Mentiras En Tus Verdades

Capítulo Seis.

°HASTA QUE ME ODIES°

La noticia no tardó en llegar a Lady Estella.

No fue el hecho de que Jasmine permaneciera en la mansión lo que la hizo estallar; fue enterarse de que su sobrino pensaba permitirle quedarse sin restricciones formales, bajo el pretexto de que daría testimonio cuando fuese necesario. Aquello, para Estella, no era prudencia, era indulgencia.

El salón privado del ala este fue testigo de su furia.

—¿Te has vuelto imprudente o simplemente ciego? —exigió, con la voz vibrando más por decepción que por ira—. No sabes quién es realmente esa muchacha ¡No sabes qué puede hacernos! ¿En qué estas pensando?

Harvey permaneció de pie frente a la ventana, las manos cruzadas a la espalda. No la miraba, pero la escuchaba con atención. De cierto modo, ya esperaba esta reacción.

—Sé lo suficiente —respondió con calma.

—¿Lo suficiente? —replicó Estella, acercándose—. ¿Lo suficiente para poner en riesgo a mi doncella Annelise? ¿A esta casa? ¿A mi?

El nombre de Annelise cambió el aire entre ellos. Harvey giró finalmente el rostro. Cuando Estela vio la mirada seria de su sobrino, retrocedio una paso.

—Annelise tampoco es ajena a esta situació,tía.

Lady Estella entrecerró los ojos.

—Explícate.

—Vinieron dos mujeres —dijo él con firmeza— Vinieron preguntando por Lilian. Fue extraño, no lo hicieron al azar. Lo hicieron porque alguien dentro de esta mansión les facilitó información de que una huesped nueva, seguras con las caracteristicas de Lilian, se quedaba en mi casa—, Hizo una pausa, dejando que el peso de aquello se asentara—. Y resulta sospechoso que, justo después del accidente de Annelise, aparezcan dos desconocidas insistiendo en señalar únicamente a Jasmine como peligrosa para que la entregue sin miramientos ¿No te parece una secuencia de sucesos muy convenencial?

El rostro de Estella palideció apenas.

—¿Insinúas que Annelise está involucrada?—dijo ironica.

—Insinúo que no es la única versión posible —replicó Harvey—. Si hablamos de peligros, hablemos de todos. Si la señorita Lilian debe ser retenida bajo sospecha, entonces Annelise también podría serlo. El espionaje interno es un delito grave y ella es mi primera sospechosa.

El silencio que siguió fue más cortante que cualquier grito.

—¿Encerrarías a Annelise? —preguntó Estella con incredulidad herida.

—Si aplicamos la misma lógica, sí —contestó él, sin titubear—. Y no lo haré. No sin pruebas claras. Del mismo modo, no encerraré a la señorita Lilian solo por miedo.

Lady Estella respiró hondo, conteniendo la furia.

—Esa joven te esta manipulando bien, no te reconozco ¿Incluso me amenazas con la doncella que más aprecio?

Harvey negó suavemente.

—No. Ella no esta dando ninguna decisión sobre mi, soy yo quien no quiere omitir a nadie si la situación avanza así.

Estella lo observó como si estuviera viendo a un desconocido.

—No sabes quién esa verdaderamente y sin embargo, no paras de protegerla sin medir las concecuencias.

Harvey sostuvo su mirada.

—Esa señorita tiene un nombre.

—Incluso eso sabes que es falso.

—No, ahora sé su verdadero nombre y creo que es un buen momento para decirlo claro. Ella es la señorita Jasmine. Ya averigüe sus antencendentes y le puedo asegurar que es inofensiva.

Lady Estella quedó en silencio. No por convencimiento, sino porque aquella revelación abría preguntas más peligrosas que la sospecha inicial. Ese nombre golpeo su corazón inexplicablemente.

—Ya veo que no cambiaras de postura, Harvey—se cruzó de brazos y desvio la mirada con el ceño fruncido—. No sé hasta cuando tu terquedad duré, pero entonces asegurate que esa mujer este fuera de mi vista.

Lady Estela salio de la sala y Annelise la esperaba fuera. Harvey pudo ver la cercania de Annelise con su tía antes de cerrarse la puerta y no encontró de buena manera la expresión enojada de Annelise que pudo ver antes que ella se diera la vuelta.

┌─────── ∘°❉°∘ ───────┐

La bandeja permaneció intacta durante más de una hora.

El vapor de la sopa se disipó primero. Luego el té se enfrió. El pan, tibio al inicio, terminó rígido y seco. Jasmine no le dio importancia, porque no apartaba la vista de la ventana.

Loreta entró con paso suave. Pasó algunos días y Jasmine no se había levantado de aquella cama. Aún cuando hoy Loreta saludó al entrar, Jasmine no se volvió cuando Loreta anunció su presencia como otros días. Permanecía inmóvil, acostada de costado, las piernas reflexionadas, con la mirada fija en la extensión verde que se desplegaba más allá del cristal, aunque sus ojos no parecían seguir el vuelo de las aves ni el balanceo de los árboles. Había en su postura una rigidez serena, semejante a la de una figura tallada en mármol, hermosa y distante.

—Señorita —dijo Loreta con suavidad—, Sería prudente que no se saltará más las comidas, así no se pondra bien pronto.

Jasmine giró lentamente el rostro. Sus ojeras marcaban sombras bajo la piel clara, y en sus pupilas había un cansancio que no provenía del cuerpo solamente.

—Tal vez no sea necesario estar del todo bien, de todos modos tu señor hará lo que quiera conmigo

La frase no fue dramática. Fue dicha con una calma inquietante encogiendose de hombros.

Loreta se acercó con más firmeza de la habitual, con una mirada preocupada al escucharla así.

—No diga eso, el señor se preocupa mucho por usted—Jasmine apartó su mirada de ella y se acostó dandole la espalda—. Esta demasiado delgada, por favor, no se niegue más, aunque sea por usted misma...

—Siempre termino un bollo de pan, creo que es suficiente para mi.

—No, no se maltrate más así. Si desea algun otro platillo, se lo traere...

—No, gracia...

—No aceptaré más negativas, el duque me encargó que le diga si usted quiere algo más.




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