodos y salí de mi hogar, corrí hacia las escaleras que me llevarían a la azotea y como siempre salte de un edificio a otro, de azotea a azotea, corriendo y brincando, hasta llegar a un lugar oscuro, mas bien dicho, a un callejón.

Saqué mi celular del bolsillo de mi pantalón y le envié un mensaje a Raquel para que me buscase en la parada de autobuses.

Al recibir una respuesta afirmativa de su parte, me puse un cubre bocas negro y también una gorra deportiva negra en la cabeza, cubriendo mi cara con ella y me puse unos guantes de cuero negra, al final me en caminé hacia la parada con normalidad, saliendo del callejón, rápidamente llamé la atención de las personas, oscurecí el lente, y deslicé un poco mas abajo la gorra mientras oía a las personas murmurar mientras me señalaban.

Cuando llegué a la parada de autobuses, no esperé mucho cuando Raquel apareció en su moto.




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