Mentiras Verdaderas.

Capítulo Cuatro

Capítulo IV

 

 

– Te lo juro-Samanta no ha dejado de reírse junto a ese chico y la desesperación llegaba muy rápido a Alex-solo tienes que tomar esto lento, porque quemará tu garganta, hablo enserio- ¿De qué están hablando?

– ¿Estás segura de que tu padre no se va a enterar de esto? -Alex coloca su oreja junto a la puerta del cuarto de su hermana esperando a que confesaran de qué demonios estaban hablando.

– Por favor-habla incrédula-ya tengo 15 años, ya soy bastante mayor como para que mis padres me estén cuidando como una niña de dos-se queja molesta.

– Oye Samanta-el hermano entra a su cuarto sin previo aviso encontrándose con el mismo chico que vio anteriormente sentados en la cama con una botella de wiski entre sus manos-¿Qué estás haciendo?-se acerca tomando la botella.

– ¿Qué no te enseñaron a tocar?-este se sorprende un poco al ver el tono que utilizaba con él. No es que le importara, o sí. Ni él mismo sabía lo que sentía por Samanta, pero por alguna extraña razón le molestaba mucho que esté con ese chico.

Nunca admitiría que esa chica le gusta o que llegaría a sentir algo por ella. Sus propios sentimientos lo contradicen una y otra vez.

– Alex-lo quita de sus pensamientos, este sin dudar saca el arma que Alan le dio disparándole sin control y sin ninguna expresión en su rostro. Solo que la seriedad en su cara asustó demasiado a Samanta y, sin duda, la aparición repentina con esa arma.

Luego de eso ninguno de los dos dice algo. La chica solo lo observa algo sorprendida y sin entender lo que había pasado. Había quedado en shock.

– Te dije…-suelta Alex dejando caer el arma de sus manos y acercarse a su hermana, pero esta retrocede asustada sin querer que de otro paso-eres mía y de nadie más.

– No tenías que matarlo-suelta atónita sin dejar de ver a ese chico sobre su cama lleno de sangre con más de tres orificios en su abdomen-¡Pudiste haberlo dicho!-grita molesta acercándose a él golpeándolo.

– Samanta-toma sus manos deteniendo cada golpe duro que le daba-lo que pasa por mi cabeza no está bien. No puedo estar enamorado de ti-de estar llorando, levanta su mirada algo sorprendida ante su confesión-no soporto verte con alguien más-ni Alex sabía lo que estaba diciendo, lo que pensaba y lo que sentía eran expulsados por sus cuerdas vocales.

– Hay muchas formas para decirlo ¿Sabes?-más de una lágrima brotan por sus mejillas alejándose de él lentamente.

Este no dice nada y sale de la habitación dejándola completamente sola junto a ese cuerpo. Camina hacia su habitación, entra y cierra a sus espaldas recostándose así cayendo lentamente hasta quedar sentado en el suelo.

 

¿Qué le estaba pasando?

 

No tenía idea de qué sentía, el por qué había dicho eso ni menos que iba a hacer luego de haberle dicho a su hermana que le gustaba.

– Esto no era parte del plan-se dice a sí mismo alborotando su cabello. Se pone de pie caminando hacia el baño pegándose una ducha rápida.

Al momento de salir, se observa unos segundos en el espejo viendo su cabello mojado y sus ojos rojos. ¿Por qué estaban rojos?

– ¿Acaso acabo de llorar?-toca sus ojos rojos-¿Qué mierda me pasa?-lava su rostro con jabón y deja entrar un poco de la sustancia dentro de sus ojos-ahora tienen un por qué de estar rojos-frota adolorido.

Sale encontrándose con su hermana recostada en su cama con su teléfono en manos.

– ¿Saliste?-deja a un lado su aparato y lo observa detenidamente viéndolo con otros ojos luego de haberse confesado. Su hermosa camisa blanca con todos los botones desabrochados dejando ver su delgado pero trabajado cuerpo, su jean negro con rupturas en sus rodillas y sus pantuflas que le parecían completamente tiernas.

– ¿Por qué estás aquí?-es lo único que logra decir en ese momento con sus ojos adoloridos y rojos.

– En mi habitación hay un muerto, lo dejaste en mi cama-reclama-déjame pasar aquí la noche.

– Claro-sin titubear le responde recostándose en su cómoda cama quedando a su lado. Ambos se observan por unos segundos hasta que ella decide romper el silencio pero sin  palabras sino besándolo. Él corresponde pero se aleja un tanto dudoso-¿Qué rayos me pasa?

– ¿Por qué haces eso?-arquea las cejas sin entender su pregunta-hablo de que…dices que te gusto o que estás enamorado. Trato de besarte y no me lo permites, cuando antes teníamos sexo sin sentir ningún sentimiento por el otro.

– Es un caso distinto-suelta molesta.

Ella no lograba entender los cambios de humor que tenía. Y pensaba si eran por ella o no.

 – Por favor-vuelve a hablar con sarcasmo- ¿Me estás diciendo que asesinaste a ese chico porque odias verme con alguien más y ahora me dices que es un caso distinto? -se pone de pie y se aleja de la cama, acercándose a su escritorio. Se sienta en la silla con pequeñas ruedas y comienza a dar vueltas sobre esta.

– ¿Qué haces? –imita su acción en ponerse de pie y se acerca.

– Solo un idiota responde una pregunta con otra pregunta-agrega evitando su pregunta.

– Haz lo que quieras-se rinde caminando hacia una de sus consolas de juegos para sentarse y quedar completamente hipnotizado-Hay más de una habitación en la casa, Samanta-escuchar decir su nombre de esa forma con su voz ronca, le erizó por completo la piel-si quieres quedarte aquí, hazlo, yo me iré-arroja el pequeño control de la consola para ir caminando con demasiada paz y tranquilidad hacia otra habitación, pero se detiene al ver de reojo a una Samanta completamente cambiada y con el arma que él tenía anteriormente en sus manos apuntándole con una pequeña sonrisa, pero Alex notaba que era una sonrisa de miedo.

– No debiste dejarla en mi habitación ¿Cómo sabías que no la iba a usar para asesinarte? -este ríe y se encamina hacia ella colocando el arma en su pecho.

– Hazlo-ella coloca su dedo índice en el gatillo, pero el momento en el que iba a disparar, él en un movimiento rápido desvía el arma provocando un agujero en el techo. La bala impactó contra el techo- ¿Ibas a dispararme? -le arrebata el arma, molesto lanzándola encima de su cama.




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