Hola, soy yo… otra vez.
Supongo que no preguntas por mí porque, quieras o no, sabes que siempre voy a responder. Y aun así, no escribes.
Han pasado semanas, y tuve que hacerme a la idea de que eso que antes te nacía naturalmente ya no está. Se volvió obligación, lucha contra ser “el ghoster”, o quizá simplemente algo en mí dejó de ser especial a tus ojos. Tal vez lo que más me convence es que esto te aterraba. Que avanzara más de lo que podías manejar, que te agobiara, y te fueras. Prefiero pensar que eres un inmaduro emocional antes que creer que no te importó. Porque como decías, lo nuestro era natural. Nunca se trató de ser suficiente o no.
No sé qué hice para perder tu interés. Y esa duda no me deja descansar.
Me dicen que te idealicé. Tal vez. Pero aun hoy me niego a quedarme con esa explicación fácil.
Tú mismo me preguntaste qué veía en ti, y no supe contestar. No porque no lo supiera, sino porque no sentí que estuviéramos en la misma página para decirlo. No eran solo tus sonrisas tontas, tus chistes horribles que me hacían reír, o esas muecas raras que me sacaban una sonrisa. No era solo tu inteligencia y las charlas eternas para retenerte un rato más. Era todo. Todo lo que me hacías sentir en esos pequeños gestos.
Siglo XXI y yo sintiendo que alguien realmente me veía como interesante. Eso idealicé: lo genuino. Las miradas entre capítulos, los buenos días y buenas noches como pacto secreto, las despedidas que se volvían eternas porque no querías irte.
Hoy me duele recordar lo lindo mientras lo que me das ahora es indiferencia. Ya no hay llamadas robadas, ya no hay secuestros de mi tiempo, ya no hay ese “vos” que quería. Solo queda un fantasma.
Me siento como en esa escena de Eternal Sunshine: la casa inundándose, el último recuerdo que no quieres soltar. La casa se derrumba y aun así él se queda, porque no quiere olvidar.
“Entonces vete.”
“Me fui…”
“…te hubieses quedado.”
“Yo también lo hubiese querido.”
Pero al final salió por la puerta. Asustado. Era más de lo que podía manejar.
Yo también me fui. Para no seguir lastimándome con tu indiferencia. Para no bailar con un fantasma.
No era mentira: me estaba haciendo mal. No quiero ni merezco esto. Nadie merece ser ghosteado. Solo pedía sinceridad.
Aun así, te deseo lo mejor. Porque conocí a alguien hermoso. Porque me mostraste lugares que pocos dejan ver. Porque tienes una magia distinta que espero nunca apagues. Ojalá encuentres esa familia que tanto deseas, y alguien que te ame como tú también puedas amar.
De mi lado no estoy bien, es reciente y duele. La vida, el trabajo, los sentimientos, todo se me vino de golpe. Duermo poco y me ocupo en mil cosas, aunque incluso en lo productivo sigo esperando un mensaje tuyo que no llega.
Ojalá al menos haya dejado en ti un buen recuerdo.
Te quiero. Vive bien.
Isa.