Mentiras con sabor a realidades

LO QUE ES EL AMOR

 

El joven seminarista se encontraba en su escritorio con la mirada clavada en uno de sus libros, al tiempo que hacia unas anotaciones en un cuaderno.

Se froto los ojos y miro hacia su muñeca, en la cual estaba su reloj, eran ya casi las dos de la mañana. Se encontraba en la soledad de su cuarto en el cual apenas había una cama individual, una pequeña mesa de noche, su armario y el escritorio en el cual se encontraba aun preparando su reporte.

Sin querer, cuando intentaba regresar a su lectura, su vista tropezó con un pequeño chocolate, que se encontraba en su escritorio, el cual estaba envuelto en su cubierta original, y adornado por un pequeño moñito rojo. Su mente automáticamente viajo a cientos de kilómetros de aquel lugar, desafiando las barreras del tiempo y el espacio, y no pudo evitar recordar a la persona que le había obsequiado aquel dulce.

Hacía ya tres años que había ingresado al seminario por su propia voluntad, y era una decisión de la cual jamás se había arrepentido. Al principio su integración había sido algo difícil, pero finalmente había podido sentirse como parte de su grupo, había conocido nuevos amigos y aprendido muchas cosas que jamás se había imaginado que aprendería.

El joven serró el libro y lo puso en el escritorio, savia que le seria imposible volver a concentrarse. Apago la pequeña lámpara con la que había estado leyendo, se dirigió hacia su cama y se recostó mirando al techo. Aun cuando estaba cansado por la larga vigilia, no podía dormir, pues su mente estaba muy inquieta.

Desde el día que comenzó su vida como seminarista había sido testigo de la gran exigencia de la institución a la que había entrado. Día a día se levantaba desde muy temprano para iniciar con las oraciones matutinas, después de almorzar debía hacer el aseo de alguna parte de la casa, después de eso iniciaban las clases hasta las dos de la tarde, durante toda la tarde, después de comer y hacer deporte, continuaba haciendo diversos trabajos en la granja del seminario, el resto de la tarde se mantenía ocupado leyendo, haciendo tareas y demás trabajos, al llegar la noche y después de las ultimas oraciones terminaba exhausto, mas a veces tenia que prolongar sus actividades (tal como esa noche).

Entre sus manos tenia aquel pequeño chocolate el cual tocaba con tanta delicadeza, como si se tratara de la misma persona de quien evocaba su recuerdo, su imagen e incluso su aroma. Su vista perdida en el techo como quien observa sin ver nada, reflejaba una profunda nostalgia del día en que se había topado por primera vez con ella…

Había sucedido hace ya mas de un año y medio, cuando al abordar el autobús rumbo a su ciudad, para visitar a su familia, una joven muy hermosa de ojos cafés y cabello castaño había pedido el asiento contiguo al suyo, el joven no viendo ningún inconveniente accedió sin imaginar que aquel momento lo marcaria por el resto de su vida.

El joven sintiéndose ya bastante incomodo dejo el chocolate en su buro y se dirigió asía el exterior de su cuarto.

Mientras el autobús avanzaba, ambos jóvenes comenzaron a charlar. Ambos vivían en la misma ciudad, la chica se llamaba Anahi, ella  estudiaba fuera y solo visitaba su familia los fines de semana, el joven no temió confesarle que el era seminarista y que el también se dirigía a visitar a su familia. El autobús finalmente llego a su destino y el joven se despidió de la chica pensando que jamás la vería de nuevo, pero uno jamás puede predecir el futuro y a veces el destino tiene planes muy distintos a los propios, pues esa misma noche mientras paseaba por las calles de la ciudad se encontró de nuevo a Anahi, quien se dirigía camino a su casa. Mientras ambos caminaban comenzaron una amena charla y el joven, la acompaño hasta la puerta de su casa, en la cual acordaron verse al día siguiente para continuar hablando. Desde ese día siempre que el seminarista salía a visitar a su familia, acordaba con Anahi para tomar el mismo camión y verse durante el fin de semana, al mismo tiempo que acordaban regresar en el mismo camión, el  hacia el seminario y ella asía la ciudad en la que estudiaba.

El largo pasillo del seminario se encontraba vacio, y aun cuando esto no le sorprendió, si hubiese deseado encontrar a alguien con quien charlar. Sabia que al igual que el, otros de sus compañeros también estaban despiertos aun, trabajando en el reporte del libro que él no había podido continuar, por un momento se sintió tentado a llamar a la puerta de alguno. En ese momento recordó las palabras de uno de sus maestros el cual al enterarse de su decisión de entrar al seminario le había dicho: ¨Acabas de elegir una vida muy solitaria¨. Después de esto, eligió seguir caminando sin rumbo fijo por la oscuridad de aquel corredor lleno de puertas.

Anahí, era una chica muy atractiva e inteligente, tenia la misma edad que él y eran afines en la mayoría de sus gustos e ideas. Pasaban gran parte del fin de semana paseando por el jardín, visitando a los amigos del otro o en algún café sercano donde hablaban por horas de todo y de nada. Sin quererlo la joven había despertado en el seminarista un sentimiento del cual ninguno de los dos era consiente aun. Los padres de el joven no imaginaban nada pues aun que pasaba mucho tiempo con la chica, a la cual ya habían conocido, veían a su hijo muy feliz en el seminario y ni siquiera paso por su mente la idea de que Anahi pudiera llegar a ser quien pudiera hacer dudar a su hijo de su decisión.



EL PALADÍN

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En el texto hay: fantacia, fe, amistad y amor

Editado: 16.04.2018

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